La apuesta de la tercera Yijad: O César o nada

También, o Imperio o nada. Se trata del título de un artículo en que se hace una reseña del libro Islamic imperialism: A history, de Efraim Karsh, que presenta al Islam no como religión sino como el respaldo ideológico de un proyecto político imperialista y propone que la relación es tan, tan estrecha que no podría sobrevivir sin ese proyecto imperial.

Y volvemos con ello al tema de las relaciones de religión e imperio, que según Eduardo son “inseparables” en el cristianismo. El cristianismo ha podido sobrevivir sin respaldo imperial, como fe privada, mientras que la secta mahometana –según la tesis de este libro- desaparecería si se redujera a fe privada, es decir sin proyecto político.

Este es un resumen de lo que considero más significativo del artículo:

Primero, hay una advertencia sobre la peligrosidad potencial de los llamados “musulmanes moderados”. Se presenta les compara con el famoso historiógrafo comunista Eric Hobsbawm. Se trata de un tipo amable que se comporta como un caballero en las reuniones sociales: “no tienes que contar las cucharas de plata después de invitarlo a cenar” aunque sea partidario de eliminar la propiedad privada. Sin embargo, es un marxista militante que elogia la experiencia soviética, capaz de crear una sociedad socialista próspera. Teniendo en cuenta que el experimento costó más 20 millones de vidas, es de suponer que, llegado el caso, si hubiera un revolución comunista en los EE. UU., Hobsman colaboraría gustosamente… Lo mismo puede suceder con nuestro “moderado” vecino mahometano.

La tesis principal de Karsh propone que, desde el principio, el Islam fue un pretexto para justificar diversas ambiciones políticas personales y dinásticas. Lo sigue siendo: no hay solución de continuidad entre las razzias de Mojamé contra las caravanas y los atentados y extorsiones de los actuales “palestinos”.

Una consideración importante: El Islam nunca ha conseguido eliminar las luchas de poder dentro del propio mundo musulmán. La sucesión de dinastías es impresionante: Los regímenes islámicos, que suelen empezar asociados a los principios ascéticos del “Islam del desierto” degeneran, invariablemente, en dinastías corruptas entregadas al lujo y a los privilegios. La teoría de la historia de Ibn Jaldún está inspirada en este fenómeno típicamente musulmán [este comentario es mío]. El Islam-religión se puede considerar, por tanto, un epifenómeno que cubre y encubre las luchas políticas.

Karsh vacila, dice el artículo, entre considerar al Islam otro imperialismo de rapiña más y un tipo especial de imperialismo con “algo especial”. En todo caso, entre las propuestas sobre ese “algo especial”, están la sumisión absoluta del hombre a un Dios que ya ha dicho todo y ha entregado a su profeta la copia del libro que está escrito en el cielo desde el inicio de los tiempos. No hay posibilidad de compromisos con el Islam, solo de treguas cuando este no es suficientemente fuerte.

La solución sería que los mahometanos, en particular los árabes, renunciaran a sus sueños panislámicos e hicieran del Islam una fe privada. Y la cuestión clave es si el Islam puede reducirse a una fe privada. Esto es dudoso; para el autor no es posible, desaparecería. Así que la apuesta de esta tercera Yijad, que podría ser definitiva, sería todo o nada. O Cesar, o nada.

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El artículo me resulta tremendamente desasosegante. Es bien sabido que en toda confrontación hay que dejar al enemigo una salida. Pero ¿y si ese enemigo rechaza cualquier compromiso? ¿No resultaría entonces un ejercicio de autoengaño –y una pérdida lamentable de recursos- ayudar a construirle ese puente que no va a utilizar? ¿Es prudente autorizarles la predicación y la apertura de mezquitas en Europa esperando que prediquen la reforma sin exigir a cambio reciprocidad, para empezar, el cese de la persecución de cristianos en los países mahometanos?

Desgraciadamente, en cuestiones de estrategia la elección buena nunca es obvia en el momento de tomarla. De todas formas creo que esperar a estas alturas que el Islam se reforme pasándole la mano por el lomo es como esperar que los tigres coman lechuga.

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