Luis Montes, el Doctor Mengele socialdemócrata

Leeos esta reseña de José Manuel Rodríguez Pardo  sobre el libro de Cristina Losada, Morfina roja.

«Al poco de la llegada del nuevo coordinador, se observó que recurría a la sedación terminal de pacientes con una frecuencia desusada en aquel servicio de Urgencias y, como veremos, también en otros. Esas decisiones llamaban la atención, además, por la circunstancia de que Montes no se dedicaba a tratar a pacientes, sino esencialmente a tareas organizativas. De hecho, los únicos tratamientos que prescribió a lo largo de sus cinco años de coordinador fueron los de sedación terminal» (págs. 27-28), término que apareció por vez primera en la literatura anglosajona de cuidados paliativos para disminuir el grado de consciencia de un paciente que expirará en breve, para paliar su sufrimiento en suma.

Es el caso de Cándido Pestaña, de 78 años de edad, que necesitaba de oxígeno permanente, aunque podía salir a la calle e incluso caminar sin problemas. Debido a problemas respiratorios, ingresó en las Urgencias del Severo Ochoa, pero por su propio pie. Una hora después, las noticias eran que el paciente iba a morir y al ver a sus hijos estaba asustado. Su hija Fabiola lo cuenta con todo lujo de detalles: «Entonces el doctor entró en el box. Afirmó que el paciente estaba «agitado» y que le iba «a poner algo». «Vino con una inyección, se la puso él mismo y en torno a la media hora, fallecía». No se lo podía creer. Había visto a su padre en un estado general aceptable, nada grave, a primera hora de la mañana, y resultaba que a la una y media del mediodía estaba muerto». Se le había sedado sin consentimiento ninguno, ni del paciente ni de la familia: «Fabiola sostiene que ni aquel médico ni ningún otro miembro del personal habían comunicado previamente que le administrarían a Cándido una sedación terminal. «No nos dijo que le iban a sedar. La palabra «sedar» no se dijo. No hubo ninguna explicación de ese tipo. Si me lo hubiera dicho, yo habría querido verle antes de que lo sedaran. Pero tampoco hubiera querido que sufriera»». Con el agravante de fallecer en un box de urgencias compartido con un delincuente y los dos policías que lo custodiaban. «Es indigno morir así» dice Fabiola, refiriéndose a quienes luego hablaron de la «muerte digna» para defender a Montes. Su experiencia en las Urgencias del Severo fue muy otra» (págs. 151-152).

Fue precisamente Fabiola Pestaña, militante del PSOE a la sazón, quien pondría una denuncia individual a la presentada por la Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias, sufriendo tanto la Asociación como la denunciante toda la campaña de acoso de parte de miembros de Comisiones Obreras y el PSOE en la Comunidad de Madrid. Otro caso, el de Gregoria Buchó (descrito con pruebas documentales en las págs. 198-202), es paradigmático de cómo se administraba sedación a quien podía perfectamente ser tratado sin ella. El doctor Miguel Ángel López Varas, discípulo de Montes, convenció a la hija de la enferma de la necesidad de una sedación terminal, a causa de que (según el facultativo) le quedaban dos días de vida. Pero al cambiar el turno «una doctora le retiró la sedación terminal. A la mañana siguiente, la paciente fue ingresada en planta. Sería dada de alta al cabo de unas semanas» (pág. 202).

Atención a esto:

Tras el proceso abierto por Avinesa, sobreseído en 2006 pero reabierto en el 2007 tras aceptarse la parcialidad del juez, el auto del 21 de mayo de 2008 no encontró a Montes culpable de asesinato por dichas prácticas. Pero la comisión de 11 expertos nombrada por el juez encontró fuera de lex artis (es decir, no ajustadas al procedimiento que marca la ley) 73 historias clínicas (sobre 169 estudiadas) de pacientes sedados y fallecidos en el servicio de Urgencias, en las que señalaron que había 34 casos de «mala praxis» y una «clara correlación» entre la sedación y la muerte, aunque los tribunales, en suma, no encontraron una relación directa entre las sedaciones y las muertes de pacientes.

