El papa y el preservativo


De aquí.

Hice hace unos días un comentario a las reacciones de los políticos alemanes a las declaraciones del Papa sobre el preservativo. Las leí en Deutsche Welle, que se cuidaba de no citarlas propias declaraciones del Papa. La prensa profesional… El razonamiento que hacía era válido independientemente de las declaraciones concretas del papa.  Pero ahora las leo, y me ha indignado doblemente comprobar la manipulación de la prensa.

Aquí está la declaración completa (Los engañosos preservativos):

¿Qué dijo realmente el Papa? Cuando un periodista le preguntó sobre el Sida en África, y afirmó que «la postura de la Iglesia católica sobre el modo de luchar contra él es considerada a menudo no realista ni eficaz», así respondió: «Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos… Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humana que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen».

«… no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema«. Suscribo estas palabras una por una. Insisto una vez más: los católicos tenemos que cerrar filas, ayudarnos a nosotros y a quienes quieran, aun sin ser católicos, preservar un ambiente tradicional, y dejar que perezca el mundo.

A los cameruneses, a quienes iba dirigido el mensaje, no les ha parecido mal la recomendación al contrario. Ya hemos dicho que es muy sospechoso que quienes más se quejan son quienes se oponen de oficio a las enseñanzas de la Iglesia (Obispos cameruneses acusan a Occidente de «desinformar» sobre la visita papal):

«El episcopado camerunés subraya, y de manera muy fuerte, que los cameruneses acogieron con alegría y entusiasmo al Papa Benedicto XVI, confirmando así su hospitalidad legendaria. No niega por eso la realidad del sida, ni su efecto devastador en las familias de Camerún», afirma la nota.

Los prelados subrayan que el Papa ha dado un doble mensaje al respecto: por un lado, «la Iglesia católica en todas partes está comprometida diariamente en la lucha contra el Sida», a través de «estructuras adaptadas para la acogida, el control y el tratamiento de las personas infectadas del VIH. Esta asistencia es a la vez moral, psicológica, nutricional, médica y espiritual».

Por otro lado, «la Iglesia, fuerza moral, tiene el imperioso deber de recordarles a los cristianos que toda práctica sexual fuera del matrimonio y desordenada es peligrosa y propicia a la difusión del Sida. Es por eso que predica la abstinencia para los solteros y la fidelidad en el seno de la pareja. Es su deber. No puede sustraerse de él».

Además, los prelados acusan a los medios occidentales de «haber olvidado claramente otros aspectos esenciales del mensaje africano del Santo Padre sobre la pobreza, la reconciliación, la justicia y la paz».

«Esto es muy grave, cuando se sabe el número de muertos que causan otras enfermedades en África, y sobre el que no hay ninguna publicidad verdadera; cuando se sabe al número de muertos que provocan en África las luchas fratricidas debidas a las injusticias y a la pobreza».

Los obispos concluyen su mensaje subrayando que la Iglesia católica «no rechaza a los enfermos de Sida y no anima de ninguna manera la propagación de la enfermedad como pretenden hacer creer ciertos medios de comunicación».

Aquí, JC ha sacado uno de los artículos con más punta que de los que le he leído (La Puta, el Papa, Harvard y el Garrobo). Por si no sabéis lo que es el sarcasmo, aquí tenéis un ejemplo:

… el que sí es un experto en epidemia de SIDA es Edward C. Green, profesor de la Universidad de Harvard. Edward C. Green es un médico antropólogo con 35 años de experiencia en diseño, ejecución y evaluación de proyectos de salud en países en desarrollo (entre los cuales debemos contar Angola, Botswana, Etiopía, Ghana, Liberia, Malawi, Mozambique, Nigeria, Sudáfrica, Rwanda, Somalia, Sudán, Swazilandia, Tanzania, Uganda, Zambia, Zimbabwe y diecisiete más).

Este médico no sólo trabaja en el campo hombro a hombro con los afectados sino que además es un investigador de primer orden. Ha escrito cinco libros y ha sido editor de uno más sobre lo que es su especialidad: la integración entre los sistemas de salud occidentales y no-occidentales en la población nativa.

Claro, el doctorcito éste no es perfecto, no conoce a la Gata ni lee los ataques del Garrobo a la Iglesia Católica, sin embargo tiene el consuelo de que la Universidad de Harvard (algo así como el burdel de la Gata) lo tiene contratado como director del Proyecto de Investigación de Prevención del Sida, en el Centro Harvard para Estudios para la Población y Desarrollo. Sé que no ha de ser gran cosa, pero es todo lo que tiene el pobre hombre.

