Las dos controversias más relevantes que he protagonizado en Eurabian News (que yo recuerdo), han sido Protestantes y mahometanos (2) (continuada en Mi último post) e Iglesia e Imperio.
La primera se debió a una lista de “sorprendentes” coincidencias entre protestantes y mahometanos. La segunda a un quítame allá esas pajas sobre el grado en el que el Cristianismo ha usado de la coacción para extenderse.
Acabo de leer un excelente artículo, Las mentiras de Lutero (la película). En la que encuentro esto:
Cayetano. —Entonces, ¿consideras tu malestar más importante que la supervivencia de la cristiandad?
Lutero. —¡A mí sólo me interesa la verdad!
Cayetano. —¡¿La verdad?! Los turcos reúnen ejércitos en nuestras fronteras del este. Estamos al borde de la guerra. Al oeste hay un mundo de almas que nunca ha oído el nombre de Cristo. ¡Esa es la única verdad! La cristiandad se desmorona y cuanto más necesitamos la unidad, ¡tú creas confusión!
¡Cómo han cambiado las tornas! Si ese diálogo fuera así, yo, católico, sería ahora el que exige que se investigue la verdad: en este caso las coincidencias entre estas dos herejías. Pero ahora se me acusa que eso no toca, porque equivale en abrir divisiones internas en la lucha contra “el turco”. ¿Tampoco vamos a poder decir que Lutero solo pudo predicar debido a que el Emperador estaba atareado en la contención del Turco?
El problema no es la búsqueda de la verdad en una discusión (de hecho, en nuestra controversia no se buscó tal, ya que se renunció a refutar, matizar o poner las coincidencias en un contexto que las neutralizara), sino que esa «verdad» solo puede imponerse aprovechando las ventajas dadas por la agresión del Turco al oponente.

El artículo vuelve posteriormente sobre aquella respuesta, que analiza en mayor detalle:
Este discurso en boca de un cardenal debería escandalizar a cualquier creyente. ¿Es esa toda la verdad? ¿Al final todo se reduce a política? ¿Dónde quedan los méritos de Cristo? ¿De dónde procede el tesoro de la Iglesia? ¿Tiene un origen divino o sus riquezas tan sólo proceden de la administración del monopolio de la fe? ¿A quién abrirá las puertas de los cielos San Pedro el llavero: a los que compren indulgencias para combatir a los turcos o a los que crean con fe firme en Dios creador y en su Hijo resucitado?
Si para cualquier materialista las últimas palabras de Cayetano son una verdadera enseñanza de política real, al creyente le resultarán escandalosas y altamente turbadoras, por no decir impúdicas, aunque esto sólo sería posible en el caso de que el creyente estuviese en el secreto y, por tanto, dejase de serlo. Así pues, la buena imagen que el espectador materialista se forma de Cayetano al escuchar las palabras que los guionistas ponen en su boca, se torna inquietante y totalmente detestable para el creyente, siendo esta reacción la que buscan los guionistas. Pero frente al cardenal se encuentra Lutero, representando la gran esperanza de salvación y de una creencia renovada y fiel tan sólo al Evangelio, en ausencia de cualquier interés de carácter temporal. Resultará redundante repetir de nuevo el diagnóstico de proselitismo que atribuimos a esta película.
Pero no hay tal contradicción, ante una agresión bélica solo vale una mayor fuerza bélica (salvo para aquellos que están seguros de la intervención de Dios en su defensa, como explica Espinosa en su Tratado Teológico Político, o que fíen todo del Non praevalerunt). Sin que esto equivalga a equipar Islam y Cristianismo en lo que concierne al uso de la coacción en el ejercicio del proselitismo.
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