Pobre chica la que tienen que servir… especialmente a los jeques petroleros

No si conocéis la pícara habanera de la Menegilda (le llaman tango, pero a mi me parece habanera). Un clásico:

Pero la noticia no es precisamente del género cómico, sino del trágico (Bahréin, Omán: Las vidas de los trabajadores migrantes):

Francine Burlett, una escritora francesa radicada en Bahréin, tuvo una conversación con una mujer india llamada Yasmina en un vuelo de Mascate a Bahréin en mayo. Esta es la historia de Yasmina:

«No es fácil la vida en Chennai (India), donde vivo, tú sabes. Tengo dos hijas en el colegio. Un días, ellas serán doctoras. Pero para empezar hay que pagar, pagar y volver a pagar. […] Tú sabes, vengo de vivir casi dos años en Salalah, en Omán. Ayer dejé mi trabajo ahí. Estaba con una familia omanesa. La señora tenía 10 hijos -8 niñas y 2 niños- y en mayo va a tener su bebé número 11. ¿Te das cuenta? 11 niños… Es bonito eso. Pero yo no estaré ahí para ver si es niño o niña. Debo partir. Es duro dejarla sola, sin ayuda, tan cerca de su alumbramiento, pero yo no me puedo quedar.

Todas las noches, su marido venía a mi cuarto. Todas las noches yo le decía: «Yo soy tu empleada, no tu esposa. Regresa a tu casa, tu mujer te necesita. Regresa a tu cama. Tú no tienes derecho de hacerme esto. Déjame descansar, estoy cansada…». ¿Te imaginas? Diez hijos, el trabajo de la casa, la cocina, lavar cada día toneladas de dishdashas y de abbayas para planchar, las toallas, los pañales de tela, las servilletas… Pero tu sabes, no me importa trabajar. Yo no sé hacer otra cosa. Soy valiente. No tengo miedo del trabajo pesado. Pero en la noche, él no tenía derecho de hacerme eso. Tocarme, molestarme. No logré que dejara de hacerlo. No me puse lo suficientemente fuerte… Tuve que decidirme a hacer algo. Rápido.

Tú ves, los empleados de casa como yo que vienen de la India, de Sri Lanka, de Somalia o de las Filipinas, tienen dos meses de prueba y después ya no pueden anular su contrato, regresarse. Nuestros pasaportes están en manos de nuestros empleadores y si ellos no quieren dejarnos ir, no podemos hacer nada. Debes honrar tu contrato de dos años antes de poder regresar a casa. Es la ley. Yo les dije que quería partir antes del fin del periodo de prueba, que era mi derecho. A pesar de todo, el señor no quería.

Entonces, inicié una huelga de hambre. Durante 5 días, no salí de mi cuarto, no comí, ni bebí, no me lavé. Llamaron al médico. y fue él quien llamó a la policía. Listo. Me acompañaron hasta el aeropuerto. El señor debió pagar mi pasaje de avión hasta casa, devolverme mi pasaporte. Es la ley. Pero el señor estuvo furioso hasta el final, tú sabes. Yo no sé leer. En mi pasaje yo no podía saber qué decía. Fue acá, en el embarque, que la aeromoza de Gulfair me dijo que yo partía hacía Ramanathapuram, y no a Chennai, mi ciudad. ¿Puedes creer eso? Me negué a embarcar. ¿Para ir a dónde? ¿A una ciudad que no conozco, sin dinero, sin nadie, a 600km de casa… Felizmente, la policía pagó el pasaje de Ramanathapuram a Chennai. El señor deberá reembolsar. Han sido correctos, esos policías, tú sabes. Eran 60 Rials (120€) adicionales… ¡un mes de mi sueldo!

Ya tengo 5 años en Dubáï donde he hecho un «jump» (hacer un un «jumping»: partir de la casa del empleador, dejándole el pasaporte, para aceptar un puesto en otro lado, más lucrativo pero ilegal). Trabajé dos años en Arabia Saudita, dos años en Omán antes. Hablo árabe fluidamente. Si necesitas a alguien, no dudes en llamarme a Chennai. Yo iré. Me caes bien. Pero no tan rápido. Primero quiero ver a mis hijas y descansar un poco… «.

Impresionante, y se trata de una «hermana musulmana».

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