La casi totalidad de los 35 pronunciamientos a lo largo del siglo XIX tuvieron (salvo cinco) carácter exaltado, progresista o republicano. En suma, liberal; como Losantos y Vidal.

Lo tratamos aquí (España, s. XIX: Carlistas 3, Liberales 17), pero lo vuelvo a leer en este intereante artículo de Moa que os recomiendo (Azaña y la tradición jacobina)

Algo indica el hecho de que este movimiento [jacobino] naciera con el golpe militar de 1820, o que volviera al poder, en 1836, con otro golpe, el de los sargentos de La Granja, organizado por Mendizábal a base de crudos sobornos. Fueron los jacobinos quienes crearon y cultivaron la tradición del golpismo militar, los pronunciamientos, causa y resultado a la vez de la inestabilidad política en la España del siglo XIX. Ya antes de triunfar con el de Riego lo habían intentado cuatro veces, y la casi totalidad de los 35 pronunciamientos a lo largo de ese siglo tuvieron (salvo cinco) carácter exaltado, progresista o republicano. Cuando en 1930 los conspiradores se reúnan en San Sebastián para traer la II República, lo primero en que pensarán será en un golpe militar*.

*Por esta razón, el político e intelectual pro franquista G. Fernández de la Mora, en una reseña del libro de M. Alonso Baquer El modelo español de pronunciamiento, concluye, comentando la observación de S. Payne sobre el carácter «monárquico, católico y conservador» del país: «Y para hacerlo republicano, agnóstico y revolucionario había que recurrir a la fuerza y torcer su voluntad» (1)

Sin embargo, si le preguntáis a cualquier niño de derechas (o niñas para el caso), os dirá que la culpa de la inestabilidad política decimonónica fue de los carlistas. Y si no os lo creéis aquí está: ¿Ignorancia histórica, víctimas de la “educación para la ciudadanía”? Las nuevas generaciones de la derecha católica parecen haber estudiado historia en las logias masónicas

1 comentario

  1. No sólo la «inestabilidad» decimonónica en España es consecuencia de la obra de destrucción del liberalismo en el s. XIX, sino que la pérdida definitiva de las Américas fue igualmente culpa suya. Ellos, sin embargo, echan la culpa a las guerras carlistas, que «debilitaron al país».

    No hay más que hacer un estudio detenido de las fechas, y ver cómo la Logia Lautaro, conspiradora separatista, nace en la ciudad de Cádiz en 1811, cómo el pronunciamiento de Riego de 1820, en que iba con un ejército entero a América, ocasiona que los movimientos independiententistas cobren alas y se recrudezcan cuando se los podía haber aplastado, cómo luego en 1868 (La Gloriosa) cobra alas la revolución cubana.

    Sin embargo, la culpa siempre es y será de los carlistas. Mejor chivo expiatorio no puede haber.

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  1. La otra historia del liberalismo espa

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