Centenario de la expulsión de los moriscos (1). Delirios neomoriscos

Nos dejó aquí (El año morisco) Arjún un artículo de los que acostumbra tratando el tema. En efecto, la clase poética y las «fuerzas progresistas de la cultura» han aprovechado para flagelarse y recusar la historia de España. No voy a poner enlaces, opuyes sería darles propaganda. Voy solo a traeros aquí la deposición ditirámbica de un neomorisco, llamado Almanzor Castillo Morón, del Foro Aben Humeya. Hasta el título se las trae: Nosotros los Moriscos. Veamos:

El recuerdo de Felipe III de Castilla y el mes de marzo de 1.609 son una mancha negra como el alquitrán en la Memoria Histórica de los moriscos desde la Patagonia a Perú, desde Turquía a Argelia, desde Marruecos al más recóndito pueblo andaluz donde quedan en sus calles, casas, campos, gastronomía, cultura y conciencia de andaluces que queremos ser lo que fuimos.

Más que de memoria histórica habría que hablar de delirio histórico. Los de los moriscos de la patagonia es antológico. Así como la confusión de andaluces y andalusíes. Lo que no entiendo es cómo puede ser que se consideren descendientes y se quejen de haber sido expulsados. Este curioso genocidio está plagado de supervivientes. Como el de las Américas.

Los sevillanos, los cordobeses, los granadinos, sienten y expresan su orgullo por la Al-Hambra, la Mezquita-Aljama, la Giralda…pero en general sólo sentimos pereza para conocer quiénes y cómo se construyeron esos monumentos y miles de otros en toda nuestra Nación desde Silves a Murcia, desde Puertollano a Gibraltar. El Estado con sus mecanismos de educación y de control nos ha lavado la Memoria. Admiramos los monumentos y despreciamos a la Civilización que los posibilitó.

Pues sí, admiramos las pirámides de los aztecas, y nos parecen horrorosos los sacrificios humanos.

El desconocimiento, cuando no el desprecio a nuestra cultura e historia en los ámbitos del saber (escuelas, institutos, universidades) es la norma. Lo excepcional es encontrar trabajos dignos y científicos sobre nosotros mismos.

No hombre, es al contrario. Hay una sobrevaloración escandalosa, y una maquinaria de propaganda kuy bien engrasada. Por la derecha tanto como por la izquierda.

En el vocabulario de todo andaluz hay miles de palabras y de expresiones que tienen su procedencia en nuestro pasado andalusí y morisco. Las utilizamos muy a menudo y la práctica totalidad de los andaluces, desconocemos porqué las expresamos, de dónde proceden.
Unos breves ejemplos:

– Decimos que un niño es un «cafre», proviene de la palabra kafir con la que se designa a todos los no musulmanes.

En efecto, un insulto que refleja el desprecio que gastaban los andalusíes contra los no musulmanes.

– Del cerdo me gustan hasta los andares. La inquisición entre otras cosas vigilaba y obligaba a los niños andaluces a comer manteca de cerdo. Una forma de sentirse «integrado» era hacer un canto a las excelencias de esa carne.

Ninguna evidencia hay al respecto, aunque comer cerdo tenía ese sentido. Sí, del cerdo nos gusta todo, sobre todo el jamón. Le recordamos al «morisco» que los mejores jamónes del mundo se producen en España, en particular en Andalucía. Camba, en su Casa de Luculo incluye un dicho parecido (¡Si el cerdo volara!) que pone en boca de un gallego ¿Será también un descendiente de moriscos aterrorizado por la Inquisición?

– Gandul, nos referimos a la persona muy vaga, floja y en plan despectivo a una profesión muy conocida. En árabe andalusí significa «soldado mercenario».

Es decir, los soldados mercenarios musulmanes eran vistos por los cristianos como gente peligrosa. Bonita convivencia de culturas.

– Irse de jarana o jaraneo. Lo decimos a ir de juerga, beber en abundancia, etc. Proviene de la palabra Haram (, malo, desaconsejable). En el Islam existe lo Halal, bueno, aconsejable y lo contrario, Haram.

La damos por buena.

– Moros en la costa, durante generaciones los moriscos expulsados volvían a las costas malagueñas, granadinas, almerienses a visitar a sus familias, a intentar quedarse o simplemente en una acción de represalia contra los ladrones que se habían quedado con sus propiedades y contra la iglesia. Las costas andaluzas están plagadas de torres vigías para prevenir la llegada de esos andaluces ansiosos de quedarse en su Patria.

Impresionate justificación de la piratería morisca.

– Ojalá, cuando queremos que un deseo cumpla. Del árabe insh´Allah, que Allah lo quiera.

Esta se la damos por buena también. Evitaremos la palabra.

– Olé, expresión que repetimos tres veces. Puede ser ante un buen cante flamenco, ante una buena corrida de toros, ante cualquier cosa que nos causa admiración. Los musulmanes ante cualquier situación semejante también decimos también tres veces Allahu Akbar, Allah es el más Grande.

