La mente cautiva (1)

La Mente Cautiva, de Czeslaw Milosz
La Mente Cautiva, de Czeslaw Milosz

Os dejo mis impresiones sobre este libro de Czeslaw Milosz, que leí tras el de «Si Dios no existe…», del mismo autor. Lo leí en inglés, las traducciones son mías.

No se puede decir que la wiki diga mucho de él, más tratándose de un premio Nóbel; las páginas en inglés tienen algo más de información, aunque tampoco sea para tirar cohetes. Oponerse al comunismo sigue teniendo un coste muy alto.

Aquí hay algo de más sustancia sobre él, con una referencia al libro en cuestión:

En un libro como La mente cautiva, Milosz se mostró a la altura de las circunstancias históricas con una obra que dice j’accuse a los miembros de su generación en Polonia, los colegas artísticos e intelectuales que, bien por ardor ideológico, bien por cansancio, se derrumbaron en brazos del marxismo. Pero lo que le da al libro una ventaja sobre otros frutos polémicos de la guerra fría es el hecho de que también afirma: «En mi camino sólo rindo cuentas ante la gracia de Dios y ante mi propia soledad.» La claridad y el rigor de sus racionalizaciones le sitúan en el mismo plano que Orwell, pero detrás de los análisis políticos e intelectuales uno percibe que su autor está siendo testigo de un drama mucho más antiguo, la lucha entre Dios y el diablo por hacerse con el alma del hombre común.

El libro tiene una serie de historias y reflexiones biográficas sobre el comportamiento de los intelectuales en la Polonia totalitaria comunista; básicamente, sobre la forma abyecta en que se adaptan al socialismo. Como suelo hacer reproduciré algunos párrafos a los que añadiré algún comentario de cosecha propia. Sigo la edición de Vintage Internacional, 1990. La traducción del inglés es mía.

p. ix (Prefacio):

“El mundo está hoy en día desgarrado por una gran controversia, o no solo una controversia, sino una batalla sin cuartel por el dominio mundial. Mucha gente rechaza creer aun que solo hay dos opciones, que las únicas opciones son el ponerse de parte de uno de los sistemas o del otro (…) Quienes al quedarse en el bloque oriental pensaban que conseguirían mantener cierta libertad de pensamiento y limitar el alcance de la ortodoxia comunista han sido derrotados.”

Esto es historia, pero no del todo. La lucha esa es histórica, trasciende la historia inmanente.

p. xi (Prefacio):

“Se ha constituido en Francia un grupo de “curas-obreros” que trabajan en las fabricas y llevan el evangelio a los obreros con quienes comparten las condiciones de vida. Gran parte de esos curas han abandonado el catolicismo y se han hecho comunistas”.

Capítulo 1. La píldora de Murti-Bing. Es una droga descrita en una novela. Proporciona una serenidad completa. La toman algunos ante el desasosiego que produce la propia sociedad occidental y a la vez ante el temor provocado por la llegada de un enemigo del Este. Es una droga que viene también del Este. Las razones por las que se toma son la vaciedad y el absurdo que se sienten en la propia cultura, debidas a la perdida de la fe religiosa y al individualismo, y la necesidad histórica y el éxito imparable que se supone a la doctrina del Este. Sin embargo, no es tan fácil tragar la píldora, muchos sienten escrúpulos, dudas, incluso culpa. No es fácil erradicar el pasado. Además, hay una cosa curiosa: la serenidad se convierte en una apatía y un fatalismo deprimentes.

De nuevo, Milosz se refiere al Comunismo, el marxismo histórico, pero vale para el progresismo, el marxismo cultural que nos anega.

p. 11:

“Al intelectual se le iluminan los ojos ante la perspectiva de la persecución de los burgueses y de la mentalidad burguesa. Es una recompensa deliciosa de la humillación que sentía al ser parte de la clase media (…). Los campesinos que esconden el oro guardado y que escuchan las emisiones clandestinas de la radioextranjera esperando que una guerra les salve de la colectivización no pueden esperar que sea su aliado. Sin embargo, es bueno y generoso; es un amigo de la humanidad. NO de la humanidad tal como es, sino tal como debería ser”.

p. 16

“Los soldados se cuentan por millones. El terror resulta útil y efectivo (…) Crece la convicción de que el mundo será pronto conquistado. Aparecen en todos los continentes hordas numerosas. Se cocinan mentiras con pizca de verdad (…) Se gastan sumas de dinero sin precedente en investigación científica. Se preparan para dominar todo el mundo”.