Verdades como patadas en los huevos

El doctor Green, en una entrevista a la National Review dijo:

«El papa está en lo correcto, las evidencias que tenemos apoyan sus comentarios. No podemos asociar mayor uso de preservativos con una menor tasa de SIDA»

¡Vaya babosada! Y continúa:

«Cuando se usa alguna tecnología para reducir un riesgo, como el preservativo, a menudo se pierden los beneficios asumiendo un mayor riesgo que si uno no usara esa tecnología».

«También me di cuenta de que el Papa dijo que la monogamia era la mejor respuesta al Sida en África. Nuestras investigaciones muestran que la reducción del número de parejas sexuales es el más importante cambio de comportamiento asociado a la reducción de las tasas de contagio del Sida»

Claro… estas declaraciones no la van a reproducir los poderosos políticos y medios de comunicación que viven del anticlericalismo y de la ideología. Es curioso anotar que Edward Green está trabajando en un próximo libro: «Sida e ideología» en donde explica cómo las multinacionales (farmacéuticas entre otras) reciben millones de dólares al año para promover el uso de preservativos, medicamentos, y tratamientos para el Sida, y se opone con todo su poder económico de manera feroz al hecho de que el cambio de comportamiento es la solución.

Elemental. Para acabar, leo que en Bélgica el parlamento ha llegado a estudiar una declaración de condena de las palabras del Papa:  Papophobie en Belgique.

* * * * *

ACTUALIZACIÓN: Ha habido una protesta diplomática oficial por las palabras del Papa (¿Donde está el Duque de Alba cuando más se le necesita? (ACTUALIZADO)). Solo dos partidos se han opuesto, uno de ellos el «fascista» Vlaams Belang.

4 comentarios

  1. Montcalm dominguero dominical

    Arqueólogos descubren una fosa común con más de treinta cuerpos en el norte de Francia. Los cuerpos proceden al parecer de la población realista que fue represaliada por los revolucionarios de Le Mans durante la primera guerra de la Vendea. Entre los cuerpos se encontraron varias mujeres, varios adolescentes y un niño.

    French dig uncovers 18th-century mass graves

    En la revista Forbes acaban de descubrir que la «inmigración» (asi es como llaman a los flujos de cientos de millones de personas de aquí para allá) es a las economías globales lo que la cocaína en forma de crack al cuerpo humano (sic). Lumbreras los chicos. Claro está que en el artículo no ven problema ninguno con el trabajo neoesclavo, ni con la sustitución de poblaciones autóctonas, ni con la destrucción de su tejido económico tradicional, ni con nada. E incluso van más allá e insinúan un par de ridiculeces de las de siempre, incluidas las habituales comparaciones de irlandeses en Nueva York en 1850 con indios en Arabia Saudita en 2009. Por qué no. El problema que ellos encuentran es que, ¡cachis!, a largo plazo es insostenible porque te vuelves adicto y finalmente un día el flujo de neoesclavos tiene que terminar, ya que sus países se van desarrollando y prefieren quedarse en casa. Eso es todo lo que ven de malo. La revista de Steve Forbes, claro.

    Nunca esperaría de este tipo de gente que reconociera en el mundo nada más de lo que les permiten sus propios intereses económicos, que es la categoría unidimensional a la que reducen sus vidas. Es decir, no ven nada más porque creo que ya no pueden verlo. Son obsesos. Pero son reduccionistas incluso en lo económico, que es lo único que les parece real. El trabajo neoesclavo destruye o aminora mucho los incentivos al desarrollo de tecnologías y metodologías que aumenten la productividad por trabajador y hora trabajada y que reduzcan los gastos mediante una mayor eficiencia (materiales, energía). Se aumenta la producción y se reducen gastos no mediante la inversión a largo plazo y la eficiencia, sino mediante la reducción a corto plazo de gastos laborales (lo que sólo es posible socializando en las espaldas del estado los gastos sociales del neoesclavo) y aumentando la fuerza bruta de trabajo con la sustitución de los trabajadores tradicionales, a los cuales la creciente desutilidad de esa ocupación hace que se les vuelva insoportable económica, social e incluso culturalmente (por ejemplo tener que trabajar dia tras día rodeado de gente con la que no se tiene nada en común es algo que no soporta todo el mundo).

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