Pusimos hace unas semanas un enlace al blog Castellano Actual, donde encontramos esta precisa explicación de la expresión “Santiago y cierra, España”. En esta ocasión encontramos un artículo en dos partes en que se muestra que no hubo un intercambio genético ni lingüístico con los árabes.
Respecto de este último hay montado un auténtico mito al respecto. Sin embargo, como nos cuentan:
Hemos descubierto que de las cuarenta y cuatro mil trescientas diez (44310) palabras de las que la RAE conoce o cree conocer su origen tan solo un 2´9%, es decir, mil trescientas (1300), siendo generosos, son de origen árabe. (…) el latín, junto con sus lenguas derivadas –las romances- suman treinta y ocho mil cuatrocientos sesenta y tres (38463) vocablos, un 86´8% de las palabras cuyo origen conoce la RAE. Las lenguas amerindias (nahua, mapuche, quechua…) tiene mil trescientas ochenta y ocho (1388), más que el árabe.
La propaganda de los conversos dice sin embargo otra cosa:
Un consejo para acabar: claro que es mejor con el DRAE, pero si se animan a buscar la lista completa de los vocablos castellanos de origen árabe en Internet, la encontrarán en varias páginas, en español, generalmente de propaganda musulmana. Si se reponen, como yo, del ataque de risa tras leer lo de “la superioridad de la lengua árabe sobre la latina”, ándense con ojo; en algunos de estos listados se incluyen palabras que no son del origen buscado. En castellano, admitidas por la RAE, existen mil ciento sesenta y tres (1163) palabras de directa ascendencia árabe y mil trescientas (1300) de origen directo e indirecto, no más. Así que, por ejemplo, ni “quiosco” (del pelvi, vía persa, vía turco y vía francés), ni “añicos” (del celta), ni “olé” (origen expresivo) ni demás “zarandajas” (latín, claro).
Lo que más me llama la atención es la ausencia de intercambio genético entre el invasor y los locales. El resto de los invasores se mezclaron con la población repartiendo sus genes –fue el caso de romanos y pueblos germánicos- pero no el de árabes ni bereberes:
Hay carga genética de la otra parte en cada una, claro, pero la evidencia es clara: ni los setecientos años de dominación árabe sirvieron para normalizar y establecer un flujo génico entre el Islam y el Cristianismo hispánico; las poblaciones no se mezclaron y, al contrario que con la invasión romana, fueron siete siglos de “ellos por su lado y nosotros por el nuestro”. La cultura latina fue, y sigue siendo, el verdadero pilar de la actual cultura hispánica. Su Derecho, su lengua, su pensamiento, sus instituciones, sus tradiciones –tamizadas por el Cristianismo-, hasta la comida nos viene de Roma.
Le pondría pero a la forma de contarlo. No se trata de que se mezclaran con los cristianos hispánicos, pero podían haberlo hecho con los conversos, lo muladíes. Tampoco lo hicieron. La sociedad andalusí estaba muy estratificada, con los árabes en la cúspoide, los bereberes debajo, los muladíes en el siguiente escalón y los dhimmíes cristianos y judíos como siervos.
El Islam es la ideología de la supremacía árabe, tras la islamización hay un proceso de arabización en el que los árabes de raza atacan a los hermanos de religión de otras razas, por ejemplo los negros de Sudán. No espere ningún converso neomorisco emparentar con ninguna árabe de buena familia.
El artículo niega también que la actual cultura española tenga una influencia árabe o musulmana mayor que la que tiene el resto del mundo occidental:
Los árabes estuvieron setecientos años en España. Sin embargo, (…) afirmamos que no queda nada cuantitativamente apreciable en la población española actual de la invasión musulmana de la península que no se haya extendido al resto del mundo.
(…) Ahí está la oveja –la madre del cordero-: el paso del tiempo y las relaciones europeas hicieron que nada que trajesen los árabes se quedase –de manera cuantitativamente apreciable- sólo en España. Lo hemos demostrado en la genética y lo desarrollamos más hoy, en nuestra lengua, nuestro campo. La recuperación de Aristóteles por parte de Averroes (un pensador mal visto por la ortodoxia musulmana de su tiempo) es impagable, inaprecible, pero hoy en día no tiene más influencia en España que en el resto del mundo. Y como esto, el resto.
En fin, un buen artículo para sacudirse el mito andalusí.
Léelo entero: España e Islam: dos caminos (I), España e Islam: dos caminos (y II)
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