El ignorado conflicto de Yemen

Artículo esclarecedor sobre el enfrentamiento en tierras sauditas y yemeníes. Ya se ha tratado aquí este tema, pero es un conflicto olvidado por las cadenas de televisión y conviene tener la perspectiva histórica, religiosa y actual del conflicto. Puede ser importante por los intereses de los actores en la zona y la gran tensión religiosa que impera.

Shibam, la Manhattan del desierto
Shibam, la Manhattan del desierto

Una historia de sobresaltos

Al este de la Meca, en la misma península arábiga, se encuentra Yemen, que en árabe significa derecha, al Este. Está limitado por el Mar de Arabia, el golfo de Adén, el Mar Rojo, el oeste de Omán y el sur de Arabia Saudita. La superficie del país es mayor que la de España, 527.968 km2. Hasta hace relativamente poco tiempo, su frontera por el norte no estaba definida, porque el desierto de Arabia impide cualquier asentamiento humano allí. Su tierra es relativamente fértil en algunos valles y su clima húmedo ha permitido el desarrollo de una población estable. Sus habitantes, nómadas, se dedicaron durante toda la época antigua a la cría de aves y al pastoreo.

Claudio Ptolomeo se refirió a Yemen como Eudaimon Arabia (Arabia Feliz). Los pueblos mediterráneos veían llegar de allí caravanas cargadas de incienso, mirra, casia, cinamomo y láudano; o riquezas como oro, ébano, marfil y seda, por lo que dedujeron que se trataba de una tierra de riquezas y de fábula. Su máximo esplendor fue el reino de Saba -capital, Mariaba (Marib)- con su misteriosa reina y su relación amorosa con Salomón,  el rey de Israel, que dio origen al mito. La leyenda de la Arabia Feliz resurgió en el XVII, cuando comerciantes judíos franceses, ingleses y anussim portugueses [marranos] oyeron hablar de una bebida, el ‘oro negro’ -el café-, que se exportaba al mundo entero a través del puerto yemení de Moka.

La expansión del Islam llegó a Yemen alrededor del año 630, y a partir de entonces Arabia Feliz pasó a formar parte de los califatos árabes; fue dependiente de Damasco, y posteriormente de Bagdad. Después, durante el siglo VIII, comienzan a aparecer pequeños estados independientes. En los siglos posteriores Yemen oscila entre la independencia y la sumisión, primero a los califas de Egipto y luego a los sultanes del Imperio Otomano. A partir del siglo XV, interviene Portugal, quien se apodera del puerto de Adén durante unos veinte años. En el siglo XVIII, Ibn Saud, fundador de la dinastía saudita, anexiona Yemen, que luego vuelve -tras un breve período de independencia- al dominio egipcio, en la primera mitad del siglo XIX. Los británicos se instalan en  Adén en 1839, y pasan a ser un poder decisivo en la zona.

Yemen se independizó al finalizar la Primera Guerra Mundial, constituyéndose en reino. En 1926 se produce una nueva intervención saudita, pero al año siguiente el Imám zaydita es repuesto en su trono; nuevos litigios fronterizos con su vecino se resolverán finalmente con la entrega a Arabia Saudita de la región de Asir. La zona de Adén continuará bajo dominio británico; en  1937 la zona se organiza en una colonia (Adén) y dos protectorados, oriental y occidental. En 1945 el Reino del Yemen ingresa en la Liga Árabe, y en 1947 en las Naciones Unidas. En 1962 el último rey es derrocado y se crea la República Árabe de Yemen, o Yemen del Norte, en situación de guerra civil hasta 1970. La ex colonia de Adén, a pesar de los esfuerzos británicos para evitarlo, se transforma en 1967 en la República Democrática de Yemen, o Yemen del Sur, de orientación marxista, deviniendo el primer estado árabe comunista del mundo. Aunque en la década de 1970 se producen varios enfrentamientos entre los dos estados, e incluso dos breves guerras civiles (en 1972 y en 1979), en 1981 se llega finalmente a un proyecto de Constitución para un estado reunificado.

