Ecologismo, nazismo y comunismo

Impresionante el texto que he leído en Nueva Europa, en el que muestra como la ideología verde, la roja y la parda son lobos de la misma camada. El artículo está escrito desde un punto de vista liberal. Sin embargo, el radical pertenece al mismo grupo. Dejamos a parte al liberalismo conservador, pero al conservador de la tradición, no de la revolución.

En todo caso, unos estratos para animaros a leerlo entero:

… el marxismo y el nacionalsocialismo parten de idénticos principios, comparten el convencimiento de estar en posesión de la verdad absoluta –el marxismo incluso pretende elevar esta verdad a la categoría de ciencia-, persiguen también la “salvación” de la humanidad y no dudan por último en aniquilar a los grupos que se opongan, sociales unos y raciales otros. [El liberalismo no conservador también]

El pensador francés [Jean-François Revel] cita, entre otros muchos, tres rasgos del pensamiento marxista que interesaron especialmente a Hitler. El primero es el alegato a favor del genocidio que Engels realiza en un artículo publicado en la revista dirigida por Marx, Neue Rheinische Zeitung, en 1849 en el que defiende la desaparición de servios, bretones, vascos y escoceses. Por su parte, Marx aboga por este mismo método contra “esos pueblos moribundos” en Revolución y contrarrevolución de Alemania. La importancia de la raza es también un rasgo del marxismo que, de conocerse, sorprendería a sus adeptos. En la misma revista antes citada, Engels escribe en 1894 que “la raza es en sí un dato económico” y sostiene en las notas preparatorias del Anti-Dühring que la superioridad racial de los blancos es una verdad “científica”.

el régimen de Hitler fue el primero en proyectar leyes en favor de los animales, contra la caza y en defensa del entorno natural y lo hizo por voluntad personal de su máximo dirigente. Pero lo más sorprendente es que esta labor teórica y legislativa tiene una orientación doctrinal exactamente igual a la que defienden los movimientos ecologistas modernos y radicales, la llamada ecología profunda que condiciona la protección del medio ambiente a las transformaciones socialistas y, especialmente, a la abolición de la propiedad privada.

Este líder del movimiento antiglobalización [Barry Commoner] pretende salvar como sea las falacias marxistas y argumenta que si la ecuación del beneficio y el consiguiente incremento de la tasa de explotación no se han visto refrendados por la progresiva pauperización de la clase trabajadores es porque la sobreexplotación ha pasado del proletariado a la Tierra. [Lo tuve que leer dos veces para comprobar que había leído bien]

Las leyes nacionalsocialistas se elaboraron en los tres primeros años del régimen, la primera es de 1933 y se denomina Ley de Protección de los Animales, un año después se aprueba la Ley del Reich de la Caza y en 1935 entra en vigor la Ley de Protección de la Naturaleza.

… a diferencia de la legislación proteccionista europea de tipo humanista que ya existía en los años treinta, el régimen hitleriano “reconoce que el animal debe ser protegido en cuanto tal”, como textualmente dice la ley de 1933. Más claramente aparece el ecologismo profundo cuando el ideólogo nazi Schoenichen escribe que “durante siglos nos han ido hinchando la cabeza con la idea de que el progreso era defender el derecho de las tierras cultivadas, pero hoy en día hay que reivindicar los derechos de la naturaleza salvaje”.

Sin embargo, el record de la reacción se lo llevan algunos izquierdistas actuales, como por ejemplo John Zerzan, ideólogo del movimiento antiglobalización y líder de la revuelta de Seattle. Este supuesto filósofo y antropólogo norteamericano es autor de obras con títulos tan expresivos como Futuro primitivo y Malestar en el tiempo, y reivindica en ellas una naturaleza no corrompida por la civilización moderna, y no tan moderna porque su modelo utópico lo sitúa antes de la revolución del Neolítico. El nazismo no llegó nunca a ser tan reaccionario.

Lo dicho léelo entero: La Ecología, nazismo y marxismo.

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