También lo dicen al cortar el cuello a los infieles y al defecar.

– Quien tiene padrino se bautiza. La obligada cristianización de los andaluces tuvo diferentes formas y métodos. Si eran bautizos múltiples, por lo general en plazas, se les imponían los nombres que los conquistadores creían oportunos y se les adjudicaban apellidos del tipo de árboles frutales (manzano, cerezo, álamo, etc.), accidentes geográficos (río, monte, barranco, etc), de pueblos o ciudades (Jerez, Osuna, Antequera, etc) o simplemente motes.

Si el bautizado a la fuerza, ya era semiesclavo, dependía de un señor feudal castellano, se les daban sus apellidos, que podrían ser vascos o de los más castellanos, sin eso querer decir que su origen, alcurnia (de la palabra árabe al-cunia, origen, que no nobleza como se utiliza en castellano). Por eso si tenían padrinos esos andaluces, eran bautizados correctamente.

Es el mismo caso de negros americanos descendientes de esclavos, se llaman Jackson, o cualquier otro nombre anglosajón. El caso de cualquier indígena filipino o americano que con sus rasgos raciales propios, hoy se apellida Pérez o Martínez. En estos casos los rasgos raciales evidencian claramente de donde provienen. En el caso de nosotros andalusíes y moriscos, no había tales rasgos, éramos y somos europeos, ayer musulmanes y más tarde obligatoriamente cristianos nuevos.

Se contradice a sí mismo: se autizaba a todos, con padrino o sin e’l.

– Fulero o fullero, la RAE lo define así: persona falsa, embustera, o simplemente charlatana. En árabe andalusí zullero, significa «el que comete muchas faltas».

Otra interesante contribución lexica. En fin, conluye así:

Durante siglos con gobiernos de todos los signos, el Estado español ha utilizado y utiliza la misma arma: borrar toda Memoria Histórica de los andaluces y que nos creamos que somos los más y mejores «españoles».

Muchos nos negamos y reivindicamos y dignificamos nuestra pertenencia histórica, cultural y genética andalusí y morisca.

Lo dicho, la identificación entre andaluz y andalusí es incorrecta, pero no es ese el peligro. Lo grave es la ideología que trata de transmitir, la del andalucismo de Blas Infante, apoyada por ese PP, al que el «morisco» acusa de haber acabado con la «Memoria Historica».

En fin, leed el de Arjún para entender esto (El año morisco):

El tema de los moriscos y su expulsión constituye, a mi entender, una pieza de primera importancia en el proceso actualmente en curso de islamización de España. Este proceso que no es privativo de España, sino de gran parte de Europa Occidental, tiene en España una particularidad propia y casi única en el continente europeo: el antecedente del dominio musulmán de España durante cerca de 8 siglos. Esta circunstancia coloca a nuestro país en una situación distinta a aquellos países europeos que no tienen un pasado musulmán, o por decirlo así: que carecen de un capítulo musulmán en algún momento de su historia. Aquí la islamización adquiere para los islamistas una importancia muy particular, pues no se trata de conquista propiamente dicha de un territorio de infieles, sino de recuperación de un bien propio largamente expoliado: una vuelta a casa.

Pues eso.

11 comentarios

  1. genocidio.

    (Del gr. γένος, estirpe, y -cidio).

    1. m. Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad.

    Real Academia Española © Todos los derechos reservados

  2. A ver si alguien desarrolla más en serio ésto. Genocidio es lo que es.
    Que últimamente parece que darle un par de patadas a un palestino o a un indio o a un negro es un «Genocidio». El vulgo, la plebe, la masa, usan esta palabra alegremente como arma arrojadiza contra los que los medios de comunicación les dicen que hay que usarla. (Bush es un genocida, Putin es un genocida, Aznar es un genocida…. y así).

    Los genocidios de verdad pasan ignorados…. porque claro, el genocidio tiene eso: los matas a todos así que ¿quién queda para quejarse?

  3. Otra cosa. «Ojalá», desde que sé su procedencia trato por todos los medios de no usarla. Conscientemente la evito y la cambio por «espero que».

    Asco de alá y su mahoma mierdoso.

  4. Estoy contigo Joana..cualquier cosa es un genocidio..y el que es realmente algunos lo niegan,la expulsión de los moriscos es de lo mejor que ha pasado..gracias a eso se ha logrado un pais con plenos derechos,democrático,católico para el que quiere pero que al fin y al cabo no te impone el islam y ponerte a 4 patas a rezar..somos libres y no subyugados a ningún alá pedófilo

  5. Una observación que no se ha hecho, por si puede servir de dinamita contra los neomoriscos.

    Viene a cuento por lo de la confusión entre andaluz y andalusí y por lo del musulmán Blas Infante, supuesto «padre de la patria andaluza».

