Creo que a partir de ahora podemos dejar de hablar de Bélgica y referirnos a Flandes, Valonia y Bruselas por separado. Hoy hablamos de Flandes donde los españoles ponían las picas tiempo ha y donde hoy ponen cimitarras los marroquíes. Nos llega la noticia de que los ginecólogos están algo más que inquietos por la insistencia de los musulmanes de que solo una ginecóloga trate a sus mujeres, en particular asista a los partos. Por cierto, los musulmanes tampoco están presentes nunca durante el parto de su propia mujer (o mujeres), porque se lo prohibió Mojamé.
No es la primera vez que damos una noticia similar. Ha sucedido en Holanda y en Francia. La profesión de ginecólogo está empezando a ser de alto riesgo en las zonas con población musulmana. En este caso nos cuentan que todos los días hay algún musulmán que exige que el parto de su parienta sea atendido por una ginecóloga. Ha habido algún caso en que el ginecólogo ha tenido que dar las instrucciones a las matronas desde detrás de una cortina, bajo la estricta vigilancia del moro, y en algún otro ha sido perseguido por prestar asistencia médica a su señora.
Las trifulcas son frecuentes. En algún caso el médico ha tenido que perder el tiempo, la paciencia y hasta los nervios dando explicaciones al moro en situaciones de urgencia. Más de una vez ha habido que despertar a una ginecóloga porque el moro insiste y no hay determinación para leerle sus derechos, o quizás sea que se temen las consabidas acusaciones de xenofobia, racismo y discriminación.
Cuentan además que son los inmigrantes recientes los más exigentes; seguramente también los jóvenes, lo que pone de manifiesto la fanatización creciente de los musulmanes.
Flanders: Refusing male gynecologists
Tags: Bélgica, Inmigración, Mujer por AMDG
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