El auto del juez señalaba que no era posible vincular las sedaciones terminales con las muertes de los pacientes, pues no se habían realizado las autopsias, lo que también supuso la paralización de los procesos individuales, como el ya mencionado de Fabiola Pestaña. Sin embargo, el auto del juez parecía demasiado ligero y simplificado, pues «El informe del comité de expertos no llegaba a esa conclusión «inequívoca», sino a otra: que existía una relación causa-efecto entre las irregularidades detectadas y los fallecimientos. El propio auto de la Audiencia recogía ese dictamen, para ignorarlo acto seguido» (pág. 223).

Y le llaman justicia…

Leed el artículo, es realmente interesante.

15 comentarios

  1. Pues a mí me parece injusto. No, injusto no, me parece una canallada.

    A partir de una denuncia anónima, sin ninguna prueba tangible, como se ha demostrado, se montó una campaña de caza de brujas enfocada en una persona honesta, a la que se le destrozó la vida.

    «…es imposible recoger las plumas una vez que se las ha llevado el viento, igual que es imposible retirar murmuraciones y calumnias una vez que han salido de la boca»

    Pero las verdaderas víctimas fueron, y serán, todos esos enfermos y familiares que, desde entonces, están condenados a agonizar horriblemente hasta su fin, «como Dios manda», como los ultracatólicos que pusieron la denuncia gusta que sea.

    Pero Lamela, aparte de obedecer la voz de su amo, dando pábulo a esta denuncia fantasma, de paso, en el lote, se lleva la degradación de la sanidad pública. Ya se sabe la fórmula: degrada, y privatiza. ¡Viva el negocio de la salud!

    Si realmente hay Justicia en este país, Lamela acabará teniendo que pagar por lo que hizo. Y no como Trillo.

    Antes de condenar, leed también este otro artículo:
    http://quemeatiendamontes.wordpress.com/historia-de-una-infamia/

  2. Indel,

    Montes no «atendía». Y los testimonios e informes que hay son suficientes.

    Yo creo que el que quiera suicidarse tiene «derecho» a hacerlo, pero eso nunca debería considerarse auto médico. ¿Tanto miedo tenéis a acabar con vuestra vida que lo tenéis que encargar a un tercero?

  3. A Montes se le ha acusado de más de 400 asesinatos. (¡¡400 ASESINATOS!!)

    ¿Testimonios e informes suficientes?
    ¿Qué testimonios?, si a sido una vergonzante denuncia anónima, y sin más, asumida por el consejero de sanidad Lamela, a la voz de su Amo.
    (¡¡400 ASESINATOS!!)

    ¿Suficientes para qué?
    No lo ha sido para que la justicia encontrase ningún delito.

    Suficiente ha sido para difamar, calumniar, y destrozar una vida.
    Suficiente para amedrentar a los demás médicos, y convertir en mártires involuntarios de insufribles agonías a futuros enfermos, y sus familias.
    Suficiente para quebrar la confianza del paciente en su médico.
    Suficiente para degradar un poco más el sistema público de salud.
    (¡¡400 ASESINATOS!!)

    No te confundas. Aquí no se trata de discutir de eutanasia. Aquí se trata de la acusación de cometer 400 ASESINATOS.

    La eutanasia es otro tema. Yo no sé lo que haría. Tú, por lo visto, lo tienes muy claro.
    Pero yo te digo, ¡ojala tu Dios misericordioso no te ponga en la tesitura de ver agonizar a un ser amado, entre horribles dolores, para nada!
    Y, en todo caso, ¡ojala puedas decidir en conciencia, y encuentres todo el apoyo y ayuda que necesites!
    Y, finalmente, ¡ojalá ningún grupo de iluminados tome la decisión por ti, y te obligue a asistir al martirio, a mayor gloria dei!

  4. Pues claro, a cualquier persona se le puede acusar de cualquier cosa, nadie está por encima de la ley.

    La denuncia anónima fue el desencadenante, nada más. No hay nada contra derecho.

    ¿Destrozar la vida? Ja. Si es un héroe…

    > ¡ojala tu Dios misericordioso no te ponga en la tesitura de ver agonizar a un ser amado, entre horribles dolores, para nada!

    Mi Dios bienamado no prohibe paliar el dolor.

