Yo tenía un camarada, o lo peor del franquismo fue el antifranquismo
Continuo con las reseñas de mis lecturas estivales. Hoy toca el turno a “Yo tenía un camarada”, de Cérsar Alonso de los Ríos.
Recuerdo haber escrito en Desde el Exilio, donde empecé mi trayectoria bloguera como artista invitado, una reseña de un artículo de El Catoblepas sobre el antifranquismo al que di el mismo título de este: Lo peor del franquismo fue el antifranquismo. Desgraciadamente todos mis artículos fueron eliminados sin dárseme copia, así que no sé qué decía.

Sin duda, desmontaría algunos de los mitos del antifranquismo. En todo caso, el asunto me vino a la mente tras leer “Yo tenía un camarada”, de Cérsar Alonso de los Ríos. En efecto, si en aquel caso escribí que lo peor del franquismo fue el antifranquismo para “epatar al burgués”, al leer este libro me he dado cuenta de que esa afirmación es una verdad demostrable more geométrico. Basta echar una ojeada al antifranquismo.
De una parte, tenemos al antifranquismo de charanga y pandereta. No vamos a prestarle más atención, porque se desacredita el solo. De otra parte está el comunismo, un antifranquismo real que obviamente ha sido peor que el franquismo, como muestra el páramo que queda en cualquier lugar en el que se ha instalado. Por último, está ETA. Mucho más mortífera que el franquismo, excepción hecha por supuesto de la necesaria represión de la posguerra.
¿Algún antifranquismo más? Sí, el que muestra el libro citado, el más sorprendente: el falangismo. Los falangistas pata negra (o camisa azul, como se quiera) hicieron oposición a Franco desde el mismo final de la guerra, porque vieron a este como lo que era: un militar conservador al que no quedó otro remedio que echarse al monte para parar una revolución comunista y que no estaba por la labor de poner en marcha la revolución sindicalista que algunos de ellos querían.
Ante ciertos hechos constrastables, sobran anatemas extemporáneos, condenas fulminantes y dogmatismo de buen tono. Más razonar y menos embestir. Y si de razonar se trata, así acaba el texto de una conferencia de Pío Moa que alerta de los peligros de escupir sobre el franquismo a deshora:
Ahora les sugiero considerar qué pasaría si todos abandonásemos la asombrosa pretensión de que el Frente Popular o el antifranquismo representaron la libertad. En tal caso podríamos valorar debidamente el hecho crucial de que el resultado de la guerra civil abrió el período de paz más largo, con diferencia, disfrutado por España en los dos siglos pasados y lo que va de este; una paz en lo esencial muy fructífera, pues ha convertido a España en un país reconciliado, próspero y relativamente potente, y por fin ha asentado una convivencia en libertad mucho más firme que cualquier etapa anterior, abriendo perspectivas excelentes para el porvenir. Consideremos asimismo que casi toda Europa occidental debe su democracia y su prosperidad ante todo a Usa, mientras que nosotros nos las debemos ante todo a nosotros mismos, motivo de satisfacción y confianza. La perfección no existe en los negocios humanos y no vamos a ignorar los rasgos negativos del período, pero los positivos pesan más, mucho más, y el balance difícilmente podría ser más favorable.
Y, por el contrario, la persistencia de aquellos mitos infundados nos lleva a mirar con pesadumbre nuestros logros, favorece las utopías baratas y las tendencias disgregadoras y contrarias a las libertades, fomenta entre nosotros conflictos innecesarios que nos hacen perder absurdamente nuestras energías, nos debilitan en todos los sentidos y ensombrecen nuestro porvenir. Los períodos de crecimiento acumulativo de nuestra sociedad se han visto rotos en varias ocasiones por tales fenómenos, y sería una locura despreciar la experiencia para repetir los errores. El falseamiento del ayer envenena el hoy y el mañana, sin duda alguna, y un pueblo que olvida el pasado o lo distorsiona, se expone a repetir lo peor de él, en palabras de Santayana, a caer “en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil”, como expresó Menéndez Pelayo.
Se puede decir más alto, pero no más claro: La falsificación del ayer envenena el mañana.
No os perdáis el libro que repasa las trayectorias de Laín, Ridruejo, Aranguren, Torrente Ballester, Ruiz-Giménez, Areilza y otros, así como el ocultamiento de sus antecedentes franquistas por algunos de ellos.
Os dejo esta puya de la introducción:
Conviene que la izquierda recuerde alguna vez que salió a la calle, a la muerte de Franco, para pedir la amnistía. Al hacerlo estaba reconociendo no solo su impotencia, sino su sentido de culpa.
En efecto, solo quien reconoce la culpa pide amnistía, quien no la reconoce exige justicia.






