De cómo los cristianos medievales inventaron la gestión moderna del tiempo: El Libro de la Horas u Oficio Divino.

La Edad Media como época de atraso es una construcción mental reciente de ilustrados (es decir, iluminados), ateos (es decir, de creyentes “degenerados”, solo se es ateo frente al teísmo), masones (es decir cristófobos que siguen rituales entre delirantes y satánicos) y gentes de mal vivir. La Edad Media, frente a la Antigüedad, fue una época de gran progreso tecnológico en la que aumentó la población europea y su vida media.

Nos hemos referido aquí a los molinos hidráulicos, la clave de todo el progreso mecánico europeo, la primera máquina “de gran potencia” capaz de superar las prestaciones de la energía muscular animal. Hoy vamos a hablar de otro invento clave en el progreso de la humanidad: el reloj. O mejor dicho, vamos a hablar de la organización del tiempo que hizo que fuera necesario el diseño de máquinas para medirlo.

Me refiero al Oficio Divino, la serie de rezos diarios que los monjes realizan a determinadas horas. Estos rezos, que consisten en salmos, cánticos y lecturas de la Biblia- se efectuaban siguiendo el Libro de las Horas, traducción del griego Horologion (literalmente, palabra o lectura de las horas). Esa misma palabra se usará en italiano, francés y español para referirse a los distintos mecanismos de medida del tiempo (orologio, horloge, reloj).

Le Livre d’Heures d’Isabeau de Roubaix

La entrada de wikipedia en español sobre las horas canónicas es bastante escueta. Las expone sin  entrar en detalles ni explicar cómo surgen. La entrada en inglés es bastante más completa. Nos cuenta que ya los judíos practicaban el recitado de oraciones a determinadas horas del día:

The practice of daily prayers grew from the Jewish practice of reciting prayers at set times of the day: for example, in the Book of Acts, Peter and John visit the Temple for the afternoon prayers (Acts 3:1). Psalm 119:164 states: “Seven times a day I praise you for your righteous laws.”

(…)

During the Babylonian Exile, when the Temple was no longer in use, the first synagogues were established, and the services (at fixed hours of the day) of Torah readings, psalms, and hymns began to evolve. This “sacrifice of praise” began to be substituted for the sacrifices of animals.

Por su parte, los cristianos recogen también la práctica comercial romana de abrir la jornada comercial con una campanada en el foro (nótese que Wall Street también la sigue en la actualidad):

In Roman cities, the bell in the forum rang the beginning of the business day at about six o’clock in the morning (Prime, the “first hour”), noted the day’s progress by striking again at about nine o’clock in the morning (Terce, the “third hour”), tolled for the lunch break at noon (Sext, the “sixth hour”), called the people back to work again at about three o’clock in the afternoon (None, the “ninth hour”), and rang the close of the business day at about six o’clock in the evening (the time for evening prayer).

Sobre la base de estas divisiones, los monasterios de la Edad Media introducirían un régimen diario sistemático de trabajo y oración, ora et labora, que constituiría el primer caso de gestión mecánica y racional del tiempo por el hombre.

In the West, St. Benedict in his famous Rule modelled his guidelines for the prayers on the customs of the basilicas of Rome. It was he who expounded the concept in Christian prayer of the inseparability of the spiritual life from the physical life. St. Benedict was known to have said “Orare est laborare, laborare est orare” (“To pray is to work, to work is to pray”)

El régimen de ciclos de oración y trabajo del monasterio también explica la introducción de tecnología para el ahorro de trabajo, como expone la tesis de Why did the Ancients not Develop Machinery? que estaba antes aquí (http://www.southwestern.edu/academic/classical.languages/rciv/machinery.html). pero que ya no está disponible… afortunadamente, tengo parte de su contenido. Esta es la clave:

Lewis Mumford thinks that the answer is to be found in that quintessentially medieval institution, the monastery. “The monastery,” he writes, “through its very other-worldliness, had a special incentive to develop mechanization. The monks sought . . . to avoid unnecessary labor in order to have more time and energy for meditation and prayer; and possibly their willing immersion in ritual predisposed them to mechanical (repetitious and standardized) solutions. Though they themselves were disciplined to regular work, they readily turned over to machinery those operations that could be performed without benefit of mind. Rewarding work they kept for themselves: manuscript copying, illumination, carving. Unrewarding work they turned over to the machine grinding, pounding, sawing.”

Es la tesis más razonable que he leído sobre la explicación de ese curioso fenómeno: los griegos y romanos apenas desarrollaron tecnologías, a pesar de sus avances científicos.

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También tenéis información y recursos para quien piense en rezarlo. Yo lo estoy rezando laudes y vísperas.

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Atención a este bello reloj de horas canónicas:

La primas son las seis de la mañana (amanecer), las vísperas, las seis de la tarde (anochecer). La sexta el medio día.

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