La verdadera historia de los versos satánicos.
Estoy descubriendo los entresijos de la secta mahometana, centrándome en esos que nunca serían tratados en los textos de una asignatura de “cultura religiosa” aprobada por un gobierno progre -por ejemplo el del dimi ZP y la piadosa de la Vega-, míren con que gusto se somete a las normas mahometanas de vestimenta femenina. ¿Se la imaginan con peineta en visita al Papa?. Pro supuesto, no. Prefirió ir disfrazada de cardenal, contra todo protocolo.
El tema de hoy son los versos satánicos, de los que todos hemos oído hablar, pues es el título del libro de Rushdie que provocó un edicto islámico en que se puso precio a su cabeza. El famoso edicto, del no menos famoso ayatola Jomeini, sigue vigente, sin que otros dimis como Aznar, Chirac o Schroeder tengan reparos en recibir y disculpar a las autoridades del régimen y en plegarse a sus caprichos. Aun recordamos que no se pudo organizar una comida oficial con el expresidente iraní Jatami, pues exigió que no se sirviera vino. ¿Pero de verdad creen que es posible convivir con esta gente?.
No he leído el libro del diablillo Rushdie –imagino que blasfemo y provocador-, pero trataré aquí del significado de esa expresión para los mahometanos. A diferencia del Talmud o de la Biblia, el alcorán es un libro del que –según la tradición mahometana- existe copia en el cielo, escrita en árabe precisamente. Además, existe desde antes de su revelación en sueños a Mojamé, soplado por el arcángel Gabriel. Las revelaciones en sueños eran usuales entre los profetas judíos, a quienes Mojamé intenta igualar.
Los mecanos rechazaron al principio el mensaje de Mojamé, entre otras razones porque la Meca era un floreciente centro de peregrinación, en el que se daba culto a mas de 360 ídolos. Este rechazo llenó de ira a Mojamé, momento que según la tradición habría aprovechado el gran Satán (en este caso no se trata de EE. UU. ni de Israel, sino del de los cuernos) para colarle de matute en los versos C 53, 19-20 tres diosas del panteón mecano, haciéndose pasar por Gabriel/Gabirol:
Y ¿qué os parecen al-Lat, al-Uza y la otra, Manat, la tercera?
Los versos satánicos eliminados decían (según la tradición): “Estas son la sublimes diosas cuya intercesión se espera”.
Con esta solución de compromiso, en la Meca aceptaron el mensaje de sumisión de Mojamé. Sin embargo, una vez conseguido, afirmó que el arcángel le habría advertido del error, y en el verso C 53, 23, rebaja las diosas citadas a simples nombres sin ningún poder:
“No son sino nombres que habéis puesto, vosotros y vuestros padres, a los que Alá no ha conferido ninguna autoridad. No siguen sino conjeturas y la concupiscencia de sus almas, siendo así que ya les ha venido de su Señor la Dirección.”
Esta jugada de tahúr de la calle Sierpes enfadó mucho a los mecanos, que volvieron a las querencias politeístas y atacaron a Mojamé. Solo habrían de someterse después por la fuerza de las armas y tras asegurarse de que la Meca seguiría siendo un lucrativo centro de peregrinación.





