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La vida de un musulmán durante el ramadán

No hace falta traducirlo…

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La mejor reseña que he leído de la manifa del 11-S en Bruselas

Escrita por un danés residente en Bruselas y publicada por el Brussels Journal. Merece la pena leerla para completar otras reseñas citadas aquí (Reflexiones sobre la manifestación de 11-S).

En la disputa habida entre los organizadores (SIOE) y el Vlaamms Belang se pone de parte de los primeros, pero dejémolos a un lado, yo no estoy tan seguro. Lo más curioso es el relato del encuentro de los manifestantes con el alcalde en un café:

I had the fine opportunity after he had asked where we all came from, to ask his table what ‘Freedom of Speech’ meant. Some shook their heads and then I repeated in French, then to humiliate him further I told them it reminded me of a return to the 1930’s and that I thought the mayor was behaving like a Fascist — I let it sink in, and then I added that “you know, we have got no Fascists in Denmark, but we love cartoons and we still have got freedom of expression.”

Y lo mejor de todo que el movimiento se extiende:

The whole thing was worth it and with SIOE to start in Poland, the Czech Republic, Belgium and Russia, it was decided to reject all political parties with the rational decision that SIOE can’t support any political parties but all political parties can support SIOE and speak their cause — As Anders Gravers illustrated to a journalist asking him if he was rightwing he asked back “Tell me if it is rightwing or leftwing to be against stoning?”

Me fío cada vez más de los países del Este, incluida Rusia.

On the 11th of September I Broke the Law

PS: Por cierto, ¿os queréis creer que la foto de arriba no aparece en Google?

Holanda: Inmigrantes turcos que regresan a su país

Aquí está la gráfica:

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Han pasado de 2000 a 5000 al año. De ellos unos 2000 vuelven a Turquía. No creo que sea una buena noticia. Los que se van son los mejor preparados, los más emprendedores y probablemente los más seculares. Algunos de estos se quejan de que han hecho todo lo posible para ser aceptados, pero lo ven imposible.

Netherlands: Back to Turkey

VINO Y SALUD.

Reproduzco aquí el capítulo 41 del libro 43 Temas sobre el Vino de un conocido mío,  lanzándole un guante a la mentalmente estreñida Ministra de Sanidad, que ha amenazado con prohibir prohibir la utilización del argumento de bebida saludable en la publicidad del vino.

Os animo además a que compréis y regaléis el libro, pues el gusto por el vino -como por el jamón- es también un freno a la extensión del Islam. He quitado solo algunos cuadros y tablas difíciles de integrar en el texto. En todo caso, el libro se lo merece, y las navidades están casi a la vista.

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“Toda sustancia es veneno, nada hay inocuo; solo la dosis distingue el remedio del veneno.” Paracelsus, Defensiones III,  2

Si en los países católicos, el pecado de toda la vida ha sido el sexo, en los protestantes, su lugar lo ha ocupado el vino. Detrás de ello hay, cómo no, razones económicas: el vino en esos países es un producto extranjero, de importación, cuyo disfrute se asocia con un tipo de vida distendido, con el dolce far niente incompatible con la productividad.               

El vino se compone básicamente de agua y alcohol, y en los vinos dulces, azúcar. Además, hay de un dos a un tres por ciento de sustancias en las que, como se indicó en el anterior capítulo, residen las principales virtudes del vino.

La condena moral y a veces social del vino es consecuencia de su contenido de alcohol etílico, cuyos efectos en el bebedor. El alcohol se absorbe directamente por los tejidos de la boca y del estómago, por eso su efecto es tan rápido, no pasa por todo el proceso de digestión. Ya en el mismo estómago, el alcohol empieza a degradarse por la acción de una enzima que elimina hasta un 30% del alcohol ingerido. Si el estómago está lleno, se produce una disminución de la absorción debido a la actividad estomacal, por eso hace menos efecto el vino al tomarlo en las comidas.

El alcohol que pasa a la sangre es eliminado en parte por la orina. El resto se metaboliza y aprovecha como recurso energético, a razón de un gramo de alcohol por kilo de peso y cada veinticuatro horas. Cada gramo de alcohol proporciona 7 kilocalorías. Previamente, el alcohol debe pasar por el hígado, que puede procesar hasta 7 gramos de alcohol por hora. Advertimos aquí que de esas cifras resultan unas cantidades de consumo que pueden estar muy por encima del consumo máximo sin riesgo recomendable para una persona de vida sedentaria o trabajo intelectual.

A pesar del debido respeto que al alcohol hay que guardar, diversos estudios han puesto de manifiesto los efectos beneficiosos para la salud del consumo moderado de vino: de vicio y pecado, ha pasado a ser una medicina… Después de minuciosas investigaciones, se concluye lo mismo que la coincidencia entre las palabras apoteca, botica y bodega, nos dejaba entrever en las culturas con más solera.