La división religiosa y sectaria en Yemen

El 22 de mayo de 1990 ambas repúblicas se funden en una, la República de Yemen, con capital en Sana´a, situada a 2350 m. de altitud. Su sistema de gobierno se basa en un Consejo Presidencial de cinco integrantes: tres del Norte la República Árabe de Yemen- y dos del Sur la República Democrática de Yemen. Por otro lado, Yemen es el país más pobre de todo el mundo árabe y sólo apenas un 1% de la superficie es irrigable, con lo que la economía sigue siendo muy arcaica. Dentro del sector agrícola destacan los cultivos de cereales (mijo, sorgo, trigo) y café. La ganadería yemení es bastante importante, sobre todo en lo que respecta a la cabaña de ovinos. Los recientes hallazgos de petróleo han hecho de este país un estado productor y una incógnita futura, porque además el subsuelo contiene notables reservas de gas natural.

Los yemeníes son en su mayoría árabes. Existe una reducida minoría persa en el litoral norte y otra minoría entre Yemen y Omán que habla diferentes lenguas subarábigas. En su mayoría, su población es musulmana. Cristianos, judíos e hindúes constituyen el 0,1% de la población. Las dos ramas principales del Islam son las representadas por los sunnitas y los chiítas, 85% y 15% respectivamente del total. Los sunnitas creen que el líder de los creyentes -el Califa- debe ser investido como tal mediante la baya, o acto solemne de reconocimiento, en tanto que para los chiítas queda investido a perpetuidad en la línea de descendencia del profeta Muhammad.

Los wahabítas del Islam sunnita, religión oficial del Estado a la que pertenece la monarquía reinante, considera herético el chiísmo. En 1991, Abdulah bin Yibrin, delegado real para presidir el Consejo de los Ulemas, declaró que los chiítas son idólatras que deberían ser exterminados. Por su parte, el  jeque egipcio Yussuf el Qaradaui, quien a principios del mes de septiembre de 2008  dijo que los chiítas son «musulmanes herejes peligrosos armados con millones de dólares y dirigidos por cuadros bien entrenados que intentan invadir con misioneros a las sociedades sunitas» (2). Yussuf el Qaradaui es el Presidente de la Unión Mundial de Ulemas Musulmanes (sunnitas), siendo el máximo portavoz del sunnismo.

Hay que tener en cuenta que el 15% de la población de Arabia Saudita es chiíta. En Kuwait, los chiítas representan 40% de la población, y en Bahrein, 55%. En  Líbano los chiítas son 41% de la población total y  constituyen el mayor grupo religioso del país. Omán, Yemen y Siria son gobernados por chiítas, los zaydíes en Yemen y Omán y los alauíes en Siria. La situación de los zaydíes en Omán y Yemen expresa su importancia numérica en tanto que mayoría. Pero los alauíes de Siria controlan el país aun siendo menos de 15% de la población. Por su parte, en Bahrein el 61,4 % de la población es chiíta, como también un 62,5 % de la población iraquí, y un 75% de la de Azerbaiyán. Los Emiratos Árabes Unidos y Qatar cuentan con una población chiíta muy escasa, pero a propósito de los recursos petrolíferos y gasistas del Golfo. En Irán los chiítas son la mayoría de la población y detentan absolutamente el poder (93,5%). Hay minorías chiítas en Afganistán, Pakistán (20%) y Tayikistán. En Kuwait son el 30% de la población. En Turquía constituyen el 20%. Irán reclama territorio de estos países.