    La confusión entre andaluz y andalusí es interesadísima. Los neomoriscos saben la importancia de deslizar esta confusión dentro de sus discursos de resentimiento y conquista. Hace ya cuatro años tuve una discusión al respecto con un neomorisco y con un marroquí y ambos sostenían esta equivalencia. No hubo forma de hacerles entrar en razón y de que admitieran el hecho histórico innegable de que, en el siglo XII, igual de andalusí era un musulman de Tarragona que uno de Córdoba, mientras que andaluz hace referencia a una identidad muy posterior.

    Respecto a esto, el auténtico padre de la patria andaluza no es el musulmán Blas Infante sino el famoso secretario de estado de Fomento, Javier de Burgos, autor en 1833 de la división provincial que hoy impera (excepto para Canarias y para pequeños cambios de localidades) y de la posterior agrupación de esas provincias en regiones.

    Y así nació Andalucía, en 1833, no antes. Fruto de la unión de las cuatro provincias de la histórica Castilla Novísima (Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva) con otras cuatro provincias conformantes del antiguo Reino de Granada (Málaga, Granada, Jaén y Almería). Quién conozca un poco Andalucía sabrá que, a pesar de toda la propaganda institucional y toda la homogeneización cultural televisiva, cada una de estas zonas mantiene una identidad diferencia y una idiosincrasia propia, hecho que demuestra la artificialidad de esta comunidad autónoma, algo, por otra parte, común al resto de comunidades autónomas.

  6. «Viene a cuento por lo de la confusión entre andaluz y andalusí y por lo del musulmán Blas Infante, supuesto «padre de la patria andaluza».

    ¿ERAN ESPAÑOLES LOS MORISCOS? Serafín Fanjul

    «Antes de entrar en el fondo del asunto, debemos abordar una cuestión terminológica previa nada desdeñable. Me refiero a los equívocos de contenido creados y fomentados fuera de España en el uso de ciertas palabras a través de otras lenguas, en especial del francés. Lo que en este idioma se designa como “andalous” en español lo expresamos con dos términos netamente diferenciados: “andaluz” (habitante o perteneciente a la actual Andalucía) y “andalusí” (relativo a al-Andalus) que, a veces, matizamos diciendo “hispanoárabe”, “hispanomusulmán”, etc. O, de manera más genérica y popular, con la voz “moro”, que hasta el siglo XIX significaba sólo “musulmán” y “habitante del norte de África”, sin connotación peyorativa ninguna. Pero el éxito de andalous en escritores e historiadores franceses (nuestro puente hacia la Europa del siglo XIX) ha contribuido en gran medida a difundir un concepto sumamente erróneo: la existencia de una continuidad racial, social, cultural y anímica entre los andalusíes y los andaluces. De ahí ha derivado la confusión entre Andalucía y al-Andalus, que incluso los políticos andalucistas radicales manejan en la actualidad como si respondiera a una realidad tangible. Pero las objeciones a tal pretensión son dos y decisivas. La primera es que, en árabe, al-Andalus no significa “Andalucía” sino la Hispania islámica, fuera cual fuera su extensión (con la frontera en el Duero, siglo X, o en Algeciras, siglo XIV). La segunda, tan importante como la anterior, consiste en que la noción de Andalucía surge con la conquista cristiana del Valle del Guadalquivir en el siglo XIII y no aparece en los términos territoriales con que la conocemos hasta 1833 cuando la división regional y provincial de Javier de Burgos, todavía vigente, incorpora un territorio netamente diferenciado hasta entonces, el reino de Granada (Málaga, Almería, Granada y parte de Jaén) a Andalucía para formar una unidad administrativa mayor. De ahí el absurdo de imaginar una patria andaluza cuya identidad se pierde en la noche de los tiempos, con Argantonio bailando flamenco y Abderrahmán (cualquiera de ellos) deleitándose con el espíritu de los futuros versos de García Lorca. Una mera medida administrativa ha generado un concepto identitario. Pero Andalucía era una cosa y el reino de Granada, otra, como lo prueba, hasta la saciedad y el aburrimiento, toda la documentación existente (burocrática, histórica, literaria o de viajeros foráneos).»

    Texto completo en el enlace siguiente:

    http://layijadeneurabia.com/2009/05/22/andalucia-no-es-andalucia/

  7. «En el vocabulario de todo andaluz hay miles de palabras y de expresiones que tienen su procedencia en nuestro pasado andalusí y morisco. Las utilizamos muy a menudo y la práctica totalidad de los andaluces, desconocemos porqué las expresamos, de dónde proceden.»

    Aquí se escribe: …desconocemos POR QUÉ las expresamos… Empezamos mal si queremos dar lecciones de lengua.

    «De las cuarenta y cuatro mil trescientas diez (44310) palabras de las que la RAE conoce o cree conocer su origen, tan solo un 2´9%, es decir, mil trescientas (1300) son de origen árabe. Lo verdaderamente valioso de ese dato es que, por el contrario, el latín, junto con sus lenguas derivadas –las romances- suman treinta y ocho mil cuatrocientos sesenta y tres (38463) vocablos, un 86´8% de las palabras cuya ascendencia declara el RAE.»

    http://castellanoactual.blogspot.com/2006/11/espaa-e-islam-dos-caminos-y-ii.html

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