El efecto beneficioso del vino sobre la salud era conocido desde antiguo -de hecho los vinos quinados se llamaban medicinales-, pero no había sido puesto de manifiesto de forma estadística, o quizás no se le había encontrado al fenómeno un nombre atractivo, como paradoja francesa [La demostración estadística es lo que realmente convence a los bárbaros del norte; y el nombre atractivo, lo que les permite difundirlo como mensaje publicitario. Las monjas de las etiquetas de las quinas, ya no surten efecto hoy en día sobre los sujetos sujetos por la superestructura cultural de la market democracy, que Dios guarde..], hasta la publicación en 1989 de un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En él se mostraba que la mortalidad prematura por causas coronarias en Francia era más parecida a la de países como Japón, que a la de otros del norte de Europa. Todo ello, a pesar de que los franceses tienen el mismo nivel de colesterol en la sangre, y de consumo de grasas, que el resto de los europeos.

Esta “paradoja francesa” se resolvió suponiendo que el descenso de mortalidad tenía su causa en el consumo de vino, sensiblemente superior en Francia que en los otros países.

Los estudios continuaron. Recientemente se ha publicado en el British Medical Journal otro, realizado en Dinamarca, que muestra que el efecto no proviene tanto del alcohol en general, como del vino. Según este estudio, el riesgo de accidente coronario y cerebrovascular -no se incluye el riesgo de accidente hepático- se reduce tomando hasta 3 a 5 copas al día. O sea, por encima de lo que se suele considerar consumo moderado. No obstante, el estudio advierte que sólo 62 personas, de las 13.000 sobre las que se hizo el estudio, estaban en esas condiciones, lo que resta significación estadística al resultado, y pone de manifiesto la templanza general del aficionado al vino (salvo que se deba a los precios que en esas latitudes alcanza el vino).

Por tanto, si las virtudes del vino no provienen del alcohol, se supone que deben proceder de ese 2 a 3% del que se habló antes, y que incluye taninos, sustancias colorantes, etc. En cualquier caso, una reducción del 40% en el riesgo de muerte prematura por infarto o derrame cerebral al tomar dos copas de vino, y entre un 15 y un 20% de reducción en la muerte prematura por todas las causas, no está nada mal. De hecho, se desconoce la existencia de algún fármaco capaz de hacer lo mismo, y en cualquier caso, no tendría ningún valor gustativo, si no fuera netamente repugnante. Esto sitúa a la bodega por delante de la botica… esperemos que el Colegio de Farmacéuticos no estanque la venta del morapio.

Otro estudio ha mostrado que quienes beben 1 a 2 copas de vino al día tienen un 65% menos de riesgo de resfriarse que los abstemios. Otro, que incrementa la proporción del colesterol bueno, el de alta densidad… Ciertamente, el entusiasmo que suscita el vino sede ser más que una simple autojustificación de los médicos, “gastrónomos por estado” que decía Brillat-Savarin: “Esperados siempre con impaciencia, reciben agasajos calurosos… les dan el pico como a los pichones, se dejan querer, a los seis meses se han acostumbrado y quedan convertidos irremisiblemente en gastrónomos”. No en vano, cierto dicho galénico quiere que sea alcohólico “aquel que bebe más que su médico”.

Debemos advertir, no obstante, que poner de manifiesto, o mostrar estadísticamente, no se debe confundir con demostrar científicamente. De hecho ha habido contrainformes en la propia OMS, propiciados por una corriente de opinión que considera al alcohol perjudicial desde la primera copa, pretendiendo que dado que no se sabe cuál es el límite máximo, hay que reducir el consumo al mínimo, es decir a cero.

Esta severidad maniquea, impensable en esos médicos tradicionales a los que se desviaban los capones que anteriormente iban a la rectoral, es inaceptable, ya que indica una absoluta ignorancia de las implicaciones históricas, culturales, sociales, económicas y psicológicas de la bebida, y en especial del vino. Respecto del vino, hay que aceptar una solución de compromiso, reconociendo que es una encrucijada en la cual se encuentran el medicamento, el alimento y el tóxico [No vamos a ocultar que, llevado al extremo, el alcohol puede acarrear graves problemas (úlceras, cirrosis, pancreatitis, hipertensión, anemia, avitaminosis, impotencia, polineuritis…) y que es una droga dura comparable a cualquier otra, que ha causado estragos en algunas comunidades humanas, que han tenido la desgracia de ponerse frente a la nuestra. Pero por otro lado, cada sociedad tiene su droga, cuyo consumo sigue unas pautas establecidas por la cultura de esa sociedad, que minimizan el impacto negativo de su consumo sin tasa.]. Hacemos aquí referencia a la cita que abre el capítulo 34, sospechosísima. Parece ser que la droga popular de la Grecia antigua era el opio. El vino se introdujo posteriormente, generando una enorme controversia (ver la Historia de las drogas, de Escohotado). Además, se trataba de vinos con aditivos, solo así se entiende que hubiera que rebajarlos tanto.