Es fácil ver que lo que dijo Milosz del comunismo se aplica hoy en día al progresismo. Continuará, por supuesto.

4 comentarios

  1. De Milosz sólo he leído “El valle del Issa”, y el tema ese libro es justamente el que citaste: «la lucha entre Dios y el diablo por hacerse con el alma del hombre común.» (al menos en parte)
    De él recuerdo particularmente el siguiente fragmento sobre la muerte; relato sensible, genial, pero desasosegante, inquietante. Mejor dejo hablar a Milosz (gran autor).

    «Era una ardilla, distinta a las que él había visto, quizás debido a que se le apareció en aquel salto horizontal, que alargaba su silueta y la hacía más bella. Debajo de ella, resonaban los gritos asustados de unos pajarillos, presintiendo un peligro para sus nidos. Tomás, por puro amor hacia ella, sin poder dominarse, disparó.
    Se trataba de una ardilla joven, tan pequeña, que lo que Tomás había creído que era, allá en lo alto, no era ella en realidad, sino la estela de sus saltos en la que su color perduraba. Caída ahora en el musgo, se doblaba en dos y se estiraba, llevándose las patitas al blanco chaleco de su pecho, sobre el que apareció una mancha roja. No sabía morir, intentaba arrancarse la muerte como si ésta se tra-tara de un arpón al que hubiera quedado clavada y entor¬no a cuya aguja tan sólo podía dar vueltas.
    Tomás lloraba arrodillado junto a ella, y el rostro se le crispaba debido a su íntima tortura. ¿Qué hacer ahora, qué hacer? Daría media vida para poder salvarla, pero tenía que asistir a su agonía, impotente, castigado por aquella visión. Se inclinaba sobre ella, y sus patitas con sus dedos menudos se juntaban como para implorar su ayuda. La cogió en sus manos, y, al tenerla así, habría podido sentir ganas de be¬sarla y acariciarla, pero, de hecho, apretaba los labios, por¬que ya no era un deseo de posesión lo que le dominaba, sino el de entregarse a ella, y eso, por supuesto, era imposible. Lo que más le costaba soportar era su pequeñez y su manera de retorcerse, como si la plata viva se resistiera a quedarse extática. Una vez más, ante Tomás se revelaba un misterio, pero por tan breve instante que en seguida perdió su rastro. Los gráciles movimientos se convirtie¬ron en estremecimientos intermitentes, y una sombra os¬cura se infiltró entre la pelusilla de sus mejillas redondas. Estertores siempre más débiles. Muerte.
    Se quedó sentado en un tronco, escuchando el mur¬mullo del bosque; hacía unos instantes, ella jugaba allí recogiendo nueces. Aquello era más espantoso que la muerte de la abuela Dilbin, no sabía exactamente por qué. Ella era única, entre todas las ardillas; nunca más habría otra igual y nunca resucitaría. Pues ella es ella, y no otra. ¿De dónde nacía su convicción de que ella era ella, y su calor y su gracia? Los animales no tienen alma, de modo que, al matar un animal, se lo mata para toda la eternidad. Cristo no podrá ayudarla. La abuela clamaba: «Ayúdame». A ella Cristo la acogería y la orientaría. También podría salvar la ardilla, puesto que lo puede todo. Aunque las ardillas no recen, aquélla, sí, rezaba; rezar es lo mismo que querer, querer vivir. Y él era el culpable. ¡Infame!»

  2. Lo leí hace años, por entonces el revivial marxista parecía improbable pero habrá que ir repasando los apuntes. De Milosz siempre recordaré una cita, una de las 4,000 o así que maneja tu amigo «Visconti».

    «Existen muchos motivos para sospechar que los hombres se envuelven en objetivos sublimes para fingirse ignorantes de lo que sus manos hacen»

    Por cierto que hoy está de inauguración con cierto premio Cervantes, pero a lo que iba: Lean «El retorno de los césares, de J.M: Otero Novas». Quince eurillos. Léanlo.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*