    Y que ningún iluminado se tome la decisión de «sedarme», digo yo.

  5. No es cierto eso de que “a cualquier persona se le puede acusar de cualquier cosa”.

    En un estado democrático, cuando se acusa a alguien falsamente, se comete un delito. Se llama delito de acusación falsa.
    Que se lo digan al mezquino Lamela, que ahora tiene que responder por ello ante los tribunales precisamente por acusar falsamente al Dr. Montes:
    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Lamela/declarara/juez/denuncia/falsa/caso/Leganes/elpepusoc/20090418elpepisoc_2/Tes

    Quizás lo de destrozarle la vida a este hombre no te impresione, pues la difamación te ha hecho mella, y dudas de su catadura moral de asesino en serie. Ese es el fin de la difamación, por cierto.
    Pero es que las verdaderas víctimas son los enfermos terminales, y sus seres queridos.
    Tu Dios bien amado, permite que te seden. Pero deduzco que nunca has visto los sufrimientos de un enfermo terminal de cáncer de piel, por ejemplo, y la tremenda dosis de sedación que necesita, simplemente para dejar de dar alaridos, no para descansar. Unos niveles de sedación muchas veces peligrosos para la vida. Es una frontera difícil. Aunque tu Dios te lo permita, reza por no acabar en el Severo Ochoa, porque allí ningún médico se arriesgará a pasar por asesino.

    No tiene sentido polemizar más.
    Los tribunales ya han hablado. Y volverán a hablar sobre las calumnias de Lamela. Pero, el daño ya está hecho. Los arcángeles justicieros han ganado. Esto ha de ser un valle de lágrimas, hasta el último aliento. No hay piedad.

  6. En principio sí, presentando pruebas, y si son falsas, como tu dices, se comente un delito.

    Pero ¿no te das cuenta que en el fondo le estas defendiendo porque sedaba a muerte a los pacientes que es de lo que se le acusa? Y decías «aquí no se trata de discutir de eutanasia». Pues es de lo que estas hablando.

    Mira yo estoy de acuerdo en que acabar con el dolor es lo primero, aunque acorte la vida, pero eso no es lo que hacía este.

    Desde luego que no tiene sentido discutir más.

  7. Por cierto, el nombre de «morfina roja» me parece una chaladura por parte de la Losada.

    Por cierto, yo creo que aquí lo que se ha reprochado es el poder de este señor de sedar a personas sin el consentimiento de los enfermos ni de sus familias.

  8. Lo de Doctor Mengele socialdemócrata se explica en el mismo texto:

    «Y ciertamente, a pesar de caer en alguna ocasión en el maniqueísmo izquierda-derecha propio del mito de la derecha (págs. 138-139), Cristina Losada percibe que esta visión maniquea aparece de forma muy habitual en quienes defendieron a Montes con uñas y dientes, menospreciando y silenciando a las víctimas, lo que manifiesta, según su certero juicio, el vaciamiento de la izquierda una vez caído el Muro de Berlín. A propósito de la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ), en el epígrafe titulado La «zeja», señala Losada que: «Nadie debía interferir en la creación del universo maniqueo que una izquierda afectada por un grave vacío ideológico ha de reconstruir una y otra vez para asegurar su supervivencia. El Partido Socialista necesitaba en 2008 más que nunca aquel mundo de «buenos y malos» para salir airoso de la prueba de las urnas» (pág. 245). Pero lo cierto es que los procedimientos sedativos del Doctor Montes, que rechazó enérgicamente las descalificaciones de nazismo sobre sus prácticas, no diferían de las que en su momento pudieron realizar los nazis con ancianos o disminuidos físicos y psíquicos. Las prácticas eugenésicas del Doctor Mengele, por ser de alguien «de derechas», eran horrendas; las del Doctor Montes, al ser obra de un profesional «de izquierdas», eran aceptables y defendibles».

    En el mismo sentido se enfoca el rótulo de «Morfina roja».

  9. Pues muy mal por la Losada, Mengele no se dedicaba a hacer lo que ella dice. Una cosa eran los centros de eutanasia que había en la Alemania nazi y otra Auschwitz.

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  1. Qui

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