Propugnar la abstención total de alcohol, aparte de ser maliciosamente irrespetuoso con civilizaciones varias veces milenarias, es propio de quien desconoce el contraste de hipótesis. Evidentemente, aunque el 100% de los alcohólicos haya empezado bebiendo moderadamente, el porcentaje de bebedores moderados que puedan acabar enfermos por exceso de consumo es mínimo, mejor sería estudiar las causas por las que ese pequeño porcentaje de la población se “da a la bebida”. En cualquier caso, estamos convencidos de que el fomento del consumo hedónico del vino es la mejor forma de reducirlo…

También es sabido que el agua fue hasta hace poco una bebida muy peligrosa por su poca salubridad, y aún sigue siéndolo en los países del Tercer Mundo, respecto de los cuales hay estudios que muestran que más de la mitad de las muertes se relacionan con infecciones causadas por consumo de agua en malas condiciones higiénicas. Sin embargo a nadie se le ocurre condenar su consumo…

A pesar de todo esto, no se puede ocultar que hay un máximo en la ingesta de alcohol, a partir del cual se corre un riesgo evidente. Se suele indicar como cantidad máxima sin riesgo 21 copas semanales, en el caso de los hombres, y 14 en el de las mujeres. También se dice que un consumo moderado de alcohol está entre 20 y 40 gramos por día, dependiendo de cada persona. Teniendo en cuenta que cada grado de alcohol equivale a 8 gramos por litro, un vino de 12% vol. tiene 96 gramos por litro, por lo que esos gramos de alcohol equivalen a entre 0,2 y 0,4 litros, es decir, entre un cuarto y la mitad de una botella… de tres cuartos.

Tradicionalmente, una de las preguntas usuales de los médicos era “¿cuánto bebe?”, que solía ser contestada con cierto asombro y un ambiguo “pues…, lo normal”. Actualmente, existe un indicador sin trampa del riesgo de daño hepático que corre una persona: las transaminasas. 

Las transaminasas son unas enzimas que están en los hepatocitos, células del hígado. La función de estas es neutralizar las sustancias tóxicas, para evitar que dañen al organismo. Si la cantidad de tóxico es excesiva, las células del hígado se rompen, liberando las transaminasas, cuya concentración en sangre aumenta. Las células del hígado se regeneran, pero si este proceso se repite frecuentemente, no recuperan su forma inicial, y el tejido hepático degenera, lo que se conoce con el nombre de cirrosis.

En los análisis de sangre, aparecen tres tipos de transaminasas, con nombre enrevesado, por lo que son más conocidos por sus acrónimos: GOT, GPT y Gamma-GT. La última es muy sensible al consumo de alcohol. De forma que, si la noche anterior al análisis de sangre, se toma una cantidad considerable de alcohol, su valor será muy alto al día siguiente. Las dos primeras indican un daño hepático más instaurado a consecuencia de la ingestión prolongada de una  cantidad de alcohol excesiva.

Los valores máximos sin riesgo de estas transaminasas, que se miden en unidades internacionales por litro, dependen del procedimiento de medida del laboratorio al que se encargan. En los informes médicos, el valor medido aparece acompañado del máximo aconsejable, que puede ser función de la edad y otras variables. En general la GOT y la GPT no deben pasar de 50 y la GT de 40. Los días anteriores al análisis se debe consumir la cantidad habitual de alcohol, para que los valores sean plenamente indicativos.

Conviene advertir que las transaminasas indican daño hepático en general, la causa de esto puede estar, no solo en el alcohol, sino también en algún fármaco, virus o cálculos de la vesícula, cuyos efectos se sumarían a los de aquél.

En resumen, no hay cosa mejor para la salud que beber buen vino; como además proporciona unas satisfacciones impagables, no nos contentaremos con menos que el máximo sin riesgos: “De lo buono, poco, ma questo poco, abbondante…”. Y a las autoridades les recordaríamos que la mejor forma de prevenir el alcoholismo es promover el consumo hedónico del vino: en España, el actual descenso del consumo de vino es simultáneo a un aumento de la preocupación por el alcoholismo juvenil, provocado por el consumo lúdico de destilados de bajo valor gustativo.

Sin embargo, fíjense bien, cuando en nuestra televisión se habla de alcoholismo, se sigue poniendo la imagen del camarero -mal afeitado y hasta mal encarado- sirviendo una copa de vino de frasca…