Tenía prometido hacer una reseña de esta declaración, pero me da pereza, así que os traigo solo los puntos más relevantes en mi opinión:
1.- Unión de las Iglesias de Roma y Oriente:
Durante la reunión plenaria de la Comisión Mixta del diálogo teológico, la cual tuvo lugar en Belgrado recientemente, y la cual gozó de la generosa hospitalidad de la Iglesia Ortodoxa de Serbia, hemos expresado nuestra profunda alegría por la reanudación del diálogo teológico.
2.- Denuncia de la persecución de los cristianos y del terrorismo. Por supuesto no se atreva mencionar a la bicha:
Nuestras miradas se tornan hacia los lugares del mundo de hoy, en los cuales viven cristianos, y hacia las dificultades que ellos enfrentan, concretamente el hambre, las guerras, y el terrorismo, pero también hacia las diversas formas de aprovechamiento [explotación] de los pobres, de los inmigrantes, de las mujeres y los niños.
No es un asunto comparable a los anteriores pero me ha sorprendido:
Hoy, ante los grandes peligros para el Medio Ambiente, queremos también expresar nuestra preocupación por las consecuencias negativas para la humanidad y para toda la creación que pueden producirse por un determinado desarrollo tecnológico y económico sin límites.
¿A qué se deberá este toque ecolo-progresista?
Y sin embargo, a pesar de estas declaraciones, la Iglesia de Roma sigue acosando a los Ortodoxos en Croacia, como nos cuenta el Semanario Serbio, y desarrollan en este interesante blog Ortodoxo en español.
Lée entera la Declaración Conjunta Del Patriarca Bartolomé I y El Papa Benedicto XVI.
Sobre el por qué del «toque ecolo-progresista», puedes encontrar la respuesta con sólo acceder a una buena biografía de SS Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, al que ya hace tiempo hay muchos quienes lo llaman el «Papa Verde» por sus preocupaciones ecológicas y sus campañas en pro de la causa ecológica.
Por lo demás, la vulneración -por diversos medios y prácticas- de la libertad de conciencia, e ideológica y religiosa es algo que lamentablemente, a las alturas del este siglo, todavía se está produciendo en Europa -no sólo en zonas y países sometidos a los totalitarismos- y nadie, creo, puede ser el que diga «estoy libre de este pecado».
Espero -oro por ello- que este encuentro entre Benedicto XVI y Bartolomé I se concrete en hechos.
Cordiales saludos desde «De Ortodoxia».