El capítulo 8, “El Hombre, ese enemigo” es de los más sustanciales. Muestra cómo el comunismo no puede transformar la naturaleza humana como quisiera. Al contrario que los intelectuales, que se ponen al servicio del sistema, hay clases e instituciones que nunca lo harán.
Los pequeños empresarios y artesanos son anticomunistas por naturaleza. El comunismo tiene que perseguirlos, porque si les dieran libertad económica prosperarían, se harían ricos y pondrían en evidencia la mentira del comunismo. No todos, por supuesto, solo los más industriosos y listos para los negocios. Lo mismo sucede con los campesinos. La predisposición hacia el comercio, el intercambio de bienes y servicios, es innata, es imposible eliminarla y es un error limitarla. Es prácticamente lo único que acepto actualmente de la ideología liberal. Los trabajadores se adaptan mejor al comunismo, pero acaban perdiendo la confianza en él –no así los intelectuales- cuando ven que no funciona.
La historia y la literatura son también un problema grandísimo para el comunismo, como también lo son a la actual ideología de lo políticamente correcto. Cervantes, Quevedo, Lope de Vega etc. no eran PCs.
La religión es otra institución difícil de reducción. Stalin tuvo que llamar a los obispos para que animaran a los rusos a defender a la patria –no al comunismo- contra el invasor. Sobre todo, el cristianismo se opone a la posibilidad de que la naturaleza humana sea transformable y a que alcance la perfección. Enseña que el mal no es erradicable, por lo que es una garantía de tolerancia frente a los totalitarismos.
Al final leemos esta clarividente profecía, escrita a principio de los 50:
p. 221:
“Con todo, no es difícil imaginar el día en que millones de los seguidores obedientes de la Nueva Fe se vuelvan de repente contra ella. Ese día llegará cuando el centro perderá su poder material, no solo porque el miedo a las represalias militares desaparezca, sino porque el éxito es una parte integral de sus argumentos. Si pierde, probará que estaba equivocada según su propia definición; será patente que se trataba de una religión falsa a la que su propio dios, la realidad, abandonó.
Esto mismo lo he leído como uno de los argumentos por los que la Europa liberal se alió con Stalin, un criminal con muchísimos más muertos que Hitler. Atención: el Islam pasa esta prueba sin problemas, sus masas se adaptan perfectamente a la miseria que crea la doctrina. Esto mismo me contaba hace poco K-Budai.
El capítulo 9 se titula “La lección de los Países Bálticos”. Milosz nació en Vilnius, la capital de Lituania que entonces pertenecía a Polonia. Estos países fueron intensamente rusificados por la URSS, llevando a ellos población rusa y deportando a la población nativa. Conozco algunas personas de estos países; me caen bien (cosa que por ser un sentimiento personal no significa nada). Los estonios hablan un idioma parecido al finlandés, son muy fiables y profesionales. Los lituanos son católicos y divertidos; es algo complicados para trabajar con ellos. No conozco letones.
Solo voy a traer dos citas que de alguna forma tratan de España:
p. 223:
“La rabia que se siente cuando se leen las memorias de esos autores, la mayor parte misioneros, que cuentan las atrocidades cometidas en América por los conquistadores españoles no tiene sentido. No va a poder resucitar a las poblaciones caribes diezmadas por Ponce de León…”
Se sabe que Las Casas mentía como un bellaco. La Encomienda no era más pesada que el régimen de servidumbre que estuvo en vigor en Europa del este hasta bien entrado el s. XIX. Ponce de León atajó una sublevación, etc., etc… Pero estoy de acuerdo con el razonamiento: es improcedente juzgar moral o políticamente los hechos de hace más de cien años, salvo cuando aun afecten al presente, por ejemplo la Yijad.
p. 227:
“La invasión de los españoles debió de ser un a experiencia horrorosa para los aztecas. Las costumbres de los conquistadores eran incomprensibles, sus ceremonias religiosas extrañas, su pensamiento imposible de entender. Las invasión del Ejército Rojo no causó menor impacto a estonios, letones y lituanos”
Me ha hecho gracia. No tiene nada que ver. En un caso la invasión fue de unos pocos cientos entre millones, en el otro un grandísimo país invade tres pequeños. En un caso eran completamente desconocidos, en el otro eran vecinos…
p. 234:
“Cuando [Pablo Neruda] describe la miseria de su pueblo, le creo y respeto su gran corazón. (…) Pero cuando describe la vida gozosa, y radiante del pueblo en la Unión Soviética, dejo de creerle”.
Neruda, otro canalla con buena prensa.
Para acabar, aquí tenéis un índice muy útil sobre el libro.
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