Obama, totalitarismo disfrazado de benevolencia

Yo me pregunto cómo se puede escribir un artículo como este, después de todo lo que se abe del candidato: La carrera hacia la Casa Blanca. No creo que se haya dado cuenta del tufillo totalitario del mensaje de Obama:

«En una semana podemos poner punto final a las políticas que no han dudado al dividir una nación para ganar elecciones, que han tratado de enfrentar a una región con otra, a las ciudades con los pueblos, a los republicanos con los demócratas; punto final a las políticas que nos ofrecían miedo cuando necesitábamos esperanzas. En una semana, en este momento decisivo de nuestra historia, podemos darle a este país el cambio que necesita», afirma.

¿Quiere decir que quiere superar la escisión de la vida política en partidos? ¿No ha sido siempre esa la tentación totalitaria del socialismo? El plumilla, a pesar de estar radicado en Washington, no se quiere enterar de todo lo que está pasando:

Se trata de la versión más cautivadora de Obama, del excepcional político que, contra el pronóstico de todos, esparció una semilla regeneradora por todo el país y está a punto de recoger los frutos de su trabajo, tan sorprendente como meticuloso.

Estamos buenos. A ver qué pasa mañana, aunque nunca puedo evitar pensar que la cosa está tan mal que cuanto mejor peor, pues antes veremos el desenlace de esta Tercera Yijad.

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