Tariq Ramadán y el Mundo, la desfachatez asistida por el servilismo

Es un artículo viejo, 11 de junio de 2005, que leo en El Mundo, lo firma Tariq Ramadán, que aprovecha los atentados de Londres para sermoneanos e instárnos a hacer un esfuerzo de comprensión hacia los mahometanos que viven entre nosotros. Creo que merece reproducirlo y hacerle un repaso. Mis comentarios están en negrita:

Vivir juntos requiere esfuerzos, TARIQ RAMADAN

El mensaje de los criminales que atentaron en Londres es evidente: «Podemos golpear a las sociedades occidentales desde dentro; nadie está a salvo del terrorismo; contamos con los medios para elegir el momento más conveniente, los lugares más convenientes, los símbolos más convenientes». Debemos reconocer que su mensaje, al día siguiente del anuncio de la victoria de Londres para albergar los Juegos Olímpicos de 2012, ha sido contundente y terrorífico.

El objetivo de estos atentados es obligarnos a que nos demos cuenta de lo frágiles que son nuestras sociedades. Es a partir de esta sensación de fragilidad de donde surge el miedo; el miedo por uno mismo y el miedo hacia el otro. Bueno, no ha sido el caso de los londinenses. Ante una amenaza cabe someterse o defenderse. Es lógico que un mahometano nos aconseje la primera, ya que el Islam significa sumisión, de hecho defenderse del Islam es ya agresión para los mahometanos y se paga con la muerte.

El miércoles, los londinenses se sintieron unidos en la alegría. Ahora tenemos que hacer frente al riesgo de que el miedo les lleve a erigir muros de duda e incomprensión entre ellos. Todos sin excepción podrían llegar a tener la sensación de que pueden ser víctimas de los otros: de los extremistas musulmanes por una parte; del rechazo y el racismo por otra. De nuevo estamos ante un non sequitur: Ahora, los amenazados, tenemos que hacer frente a la amenaza islámica… o rendirnos, como el propone solapadamente

Quienes defendieron la teoría del choque de civilizaciones serán los auténticos triunfadores si dejamos que se empiece a sospechar de los seguidores de otras creencias religiosas y otras culturas. Una teoría se refuta mostrando que es falsa. La teoría del choque de civilizaciones es bastante acertada, tan acertada como cierto es que el mundo mahometano no tiene una sola frontera en paz, desde sus mismos orígenes. Pero además, Huntington propone precisamente medidas para evitar en lo posible ese choque. Nos esta mintiendo usted, Sr. Ramadán.

¿Dónde reside nuestra fuerza y dónde residirá en el futuro? En primer lugar, debemos condenar estos atentados con la mayor energía; los musulmanes, al unísono con toda la sociedad británica. Ahora bien, condenarlos no es suficiente. Nuestros valores, nuestras sociedades, nuestro futuro en común exigen que seamos conscientes de las responsabilidades que compartimos. ¿Qué “futuro en común” han tenido las sociedades que han dejado penetrar a los mahometanos como Ramadán, sino la sumisión como paso previo a la desaparición? ¿Pretende Ramadán hacernos creer que ignora qué es la dimitud?

Cierto, Londres es una sociedad multicultural pero, en común con el resto de Europa, sólo preservará su equilibrio pluralista mediante el compromiso personal de cada uno de nosotros en su vida diaria dentro de su propia comunidad. Cierto, Londonistán está plagada de predicadores del odio mahometano. ¿Y cuándo se pluralizará el Islam?

Los musulmanes deben hacer oír su voz y explicar quiénes son, cuáles son sus creencias, qué es lo que defienden, cuál es el sentido de su vida. Deben tener el valor de denunciar lo que determinados musulmanes dicen y hacen en nombre de su religión. No van a tranquilizar a sus conciudadanos sólo con pretender que son «como ellos», sólo con decir lo que los demás quieren oír, sólo con volverse invisibles. Tienen que reafirmar su identidad, rechazar los discursos simplistas, fomentar el entendimiento crítico y autocrítico y salir de sus guetos intelectuales, religiosos y sociales. Nosotros también estamos mostrando sus creencias, las malas mañas de su sedicente profeta ¿De verdad cree que los mahometanos van a denunciar a sus hermanos ante los infieles? No es el caso, como usted bien sabe. Además irían contra el Alcorán.

Es imprescindible que las sociedades europeas vean que los musulmanes europeos se implican en las cuestiones de la sociedad de hoy: la participación ciudadana, la escuela, el desempleo… Su fuerza debe residir en negarse a ser víctimas y en convertirse en ciudadanos activos, políticamente comprometidos tanto a escala nacional como internacional. Pero, ¿cómo lo van a ver si viven aparte?

En el nombre de la supremacía de la Ley, de la democracia y de los Derechos Humanos, no podemos aceptar que los derechos de los individuos (árabes o musulmanes) sean pisoteados o que sectores de la población sean señalados como blanco u objeto de discriminación en nombre de la guerra contra el terrorismo. Hombre, si se trata de derechos humanos vamos a empezar a exigirlos en el mundo musulmán, que por cierto tiene una declaración de derechos particular e inaceptable para una sociedad abierta.

