¿Por qué perdimos la guerra (contra el Islam) de 2014?
Así se titula el demoledor articulo sobre estrategia militar que un lector nos dejo en un comentario. Muchas gracias.
Se autor es el Tcol. de Aviación D. Carlos Mestre Barea, del Ejercito Del Aire De España. Traigo a nuestro blog algunos párrafos que están en negrita en el original:
Así que soldados con una preparación técnica muy escasa podían convertirse rápidamente en operadores eficaces de los nuevos sistemas. Gracias al Altísimo, el microchip terminó con la ventaja en información y entrenamiento que habían disfrutado los soldados occidentales hasta entonces.
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De la misma forma el temor reverencial a las muertes tanto propias, como del enemigo, hizo que las intervenciones occidentales contra los genocidios en Bosnia y en la antigua Yugoslavia estuvieran llenas de limitaciones que proporcionaron grandes ventajas operativas a sus adversarios.
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Por tanto, la toma de rehenes se convirtió en elemento fundamental de nuestra doctrina militar y de esa forma, mostrándolos descaradamente ante la prensa y la TV mundial, encadenamos a los prisioneros a instalaciones vitales, tanques, vehículos militares e incluso los hicimos subir a nuestros aviones de transporte y helicópteros.
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La espectacular seta atómica arrasó todo lo que existía a muchos kilómetros a la redonda y causó el horror de los cientos de millones de personas que estaban contemplando el espectáculo en directo a través de la TV.
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La búsqueda constante de otras maneras ‘baratas’ de atacar a los occidentales nos llevó a la guerra contra su medio ambiente. Empezamos con su agricultura porque era un blanco muy fácil ya que, como es lógico, no se sentía objetivo de ningún ataque. Esparcimos grandes cantidades de larvas de las moscas mediterránea, pulgones, hongos, tizones y royas sobre cultivos. De la misma forma, inoculamos secretamente la ganadería con enfermedades altamente contagiosas que hacían letal el consumo de su carne.
Y este de propina.
Como todos sabéis, esta fue la primera gran guerra en la que participaron gran cantidad de combatientes femeninos. Para llevar a cabo nuestro plan, capturamos a unos cuantos centenares de estas soldados. Sus familias y conciudadanos occidentales quedaron estupefactos con lo que hicimos a continuación: nuestras Brigadas Negras violaron a las prisioneras, amputaron sus pechos y quemaron sus caras con ácido. Aunque las hicimos sufrir horriblemente, tuvimos mucho cuidado de que no murieran. Les dijimos al mundo que nuestras mujeres habían sufrido también mucho en la catástrofe atómica. Nosotros nos postulamos como víctimas nucleares y ganamos la simpatía de muchos ciudadanos de todo el mundo, a pesar de los actos horribles que cometimos contra sus prisioneros.
A continuación devolvimos a los prisioneros a sus países de origen, en lo que nosotros ‘vendimos’ como ‘gesto humanitario’. Convertimos la repatriación en un ‘circo de medios’; de ninguna manera tratamos de ocultar lo que habíamos hecho con las prisioneras, incluso lo anunciamos con vídeos en Internet como un aviso de lo que podía suceder en el futuro.
Su truculencia no debe hacer olvidar que, desgraciadamente, es realista. Los dichos y los hechos del profeta sobrepasan ampliamente la atrocidad de lo que se cuenta ahí (ver Mojamé, ¿profeta o canalla?).
Por supuesto, hay que empezar a preparar a nuestros hijos e hijas para esto.




