Inglaterra, el país que se odia

Sigo con la serie de artículos sobre el multiculturalismo que el Nacional Post de Canadá ha publicado tras la detención de 17 musulmanes de procedencia extranjera. Según algún medio canadiense se trataba de “ciudadanos representativos de de una amplio estrato de la sociedad”. No sabía yo que vistieran así las canadienses.

En este caso se trata del artículo de Mellanie Phillips (autora de Londonistan), quien examina los estragos que la ideología multiculti está causando en Reino Unido, y que debería servir de modelo a Canadá [y a nosotros…].

También en Reino Unido han insistido los medios en que los atentados del 7/7 se debieron a la “islamofobia occidental”, a la “guerra de Irak” [una guerra sin batallas] y a la pobreza [de la que tendríamos la culpa, como si no pagáramos el petróleo al precio de mercado]. A la vez, los mismos medios evitan referirse al fanatismo musulmán y sus amenazas directas a nosotros.

Sin embargo, “el inglés medio” –a diferencia de sus “élites”- encuentra difícil entender que unos chicos nacidos en Gran Bretaña, criados en Gran bretaña, de clase media, con una buena formación y trabajo se decidan a matar a más de 50 pasajeros del metro suicidándose a mayor gloria del Islam que tendríamos que amar. Igual de difícil les resulta entender que el 26% de los musulmanes residentes en su país no sientan lealtad alguna hacia el Reino Unido, que 3.000 de ellos hayan recibido entrenamiento terrorista en campos de al Qaeda, y que 16.000 estén implicados en actividades terroristas.

Esto se ha producido por la dejación de las élites autóctonas, que han pasado a trabajar ideológicamente en contra de nuestra cultura. Los valores y la historia nacionales han dejado de enseñarse, sustituidos por la doctrina multicultural. Los derechos de las minorías han pasado a imponerse por encima de los derechos individuales típicos de la ciudadanía liberal. La inmigración ha empezado a entrar de forma descontrolada, a pesar de las declaraciones retóricas a favor de la contención.

Estos tres factores han llevado a la separación étnica, religiosa y cultural de las comunidades de emigrantes; es decir, a la balcanización de las áreas urbanas, principal destino de los inmigrantes. De ello se ha seguido el completo aislamiento de la comunidad religiosa más peligrosa, la musulmana. El multiculturalismo y la simpatía de las izquierdas han sido aprovechadas por ellos para invertir los términos, presentado su agresión como maniobra defensiva. Así, la situación de atraso de los musulmanes se debería a una conspiración judía que actúa por medio de Occidente, en especial de Norteamérica.

La izquierda cultural ha proporcionado la gasolina ideológica necesaria a los islamistas, pero sobre todo, el narcótico que ha hecho que las poblaciones occidentales no se hayan defendido hasta el momento. La invasión de Irak y el conflicto palestino son la disculpa, no la causa de la agresión musulmana. La causa está en la doctrina de conquista militar del Islam.

Aunque Occidente respete las prácticas religiosas del Islam, debe eliminar sus pretensiones políticas y perseguir la predicación de la violencia y la agresión musulmanas. Pero antes que nada, debe desactivar la mentira multiculturalista. En caso contrario, nuestra cultura marchará sonámbula hacia su destrucción.

The country that hates itself ¿Y yo que pensaba que eso sucedía solo en España?

1 comentario

  1. Lo peor es que se está creando un caldo de cultivo excelente para partidos extremistas como el de Le Pen, pero en España, Gran Bretaña, etc. Y me pregunto que pasará si lleguen al poder. Porque desde luego, tras los disturbios de Francia, la gente corriente y moliente que es la que de verdad lo siente no se va a quedar con los brazos cruzados.

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