La fuerza de las sociedades democráticas descansa en su capacidad de conocer cómo resistir con toda firmeza a los extremismos al mismo tiempo que en la de actuar dentro del respeto a la justicia en los medios utilizados para combatir el terrorismo. Justicia conmutativa es lo que pido que se aplique, no la de Mojamé

Lograremos alcanzar este equilibrio sólo si, una vez superada la conmoción por este atentado, todos y cada uno de los ciudadanos hacen el esfuerzo correspondiente por conocer mejor a su vecino, es decir, sus diferencias, su complejidad, sus valores y sus esperanzas. ¿De verdad cree que con esto cesarán las bombas?

No basta con que los sectores progresistas, de ideas más abiertas, proclamen que esto no es obra del Islam. Es urgente que esos sectores salgan al encuentro de los musulmanes y actúen codo con codo con ellos en el plano práctico, de manera concreta y a diario. Hombre, esos progresistas (y otros que no lo son tanto) lo llevan haciendo 30 años, ¿de verdad no habrá oído Ramadán hablar de Eurabia?, Léalo, le citan a usted varias veces.

Cada vez son más y más los europeos que se vuelven pasivos, que se consuelan a sí mismos con promesas solemnes y discursos idealistas: demandan medidas concretas contra el terrorismo pero piensan que eso de «vivir en comunidad» irá llegando sin esfuerzo, como por arte de magia. Lamentablemente es cierta la pasividad suicida. Lo que no entiendo es lo de “vivir en comunidad”, ¿se refiere usted a la Umma, la comunidad de musulmanes?. En nuestras sociedades vivimos “en libertad”, ¿cómo vamos a vivir en comunidad con gentes que que tienen tabúes alimenticios y no se emparejan con infieles? Podemos vivir al lado, nunca en comunidad, y hasta el momento tampoco ha sido posible vivir en sociedad

El terrorismo caerá con enorme estrépito encima de todos nosotros si no conseguimos entender que una sociedad pluralista exige el compromiso personal y diario de todos y cada uno de los ciudadanos. No insista, ni hable en plural: son los musulmanes quienes han de hacer ese esfuerzo, en sus países de origen para empezar.

Los asesinos seguirán asesinando, de eso no cabe duda, pero hemos de ser capaces de responderles con una demostración de que nuestra experiencia de la fraternidad humana y del respeto mutuo es más fuerte que su mensaje de odio. Nuestras vidas serán frágiles, pero nuestro compromiso con nuestros ideales es inquebrantable. Mire Tariq, ¿es esto que cuentan de tí cierto?

¡Así que vivir juntos requiere esfuerzos!. No se refiere a los que vienen de fuera, por supuesto. Y nos lo advierte aunque son minoría y mientras nos ponen bombas…

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Otra cosa. Este es el pie explicativo con que El Mundo obsequia a Ramadán.

Tariq Ramadán, estudioso del mundo musulmán y autor de libros como Western muslims and the future of islam (Los musulmanes occidentales y el futuro del islam).

¿Estudioso del Islam? ¿Un teórico? Aristóteles diferenciaba el saber sobre asuntos que son como son y no podemos cambiar, como la geometría, y sobre asuntos prácticos que podemos cambiar con nuestras acciones, como la ética y la política. Los saberes sobre cosas que no podemos cambiar se llaman teoría. El theoros era quien contemplaba los juegos desde el asiento, sin participar.

No señores de El Mundo, Ramadán no es un teórico, sino un predicador que sabe que nada hay más práctico que una buena teoría. Ramadán es un islamista, un predicador incansable de la sumisión, también de la suya.

8 comentarios

  1. No es por nada, pero Ramadan habla también de autocrítica. Yo no veo nada en su discurso que lo haga tan demagógico ni tan inaceptable. ¿Va a ser sólo la dhimmitud ésa?

    No habla como un predicador emboscado, lo que dice es muy razonable. Otra cosa es el grado de honestidad de la creencia de Ramadan en lo que dice, que con ciertos musulmanes nunca se sabe. Pero no tiene por qué ser falso. No hay tanto motivo para sospecharlo, creo yo.

    Y me parece muy demagógico lo de los «tabúes alimentarios». Allá los musulmanes con sus tabúes, mientras no se lo impongan a nadie que no los quiera. Lo mismo puede decirse de lo de no casarse con no musulmanes, lo que objetivamente no me parece una costumbre aceptable, desde luego, pero que puede cambiar y de hecho ha cambiado en algunos casos (aún pocos, eso sí).

