Denuncian el aumento del extremismo islámico en la cárcel de Topas

No es la primera vez:

Los representantes de las secciones sindicales de la cárcel salmantina de Topas mantendrán mañana miércoles una reunión con el subdelegado del Gobierno, Jesús Málaga, con el fin de denunciar el auge de los movimientos radicales islámicos en el interior de la misma prisión en la que recientemente se ha desactivado una célula de extremistas dedicada al reclutamiento de posibles terroristas.

 

En un comunicado remitido desde el sindicato Acaip, los trabajadores señalan que esta célula se encontraba perfectamente organizada «para coaccionar a otros internos de su misma religión, llegando incluso a la agresión, con el fin de hacerles cumplir la Ley Islámica en sentido estricto», pero afirman que no es un problema aislado y que en el interior de la cárcel se vive «una situación gravísima».

 

Así, Acaip asegura que internos de credo islámico radical se han «apropiado» de espacios comunes para su uso exclusivo y entiende que «bajo actos de una pretendidamente inocente apariencia religiosa», como rezar en grupo, algunos internos de orientación radical pueden «organizarse y montar auténticas escuelas de comportamientos integristas».

 

El sindicato asegura que en los últimos meses se ha permitido a algunos internos «ocupar salas que fueron diseñadas como las escuelas en algunos módulos», espacios que han sido acondicionados «a modo de mezquitas, con el suelo totalmente alfombrado con mantas del centro, donde entraban descalzos, mostrándose muy molestos cuando los funcionarios accedíamos o cuando tocábamos los Coranes».

 

«Frases integristas»

 

Además, Acaip afirma que «no es infrecuente la existencia de notas en árabe o incluso español, con frases que hacen apología integrista».

 

En cualquier caso, el sindicato señala que el elevado número de internos de religión musulmana promueve peligrosas asociaciones entre los reclusos, «capaces de organizarse incluso ante la presencia de los trabajadores, ya que se comunican continuamente en árabe», idioma que es desconocido para los trabajadores.

 

Problemas a los que hay que sumar la saturación de un centro, que teóricamente fue construido para un máximo de 1.200 internos y alberga a más de 1.8000, y la escasez de personal que padece desde hace tiempo, lo que se traduce en «situaciones de extremada peligrosidad tanto para internos como para trabajadores», según Acaip.

¿A qué esperan para mandarlos a su país de origen, con sus familias?

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