Sobre el Fin de los Tiempos

Os adelanto que me estoy interesando por el tema del Fin de los Tiempos. Os dije aquí que lo especifico del cristiano es más esperar la Segunda Venida de Cristo (en realidad su Vuelta) que creer en su primera. Traigo aquí una lectura al respecto: SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS Y NUESTRO DEBER – ACERCA DEL P. EMMANUEL.

Cuando era yo un liberal modernista,  creía que la historia se dirigía hacia una situación cuasi utópica, en la que el dolor sería prácticamente eliminado. He cambiado de opinión, y me doy cuenta de que me saltaba uno de los capítulos del Credo. La historia tendrá un final abrupto tras una crisis religiosa mundial. Sin embargo, se discute el significado del “reino de mil años” que se producirá antes de esa crisis final.

He aquí cómo un autor estimado, el padre Arminjon, describe el estado en que caerá entonces el mundo:

“La caída del mundo tendrá lugar instantáneamente y de improviso. Será en una época en que el género humano, sumergido en el sueño de la más profunda incuria, estará a mil leguas de pensar en el castigo y en la justicia. La divina misericordia habrá agotado todos sus medios de acción. El Anticristo habrá aparecido. Los hombres dispersados en todas partes habrán sido llamados al conocimiento de la verdad. La Iglesia católica, una última vez, se habrá difundido en la plenitud de su vida y de su fecundidad. Pero todos estos favores señalados y sobreabundantes, todos estos prodigios, se borrarán de nuevo del corazón y de la memoria de los hombres. La humanidad, por un abuso criminal de las gracias, habrá vuelto a su vómito. Volcando todas sus aspiraciones hacia la tierra, se habrá apartado de Dios, hasta el punto de no ver ya el cielo, y de no acordarse mas de sus justos juicios (Dan. 13: 9). La fe se habrá apagado en todos los corazones. Toda carne habrá corrompido su camino. La divina Providencia juzgará que ya no habrá remedio alguno.

Será, dice Jesucristo, como en los tiempos de Noé. Los hombres vivían entonces despreocupados, hacían plantaciones, construían casas suntuosas, se burlaban alegremente del bueno de Noé, que se entregaba al oficio de carpintero y trabajaba noche y día por construir su arca. Se decían: ¡Qué loco, qué visionario! Eso duró hasta el día en que sobrevino el diluvio, y se tragó toda la tierra (Lc. 17: 27).

Así, la catástrofe final se producirá cuando el mundo se creerá en la seguridad más completa; la civilización se encontrará en su apogeo, el dinero abundará en los comercios, jamás los fondos públicos habrán conocido un alza tan grande. Habrá fiestas nacionales, grandes exposiciones; la humanidad, rebosando de una prosperidad material inaudita, dirá como el avaro del Evangelio: «Alma mía, tienes bienes para largos años, bebe, come, diviértete… » Pero de repente, en medio de la noche (porque en las tinieblas, y en esa hora  fatídica de la medianoche en que el Salvador apareció una primera vez en sus anonadamientos, volverá a aparecer en su gloria), los hombres, despertándose sobresaltados, escucharán un gran estrépito y un gran clamor, y se dejará oír una voz que dirá: Dios está aquí, salid a su encuentro (Mt. 25: 6)”

La pregunta que os estaréis haciendo es cuándo. No se sabe, pero solo dicen lo que hay que hacer: rezar. Creo que hay que hacer algo más que eso. Por ejemplo, hay que ayudar a quien lo necesita, porque no se sabe cuándo. Pero en el fondo de todo, ante lo inevitable solo cabe esa resignada aceptación cristiana que es lo contrario de la desesperación:

Podemos presentir la crisis final, viendo cómo se urde y desarrolla ante nuestros ojos el plan satánico del que será la suprema coronación. Pero, desde el punto en que nos encontramos en el momento actual de esta crisis, ¡cuántas sorpresas nos reserva el futuro!, ¡cuántas restauraciones del bien son siempre posibles!, ¡cuántos progresos del mal, por desgracia, son posibles también!, ¡cuántas alternativas en la lucha!, ¡cuántas compensaciones al lado de las pérdidas!

Echadle una ojeada: SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS Y NUESTRO DEBER – ACERCA DEL P. EMMANUEL.

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4 Comments

  1. Sí AMDG, esa imagen platónica y bucólica de la mayoría de los cristianos es equivocada. Porque mezclan cosas diferentes: La Tribulación y la Ira de Dios.
    Los cristianos no sufriremos la Ira, pero sí la Tribulación.

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