Así eran las Semanas Santas de antes

DE aquí.

Yo solo me acuerdo de las matracas (no se tocaban las campanas) y del velado de las imágenes con paños morados. En los templos católicos modernos no hace falta esto último; están casi tan despojados como los protestantes. Os dejo algo del principio, del medio y del final:

… En las distintas partes de España, la conmemoración de los grandes misterios de nuestra redención se preparaba ya con antelación según el genio y las costumbres de cada región: en Andalucía, por ejemplo, las cofradías aderezaban los pasos de las procesiones; en Valencia la cremà de las Fallas en el día de San José marcaba el final de los festejos de la primavera y el ingreso real y de lleno en la cuaresma; en Cataluña, donde las procesiones no son tan vistosas ni están tan arraigadas como en el sur, la vida cotidiana, sin embargo, estaba imbuida del espíritu austero del tiempo penitencial.

La Semana Santa iba precedida de la Semana de Pasión, caracterizada por cubrirse con velos morados los crucifijos y las imágenes de las iglesias como señal de luto anticipado por la Muerte de Jesucristo, próxima a conmemorarse. El Viernes llamado de Dolores, dedicado a los padecimientos y la soledad de la Virgen, era ya la antesala de la Semana Santa. En estos días que la precedían las familias se apresuraban a adquirir las palmas y palmones para el gran día del Domingo de Ramos. Los niños se entusiasmaban con la perspectiva de llevar esos entrelazados adornos que constituían para ellos una experiencia fuera de lo común en un tiempo en el que la imaginación infantil se bastaba con las cosas sencillas.

Antes de la reforma de Pío XII de 1955, todos los ritos del Triduo Sacro tenían lugar por la mañana. La víspera de cada uno de esos tres días -Jueves Santo, Viernes de Parasceve y Sábado de Gloria- se celebrara por la tarde el llamado “Oficio de Tinieblas”, que recibía tal nombre por la progresiva extinción de las luces del candelabro triangular de quince velas o lucernario y la iluminación de la iglesia, de modo que ésta quedaba al final completamente a obscuras. Las personas piadosas solían acudir a dicho oficio y, más de una vez, llevaban a sus niños, que quedaban imbuidos de un sentimiento de sobrecogimiento y misterio: ¡tanta era la plasticidad y simbolismo de la liturgia!

Tradiciones todas con un profundo simbolismo y sentido religioso que, rodeaba antaño la Semana Santa y que se va perdiendo a favor de una consideración totalmente profana de la misma como un período de ocio, sin ningún referente a los misterios cristianos. Son estos días propicios para que los obispos y pastores mediten en qué parte de culpa pueden tener en esto y qué ha de hacerse para paliar o remediar la galopante desacralización de estos días tan trascendentales para los católicos.

Pues sí. Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. Me acuerdo de unas vacaciones de Semana Santa en Jerez, hace quizás 15 años (aunque me parece ayer), en las que iban las señoras con peineta, los adolescentes con corbata y las bodegas estaban cerradas al público. Me indignó semejante desconsideración hacia el turista accidental, que se tenía que volver de vacaciones sin haberlas visitado…

Evocaciones de la Semana Santa

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