Antes de entrar en harina en el tema siempre penoso de la expulsión de los judíos españoles, voy a realizar una crítica de algunas posturas, como este artículo de Le Monde que JP Quiñonero repica acríticamente en su blog.
El artículo empieza con una novela lacrimógena sobre el dolor que la expulsión causó a los judíos, cosa que nadie pone en cuestión. Sí, los judíos se sentían en España mejor que nunca se habían sentido en ningún otro sitio, pero dedicar medio artículo a ablandar al lector con un asunto que está por encima de toda discusión no parece ser la mejor forma de encauzar el debate racional.
Pasada más de la mitad, el autor nos informa de que estaban siendo perseguidos por toda Europa, que ya habían sido expulsados de Francia e Inglaterra; de hecho España es el último país en hacerlo… ¿Entonces, en qué se queda la acusación contra España? Para este periodista, la tragedia es que la causa de la expulsión de España fue el “antisemitismo racial”. ¿De verdad que el “racismo” fue la causa del especial dolor que supuso para los judíos la expulsión? ¿De verdad serían los motivos racistas los que causaron el drama? Permítanme que no me lo crea; más bein me parece la especulación anacrónica de un progre multiculturalista:
Comment l’expliquer ? Partout en Europe, les juifs sont la lie de la société. Ils sont spoliés, marginalisés, expulsés. L’Espagne est même le dernier pays à avoir chassé ses juifs. La France l’avait fait dès 1306, l’Angleterre plus tôt encore. Mais l’Espagne se distingue par un antisémitisme racial, promis au plus bel avenir, en raison de la forte implantation de ses conversos, ces convertis de force bien avant ou après les massacres de 1391 et l’expulsion de 1492. Grâce au baptême, ces juifs convertis ont pu accéder aux emplois de Cour, aux postes honorifiques, aux charges ecclésiastiques qui leur étaient autrefois interdits. En entrant dans les universités et les ordres religieux où, comme juifs, ils n’avaient pas droit de cité, ils ont pénétré des couches entières de la société - médecine, armée, magistrature, clergé - et, à la faveur de beaux mariages, dans la noblesse d’Aragon et de Castille.
El autor no se ha dado cuenta de que se contradice al decir que habían penetrado capas enteras de la sociedad, especialmente la académica, la administrativa, la religiosa y la nobleza; es decir, las clases dominantes. Eso sería imposible si el antisemitismo hubiera sido racial. Yo veo ahí antisemitismo de carácter económico y social. En efecto, no se les rechazó por su raza, sino porque los conversos copaban la administración, el alto clero y la nobleza, lo que muestra ausencia de racismo en las posibilidades de promoción. La “pureza de sangre” es una técnica con que los cristianos viejos se reservaron posiciones profesionales, no la expresión de racismo –el propio autor así lo indica-; así que comparar este racismo con el de los nazis es una auténtica canallada. Le Monde la pone no obstante en titulares: “La pureza de sangre de los nazis es la misma obsesión que la sangre pura para el español”. ¡Toma del frasco! La misma, exactamente la misma
Otra cosa nos cuentan en el libro Proceso Contradictorio a la Inquisición, de J. Dumont, donde se afirma que en España se dio un mestizaje de judíos y cristianos sin precedentes en la historia. Va más allá, afirma que la “limpieza de sangre” es un concepto judío. Voy a traer los textos correspondientes (p. 152-3):
Racismo judío
Ahora bien, a la falta de racismo cristiano, que conducía a este increíble mestizaje, correspondía, por parte de los judíos de España, «el sistema semítico de la limpieza del linaje», según la fórmula de Américo Castro10. Limpieza basada en la Biblia, cosa que se ha olvidado. El libro de Esdras, en particular, habla de la «semilla santa» que no debe mezclarse con los pueblos impuros, so pena de «prevaricación» (Esd 9,1-2). Y de sacerdotes que, por no tener el registro de sus genealogías, fueron echados del sacerdocio (Esd 2,62).
Desde los años 1300, un texto judío de España, «sin equivalente entonces entre los cristianos», según señala Américo Castro11, constituye un verdadero procedimiento de investigación de la «limpieza de sangre» en vistas a un matrimonio. En él se constató que, por gran ventura, ambos esposos estaban, en definitiva, exentos de toda «mezcla de sangre impura». Y no se trata de un texto excepcional, sino del procedimiento clásico de un tribunal de las comunidades judías, presidido por un rabino.
A través de la conversión de los judíos al cristianismo, pasó a los cristianos este «sistema semítico de la limpieza de sangre». Aunque siempre referido a la sangre judía. Así, cuando el rabino Salomón Haleví se convirtió y llegó a ser obispo de Burgos con el nombre de Pablo de Santa María, compuso un tratado que llevaba como título Origen y nobleza de mi linaje.
La existencia de una intolerancia judía, con base racista, está atestiguada en esta época por otro gran historiador filosemita ibérico, Lucio de Azevedo, que la considera «ciertamente mayor que la de los cristianos».
Una réplica
El pueblo cristiano pronto se encontró amenazado en todas partes por un desposeimiento de su tierra y de su identidad. Por eso va a reaccionar cada vez con más vigor. Primero de un modo oscuro, después de manera sistemática. También él va a imponer procedimientos de «limpieza de sangre», del lado cristiano, para bloquear y, si es posible, hacer refluir la marea judía en los cargos públicos.
Eso es lo que constata el cronista converso Pulgar cuando escribe al cardenal González de Mendoza, a propósito de una de las defensas establecidas en este sentido por los cristianos-viejos (en este caso los vascos de Guipúzcoa): «Éstos [los judíos] pagan hoy la prohibición que les puso Moisés de casarse con gentiles».
Así concluye Américo Castro: «El exclusivismo de la España católica fue una réplica al hermetismo de las juderías». Por eso puede escribir Fernand Braudel (encontramos aquí una de las razones, que él no explícita, de su rechazo al reproche de racismo lanzado contra los españoles): «La calurosa y seductora defensa de Léon Poliakov ten favor de los judíos de España] me deja insatisfecho. No ha visto más que una de las caras del drama, los agravios hechos a Israel, no los hechos a los españoles, que no son ni ilusorios, ni falaces o demoníacos».
Os recomiendo el libro, editado por Encuentro: Proceso Contradictorio a la Inquisición.
Antisemitismo nazi y español
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