
Continúo esto.
Para Sócrates las virtudes se reducían a la prudencia: conocimiento de lo que es bueno y malo; la malicia era considerada simple ignorancia. Kant, por el contrario, afirmará que la prudencia no tiene nada que ver con la moral, la cual se reduce al seguimiento de un riguroso imperativo categórico.
La prudencia-phronesys no está delimitada aún de otras virtudes intelectuales hasta Aristóteles. Este la separa de la sophia y de la techné (saberes teórico y productivo), relacionándola con el saber conducirse en asuntos prácticos, los de la vida personal y social.
En un arrebato analítico, Sto. Tomas distingue 5 partes en la prudencia: memoria, inteligencia, previsión, circunspección y precaución. Además estudia la imprudencia.
En el s. XVI, especialmente en España (Gracián, Quevedo), la prudencia pasa a ser prudencia mundana e incluirá la simulación y la astucia. De ahí se deriva el casuismo moral: esa destreza minimalista en permanecer en el límite de lo permitido sin caer en lo prohibido. De esta forma le llega el desprestigio.
Kant le quitará la consideración de virtud moral.
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Aparece con los griegos como diké. Es primariamente el orden de la physis (naturaleza), que incluye la polis (sociedad) y las cosas humanas y se relaciona con una concepción rítmico-religiosa del tiempo. Es decir, consiste originariamente en el ajustamiento del comportamiento al orden natural del cosmos.
Así, en La República de Platón, se trata de la justicia en la ciudad y se aplican las conclusiones al alma humana. La justicia es la proporción de las virtudes del alma: sabiduría (del alma racional), valentía (del alma irascible) y templanza (del alma concupiscible). En la ciudad, la justicia era la conjunción de la sabiduría de los gobernantes, la valentía de los guardianes y la templanza de los productores.
El ajustamiento del comportamiento habrá de hacerse conforme a los (i) dioses o destino, (ii) los demás y (iii) uno mismo. La justicia propiamente dicha es la segunda, pero las otras extensiones son muy interesantes. De una parte, la justicia se extiende al orden del mundo (estoicismo), de la otra a uno mismo: y es que “la caridad bien entendida, empieza por uno mismo”.
Para Sto. Tomás, la relación ajustada del todo y las partes tiene dos aspectos:
– Justicia distributiva de las partes en relación con el todo, y
– Justicia conmutativa de las partes entre sí.
Se trata por tanto de una virtud geométrica, en la que se habla de igualdad, proporción, compensación, reglamento, rectitud, mediación, término medio, restitución.
Además, esta tarea de la justicia, igualdad, restitución es infinita en el tiempo. El ajustamiento debe ser continuo, ya que no se puede alcanzar un orden definitivo. Todo lo humano está en movimiento. Detalle este que pone de manifiesto el buen sentido de los escolásticos.
Quedan Fortaleza y Templanza.
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