José María Marco, “La libertad traicionada, Siete ensayos españoles”: Miguel de Unamuno (1864-1936), La España celestial

La libertad traicionada
La libertad traicionada

Este es el cuarto artículo de la serie Gracias y desgracias del liberalismo hispano, o “La libertad traicionada, Siete ensayos españoles” de José María Marco.

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Unamuno fue culo de mal asiento, dispensando. Ex-liberal, ex-católico, ex-socialista, ex-monárquico…

p. 136:

«En 1901 alcanza el rectorado de la Universidad de Salamanca. Entonces, garantizado el reconocimiento social, se consolida para siempre su imagen de cuáquero, vestido de negro, con el cuello blanco de clergyman y la barba recortada. Ya está cuajado el personaje Unamuno: puritano, de mirada soberbia, resentido contra un mundo que le ha arrebatado la fe y con ella la posibilidad de felicidad».

Buen retrato.

P. 160:

«En su nueva línea doceañista, Unamuno evocará con complacencia la frase célebre de Romero Alpuente, el exaltadísimo liberal del siglo pasado según el cual ‘la guerra civil es un don del cielo’«.

El golpismo liberal al descubierto. Doceañistas son los partidarios de la constitución de 1812… Negro sobre blanco.

p. 169:

«Ese mismo año [1914] había sufrido un percance muy serio: la destitución de su cargo de rector, que llevaba ocupando catorce años, por el ministro Francisco Bergamín. La destitución era perfectamente legítima, obedeciera o no a motivos políticos, porque el cargo de rector universitario era de libre designación por el ministro».

Pues sí, catorce años son muchos años en un cargo público de libre designación. Unamuno se debió creer que era vitalicio.

p. 170:

«En 1909, tras las salvajadas cometidas en Barcelona, los tribunales ordenaron el ajusticiamiento del anarquista Ferrer Guardiola. Toda la Europa progresista se movilizó entonces en contra de lo que consideró el renacer de la España negra, de la Inquisición y los autos de fe«.

Nada nuevo bajo el sol. Los mismos que pocos después matarían gente por miles en la guerra mundial por un quítame allá esas pajas diplomático se escandalizan ahora porque una nación soberana imponga la ley y el orden.

Unamuno y Azaña hicieron propaganda a favor de la participación de España en la guerra del lado de los aliados, «para superar el aislamiento». Pacifistas.

En las páginas 177 y 179 nos cuentan de los insultos dirigidos por Unamuno al rey y a Primo de Rivera. Patético. Le destierran. Regresa con el fin de la dictadura, y lo hace insultando. También despotricará después contra la República.

p. 186:

«Ya en abril diez días después de proclamado el nuevo régimen con lo que se ha llamado la gran fiesta popular, diagnostica: ‘la guerra civil es, gracias a Dios, inevitable’«.

En el 36 apoya el golpe de estado. Muere ese mismo año, si no le hubiera dado tiempo también de ser antifranquista.

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