Por si no sabíais que Fe, Esperanza y Caridad son las virtudes teologales, aquí va esta introducción “de catecismo”. Se cuenta que las tres religiones “de libro” (pido perdón por incluir a la secta satánica, pero así se la considera) se han especializado al respecto. Una pondría el énfasis en la Fe (la secta de Mojamé), otra en la Esperanza (el Juadíasmo) y la tercera en la Caridad (el Cristianismo, el católico, por supuesto).
El cuento de los tres anillos es una historia muy progre y muy bonita, sin embargo es solo literatura de ficción. No hubo tal herencia, sino un desarrollo histórico que empieza con el judaísmo mosaico, del que salen el cristianismo -iniciado por un judío (el Cristo) y refundado por otro (San Pablo)- y la secta mahometana. El paso de un religión basada en la Esperanza a otra basada en la Caridad ha sido alabado hasta por los secularistas más recalcitrantes. Uno de los más egregios ha sido el judío renegado de procedencia española, Espinosa, quien consideraba que el único contenido de la religión debía ser la obediencia a las leyes civiles y la caridad.
El énfasis en la Fe de los mahometanos, por el contrario, ha hecho salirse al mundo de quicio. Acabó con el imperio sasánida de Persia, con el Imperio Romano de Oriente, hostigó criminalmente al hinduismo (lo sigue haciendo), interrumpió el brillante desarrollo de la China, estuvo a punto de destruir la Cristiandad en su día y puede que consiga acabar con la actual Europa desalmada, a la que tiene adormecida con su veneno (Eurabia).
Los reproches que los dos hijos del judaísmo le hacen al padre son distintos. Para los cristianos son culpables de desoír al Cristo -y de deicidio para algunos-. Por su parte, los mahometanos han intentado quitarle la hierba de debajo de sus pies apropiándose -tergiversándolos- de sus textos y sus profetas. Según ellos, Adán, Abraham, Moisés y otros serían para ellos profetas musulmanes avant la lettre. De ellos trata el alcorán, y de Jesús -devenido Isa- penúltimo profeta, al que se reserva el privilegio de regresar al final de los tiempos, para anunciarlos.
Es decir, el mensaje cristiano pretende superar el judaísmo (nueva ley frente a la antigua); el mensaje de Mojamé pretende suplantarlo. Según algunos estudiosos, la causa estaría en la disputa de este con sus maestros judíos.
Para acabar con esta homilía dominical, os dejo unas reflexiones presentadas en 2003, en el Cuarto Día Europeo de la Cultura Judía y que incluyen una frase que dice “la Iglesia no reemplaza a Israel sino que está injertada el (judaísmo)”. Es del Instituto de relaciones Judeo-Cristianas, que tiene también muchos artículos en español. Por descontado no siempre ha sido esta la doctrina de la Iglesia.
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