    AMDG, tienes que entender que muchos de los musulmanes que viven en Occidente no son como los de sus países nativos. El contacto de un musulmán con nuestra cultura supone un impacto muy fuerte para él, ya que viene de un entorno social más o menos teocrático, y ello puede hacerle adoptar tres posturas frente a nuestra sociedad: o se «integra sin integrarse», es decir, permanece aquí pero no se mezcla y sigue llevando el mismo estilo de vida que en su lugar de origen (lo que hace la mayoría); o experimenta esta nueva realidad, descubre que es incompatible con sus concepciones y se vuelca hacia el fundamentalismo; o decide afrontar constructivamente la diferencia y mantiene su identidad pero abriéndose a lo bueno, renunciando a muchos lastres y prejuicios inútiles e integrándose no traumáticamente. Esta última es la actitud correcta, y no porque sean todavía muy pocos los que la adopten vamos a darles la espalda a todos.

    Muchos afortunadamente van cambiando, y eso es bueno. No todo es «estrategia sibilina» por parte de los musulmanes, ni todo debe ser desconfianza por la nuestra.

  2. Vaya, gracias por llamarme progre, Fingolfin. No pasa todos los días que a uno le llamen algo que ni se le pasaria por la cabeza ser.

    Lo que sí soy es bastante conservador. Para lo bueno y para lo malo. Ante todo, trato de ser humanista. O humano a secas.

    Supongo que tú también desconoces que en la Biblia se dicen cosas maravillosas pero también hay frases muy cafres (menos que en el Islam, desde luego). Y que los cristianos (también los agnósticos, pues la tradición cultural cristiana nos afecta a todos los europeos incluso aunque no seamos creyentes) no somos integristas respecto a la fe, sino moderados, porque NO INTERPRETAMOS LITERALMENTE EL LIBRO SAGRADO, que es lo que hace el fundamentalismo (CUALQUIER fundamentalismo).

    Y el Islam está hoy en la situación en que se encuentra porque esa interpretación literal, fundamentalizante, del Corán predomina sobre cualquier otra visión, más crítica y moderada, menos teocrática. Los musulmanes, todavía hoy, tienden a tomar lo que dice el Corán como verdad revelada y absoluta, sin ubicar el libro en un contexto histórico (para ellos, es la escritura expresa de Dios). Pero si esa interpretación cambia, el mundo musulmán puede evolucionar SIN RENUNCIAR A SER MUSULMÁN.

    Progre, Fingolfin, es decir que todo el mundo es bueno y que las distintas morales que rigen en las sociedades son aceptables todas ellas y comparables entre sí. No es así. Es obvio que la mentalidad de la mayoría de comunidades musulmanes hoy es inaceptable desde la perspectiva de los derechos humanos. Pero eso no implica que el Islam no pueda reformarse. Hay que tener confianza en esa perspectiva, siempre, pero sin perder el sentido crítico.

    No es bueno prejuzgar a nadie por lo que tú has querido entender de un comentario (cosa que, si no recuerdo mal, he hecho yo contigo alguna otra vez, así que debemos estar en paces).

  3. AMDG: No niego en absoluto las conexiones que Ramadan ha tenido, y seguramente siga teniendo aún, con la ideología islamista. Las conozco. Pero repito: la gente cambia. Y si, aunque la desconfianza esté muy fundada, despreciamos todo signo de apertura

    Es un tema enrevesado y peligroso, ya lo sé. Pero no hay otra solución. No se puede legitimar el integrismo ni dejar de perseguir a los terroristas, pero tampoco negarse a atender los signos positivos de cambio que vienen del seno de los intelectuales islámicos y del mundo musulmán en general. Insisto: NO DEL TERRORISMO. De quienes, sin serlo (y sin ser siquiera integristas, aunque a veces coqueteen con ellos), den muestras de autocrítica y de verdadera disposición al debate. Ambas cosas son necesarias para que el Islam evolucione y el integrismo deje de suponer un peligro (y no sólo para los europeos y occidentales).

    ¿Dhimmitud?. Bueno, no lo sé. Yo no pienso que esto lo sea. Más bien creo que es una actitud receptiva pero no ingenua, algo mucho más complejo y delicado.

  4. No creo que el caso de Ramadan sea comparable al de Otegi y ETA.

    Ramadan sería más bien equiparable al PNV o a Aralar: podemos estar en contra de sus ideas (yo de hecho lo estoy, y mucho), pero asimilarlos a Batasuna o a ETA es un error que contribuye a agravar el problema del nacionalismo violento tanto como el pensar que hay que dialogar con los terroristas o sus representantes.

    Con esto del islamismo, lo que sucede es exactamente idéntico. No estoy en absoluto a favor de la visión del mundo de alguien como Ramadán, pero no se debe confundir a un terrorista islámico, o a un intelectual o político que apoya a dicho terrorismo, con Ramadan (que, al igual que una gran mayoría de musulmanes, demasiados, está lastrado por percepciones de corte integrista). Esto destruye los puentes que pueden ayudar a Occidente a protegerse del fundamentalismo y al Islam a rechazarlo y modernizarse.

    Al fanático, sobre todo al que practica la violencia, no hay que darle ni agua y se le debe perseguir y castigar sin tregua. Pero al que no lo es, incluso si ha mostrado simpatías difusas o condescendencias de algún tipo con el fanatismo, hay que dejarle siempre (con precaución) una puerta abierta. ¿Es difícil? Sí, pero es tan necesario como lo otro.

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