Yo tenía un camarada. El P. Llanos, Torrente Ballester, Ruiz Jiménez, Haro Tecglen, etc. (y 3)

Seguimos con esto.

El caso del Padre Llanos, que murió comunista aun después de la caída del Muro, es de lo más espectacular. Estoy con Alonso:

p. 143 “pienso que Llanos fue el miembro de la Generación del 36 menos autocrítica y el más soberbio”

p. 147: “¿Qué le sucedió a Llanos para que el día de Nochebuena de 1955 decidiera meterse en el pozo del Tío Raimundo?”

(…) la sensación de frustración vital. La vía elegida por ellos no daba frutos. “

Ganan la guerra y no saben ganar la paz. Los héroes de dos de mayo no saben serlo los 365 días del año. Se les quedó en poco haberse salvado del paseo o de 50 años de comunismo. Como no pudieron pasar a Franco por la derecha, pasaron a Carrillo por la izquierda. Que tío.

De Torrente Ballester el autor del libro reproduce una entrevista larga que le hizo. Es muy interesante ver cómo se defiende el gallego. En efecto, no se sabe si sube o baja la escalera.

A Ruiz Jiménez me resulta difícil ponerle ningún pero. No se puede decir que escupiera sobre su pasado ni lo negara. Hago mías estas palabras suyas:

p. 178: “No eligen por capricho los pueblos la manera de salvarse. Es Dios quien marca los caminos y los modos. Andarse con remilgos de paz y componendas cuando hace falta heroísmo, es jugarse locamente la existencia y la honra. España lo entendió así y, en las horas decisivas, encontró siempre alerta a sus guerreros, bajo el solo hiriente de Castilla, como retoños permanentes del Cid”

Los dos tópicos del final desgracian la frase: primero, dar el protagonismo exclusivo a Castilla, lo que no es cierto, y, segundo, el sol hiriente de esta. Solo es hirienteen dos meses y en las horas del mediodía, al menos en Castilla la Vieja, la de verdad. Mucho más hiriente es el sol en todo el Mediterráneo español.

p. 181: “El canonista sevillano era una rara personalidad en el mundo católico. Como seguidor del pensamiento de Vitoria, Suárez y Las Casas representaba la superación de las dos tentaciones, la tradicionalista u la progresista, que en el práctica, y desde la oposición ala dictadura, se traducía como el compromiso entra la democracia y el catolicismo”

Las Casas está ahí de más. Tiene razón, los tradicionalistas españoles deberían haber tratado de recuperar no el absolutismo borbónico sino la evolución de las doctrinas políticas de la escolástica salmantina.

De Areilza –la oposición monárquica al Franco- nos transcribe un discurso del 37, en plena guerra:

p. 200: “… no se sabía que repugnaba más de ella[la villa de Bilbao]: si la ferocidad criminal de los rojos, con todo su estigma de barbarie asiática, o la hipocresía refinada de los nacionalistas vascos, con todo su cortejo fariseo de sotanas y agua bendita. (…) Ha caído, vencida para siempre, esa horrible pesadilla siniestra u atroz que se llama Euskadi, y que era una resultante del socialismo prietista, por un lado, y de la imbecilidad bizcaitarra, por otro. (…) Para siempre desaparecerá de nuestra tierra ese clérigo, secular o regular, que daba durante los últimos años el lamentable espectáculo de la traición a la Patria desde la gradas sacrosantas del altar”.

Están de vuelta.

p. 209: “a Salvador Paniker le confesó que el hombre más moderado que había habido en el régimen, en los últimos treinta años, había sido precisamente Franco, el gran moderador del franquismo”.

El capítulo X está dedicado a dos “niños de la guerra”, lo que aún no tenían edad para empuñar las armas durante la Guerra Civil. Se centra en dos casos, Castellet, del que no se nada, y Sastre, del que conozco su querencia etarra. La entrada de Wikipedia no menciona sus contactos con el falangismo, por supuesto. Era de estos tipos que quería seguir la guerra, la revolución o lo que fura:

p. 221: “Vivimos una vida muy tranquila, aterradoramente tranquila, y hay muchos interesados en que esto continúe así: empresarios y autores”

Palabras suyas, como estas:

p. 222: “El ciclo Benavente debió acabar con el primer disparo de 1936. Un nuevo teatro debió a anunciarse entonces”.

Le van los tiros, no es de extrañar que también le gusten los etarras. Así acaba el capítulo:

p. 225: “Su consigan ‘prefiero la sangre al pus’ Es la clave de su itinerarios intelectual ya decididamente revolucionario”.

Acaba el libro con una referencia a Triunfo y a Haro Tecglen. Se reproduce su Dies Irae, calificado, certeramente como “una muestra de la mejor literatura falangista”. Es un placer –aunque algo malsano- leerlo.

Para terminar, nos cuentan que Triunfo, la revista cultural de la izquierda en el tardofranquismo, fue financiada por el ex nazi Leon Degrelle.

Así es la historia. Descanse en paz, el franquismo. Es ya la hora de la historiografía, no de las condenas extemporáneas..

2 comentarios

  1. «Los dos tópicos del final desgracian la frase: primero, dar el protagonismo exclusivo a Castilla, lo que no es cierto, y, segundo, el sol hiriente de esta. Solo es hiriente en dos meses y en las horas del mediodía, al menos en Castilla la Vieja, la de verdad. Mucho más hiriente es el sol en todo el Mediterráneo español»

    No seas tan literalista. En esa referencia el interpelado sólo hace mención al poema del Cid autoría de M. Machado («Castilla»):

    «El ciego sol, la sed y la fatiga. Por la terrible estepa castellana. al destierro, con doce de los suyos,. polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga»

    Buen artículo. Un saludete.

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