Historia de Bélgica. “A Throne in Brussels”, de Paul Belien. Balduino. Flandes despega, Valonia se estanca

A Throne in Brussels”, de Paul Belien
A Throne in Brussels”, de Paul Belien

En los años 50, Flandes era aún el pariente pobre de Bélgica. El desempleo estaba en el 10%, la cifra más alta de Europa, mientras en Valonia, no hay paro. Muchos flamencos se desplazaban para trabajar a Valonia. La situación cambió rápidamente por la instalación de compañías americanas, que aprovecharon esa mano de obra y la ausencia de impuesto de sociedades en Bélgica. El porcentaje del PIB controlado por la Societé general cayó del 40 al 20% a finales de los 70.

La economía valona, basada en carbón y acero empezó a tener problemas y a recibir subsidios. La mano de obra flamenca fue remplazada por emigrantes italianos, después por marroquíes, francófonos.

Junto con la inmigración, otro de los caballos de Troya introducidos por laos belgicistas para eliminar definitivamente el carácter flamenco de Bruselas fue la Comisión Europea.

En 1960, los democristianos intentan acabar con los subsidios a las industrias. En Valonia se organiza una huelga general. El rey hace que se apruebe, pero el siguiente gabinete, socialista, vuelve a los subsidios. A partir de entonces la política belga se vuelve cada vez más extraña y menos democrática. Muchas veces vuelve al gobierno la misma colación aun tras perder votos en las elecciones. Esto es debido ala existencia de coaliciones amplias, basadas en los intereses corporativos.

p. 274: “Bélgica se convierte en el país con el mayor porcentaje de personas dependientes de transferencias sociales; el único país en que había más personas percibiendo trasferencias que trabajando para vivir. La llamada ratio de dependencia llegó al 107% en 1997, mientras que en Francia era del 94%, en Alemania del 88%, en Gran Bretaña del 79, en Japón del 70% y en los EE. UU. del 50%”

El impuesto de la renta alcanzó una tasa marginal del 80%; el de sociedades se situó en el 40%. La economía siguió creciendo hasta la crisis del 73.

p. 276: “El gasto público pasó del 34% a mediados de los 60 al 42,7% en 1973 y al 50% en 1976”.

El porcentaje de empleados públicos era superior a la de los países del entorno. Las subvenciones por trabajador de la minería alcanzaron los 12.000 dólares. De nuevo, los intentos de reforma se ven parados por huelgas generales en Valonia. El resultado fueron déficit públicos del 12,4% en 1982 y una deuda pública de 138,8% en 1993.

Curiosamente (o quizás necesariamente), a pesar de ese ingente gasto público, el estado no era capaz de ofrecer el servicio más esencial: garantizar la seguridad de los ciudadanos. El crimen y la corrupción se sucedieron. Los litigios se acumulaban en los juzgados.

p. 279: “Le asombró [a Carolina De Gruyter, una periodista holandesa] encontrarse con varias familias que habían estado en el paro tres generaciones y que no tenían ningún pariente directo con un trabajo formal”.

p. 280: “30.000 puestos de trabajo están sin cubrir en Flandes; los 250.000 parados de Valonia se niegan a coger esos trabajos”.

Cosas del «estado de bienestar».

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