El ayatolá Mohamed Taskhiri, vicepresidente de la Unión de Doctores Musulmanes, dijo a la agencia iraní de noticias Tabnak, próxima a los Guardianes de la Revolución, que esos comentarios de Qaradaui constituían «una conspiración calculada contra los chiitas iraníes». El huyyatulislam Abdel Hamid Banai, declaró a finales de septiembre de 2009 que los gobiernos islámicos deberían resistir a las acciones blasfemas de los wahhabitas, como la destrucción de los mausoleos de los santos Imames y los lugares santos de los chiítas, y las tumbas de las personalidades del Islam. Abdel Hamid Banai pidió a  los gobiernos islámicos que  tomaran medidas concretas frente a estas acciones que tienen por objetivo los lugares santos del Islam y son la señal de una cooperación con los sionistas y los arrogantes. Desde la ciudad santa de los chiítas, Qom, el ayatolá Makarem Shirazi, hizo alusión, durante un curso de teología, a las ideas infundadas, supersticiosas  y ridículas de los wahhabitas, que han tomado el control de la Meca y de Medina, y han comenzado la destrucción hace 86 años de las tumbas de los santos Imames en Baqi. El huyyatulislam Khodai profesor en conocimientos islámicos de la Universidad de Tabriz, ha manifestado a principios de octubre de 2009 que: El wahhabismo es una glándula cancerígena en el mundo islámico y es erróneo utilizar el término ‘wahhabita extremista’; ya que el wahhabismo está esencialmente desprovisto de fundamento. Y ha añadido que: Esta secta mentirosa, desde el primer día, se ha opuesto al Islam, al glorioso Corán y la tradición profética y en el transcurso de los años de su dominación sobre el Hiyaz, ha introducido cientos de innovaciones en el Islam. … La destrucción de las tumbas de los imames en el cementerio Baqi, es una manifestación clara de la desviación de los wahhabitas de la tradición profética.

presidente yemení, Alí Abdulá Saleh
El presidente yemení, Alí Abdulá Saleh

Un conflicto ignorado

Actualmente hay un conflicto bélico en Yemen que es completamente  ignorado por gran parte de los medios, sobre todo por los izquierdistas, a pesar que está causando muchísimos más muertos que el pasado conflicto Israel-Gaza, cuando Israel atacó a Hamás en la operación Plomo Fundido. Sobre esta se ha escrito mucho, pero existe un abrumador silencio sobre el conflicto sunnita-chiíta en Yemen, conflicto que ha causado más de tres mil muertos y más de 150.000 personas han sido desplazadas de sus casas, para huir de la guerra entre correligionarios musulmanes, y todo ello en nombre del Islam.

Este silencio descalifica la neutralidad de los periodistas europeos en general, y españoles en particular. Para estos periodistas las noticias son importantes sólo, y únicamente, cuando se puede culpabilizar a Israel, a pesar de mentir y deformar la realidad. Pero cuando Israel no es parte del conflicto, las matanzas y el conflicto bélico es irrelevante. Shimshon Zamir, colaborador de Periodista Digital, (7) afirma que la población norteña, chiíta, acusa al gobierno central yemenita de no ser lo suficientemente islamista, por lo que se rebela. Además, la situación geográfica del Yemen -cuyas costas dan al Mar Rojo y al Golfo de Adén-, es estratégicamente importantísima para el libre paso de mercaderías y el de  petróleo.  Irán está sumamente interesado en Yemen porque además de estar involucrado en los conflictos contra los infieles y herejes sionistas y cruzados puede expandir el chiísmo por la península arábiga y atenazar a Arabia Saudita. Está volcado con los chiítas yemeníes en la lucha de éstos contra al poder central. Para ello, con apoyo de Irán, el régimen de los mulás está armando a los 15.000 hutis, chiítas islamistas yemeníes, que pelean contra el gobierno central, que dispone de 60.000 soldados regulares mal entrenados. Por ahora ha enviado a 20.000 soldados para enfrentarse a los hutis.

Arabia Saudita apoya al gobierno central yemení y ha enviado a su aviación para que bombardee a los hutis en territorio yemení. Por su pare, Egipto refuerza las tropas gubernamentales yemeníes enviando equipos militares al gobierno central de Sana´a. Además, el Cairo ha acusado a principios de septiembre de 2009 a Teherán de apoyar a una organización chiíta cuyos miembros fueron detenidos recientemente en Egipto por cargos de difundir los chiítas en el país, perjudicando la Sunna. Lo hace, además, mientras deja pasar submarinos israelíes por el Canal de Suez.

Yemen es el nuevo punto de enfrentamiento entre el expansionismo iraní y el expansionismo wahhabita en el mundo musulmán. Pero los occidentales olvidan el baño de sangre provocado por las guerras entre musulmanes, y prefiere centrar su interés cuando están en liza los israelíes, aunque el número de muertos sea incomparablemente menor.

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