¡Viva Pelayo!
Esto es una declaración de principios, ¡sí señor!
Esto es una declaración de principios, ¡sí señor!
Otro más. Cuánto me alegra. Sea Vuestra Merced, bienvenido, D. Quijote. Por favor, amigos lectores, ponedolo en vuestros favoritos, bloglines, reader, etc.

PS: Acabo de publicar una cosa muy interesante sobre el afamado libro y famoso personaje.
Si os habéis leído el libro (y si no hacedlo cuanto antes, merece la pena) os interesará este artículo, el primero de una serie dedicado a las interpretaciones de El Quijote:
Nuestro plan es el siguiente. Primero de todo, en una primera parte, nos proponemos demostrar, a través del análisis de los principales componentes literarios de la magna novela, que ésta no es otra cosa que una parodia cómica, que responde, pues, por completo a la intención de su autor y que, por tanto, no se le escapa de las manos convirtiéndose en una novela simbólica. En segundo lugar, desde la interpretación que aquí ofrecemos basándonos en la doble consideración del Quijote como parodia y espejo mimético de la realidad y de la vida nos enfrentaremos críticamente, en la segunda parte, a otras interpretaciones, las más importantes hasta ahora esbozadas. Nuestros criterios nos proporcionan la clave o el canon desde el cual poder evaluarlas. Finalmente, en un último apartado o epílogo trataremos de explicar el origen de las interpretaciones alternativas del Quijote.
Una curiosidad. Aquí vemos un afamado prócer metiendo la gamba:
En este sentido se pronunció Ortega y Gasset, seguido luego por muchos otros, como Américo Castro, María Zambrano, Manuel Durán, &c. Ortega se quejaba, en efecto, del equívoco o radical ambigüedad de la magna creación cervantina, equívoco que él cifraba sobre todo en el hecho de que Cervantes no da pistas para su interpretación: «No existe libro alguno en que hallemos… menos indicios para su propia interpretación» (Meditaciones del Quijote, pág. 76). Nosotros creemos, por el contrario, que el Quijote sí ofrece indicios de interpretación, incluso unos criterios diáfanos y que, por tanto, el lamento de Ortega y del corifeo de sus seguidores es completamente vano.
En efecto, otra cosa es que el libro sobrepase al filósofo. En la Segunda parte del libro, los propios personajes hablan de la recepción de la primera por público y crítica, y de lo que piensa la gente de ellos, Sancho informa al D. Quijote de lo que el pueblo soberano dice de él. Hay tres opiniones, las tres con su pero:
—En lo que toca —prosiguió Sancho— a la valentía, cortesía, hazañas y asumpto de vuestra merced, hay diferentes opiniones. Unos dicen: «loco, pero gracioso»; otros, «valiente, pero desgraciado»; otros, «cortés, pero impertinente»; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.
Otros, como el ventero Palomeque, preferían las hazañas caballerescas, que ejercían sobre él un gran efecto, como él mismo reconoce: «De mí sé decir que cuando oyo decir aquellos furibundos y terribles golpes que los caballeros pegan, que me toma gana de hacer otro tanto, y que querría estar oyéndolos noches y días» (I, 32, 321). En cambio, su hija carece de interés por hechos de armas y goza más con los lances de amor, que tienen un fuerte impacto emotivo sobre ella: «No gusto yo de los golpes de que mi padre gusta, sino de las lamentaciones que los caballeros hacen cuando están ausentes de sus señoras, que en verdad que algunas veces me hacen llorar, de compasión que les tengo» (I, 32, 322). Por eso su madre, que se mantiene al margen, no porque no le gusten sino porque no tiene tiempo y además, mientras su marido atiende a la lectura, descansa de sus riñas, muestra los mismos desvelos que las autoridades y moralistas de la época por el nocivo efecto moral de la lectura de la literatura caballeresca, pues inmediatamente después de oír a su hija contar sus impresiones sobre los sentimientos que en ella despiertan las escenas de amor caballerescas, sale al paso y le recrimina que atienda a su lectura: «Calla, niña, que parece que sabes mucho de estas cosas, y no está bien a las doncellas saber ni hablar tanto». También a Maritornes, la criada, le gustan más las escenas de amor, pero, a diferencia de la hija de los venteros, se fija más en la expresión física de éste que en la sentimental: «Yo también gusto mucho de oír aquellas cosas, que son muy lindas, y más cuando cuentan que se está la otra señora debajo de unos naranjos abrazada con su caballero, y que les está una dueña haciéndoles la guarda, muerta de envidia y con mucho sobresalto. Digo que todo esto es cosa de mieles» (I, 32, 321).
Genial. En fin, no os perdías el artículo (Sobre la interpretación del Quijote), ni el Quijote…
Me ha advertido mi amigo Gracias Aznar que el PP no es un partido de derechas, sino de centro-derecha, con cinco millones cada uno. Viene bien recordar en esto casos el estudio de César Molinas sobre los resultados de las elecciones generales en España:
Desde 1982 ha habido siete elecciones generales. En seis de ellas la izquierda (PSOE, IU y sus antecesores) obtuvo entre un mínimo de 2,3 y un máximo de 3,5 millones de votos más que la derecha (PP, aliados regionales y sus antecesores). Sólo en las elecciones de 2000, que tuvieron la tasa de participación más baja de la actual etapa democrática (69%), la derecha superó en votos a la izquierda: la diferencia fue de 1 millón de votos. En 2000 la izquierda perdió 2,7 millones de votos respecto a 1996, de los cuales 2 millones fueron a incrementar la abstención. Esos 2,7 millones de votos los volvió a ganar en 2004. La derecha ganó 0,6 millones de votos, alcanzando su máximo histórico de 10,3 millones, pero los volvió a perder en 2004. Me parece razonable utilizar estas cifras para cuantificar los colectivos que antes he denominado votantes centristas e izquierda volátil. Los primeros pueden estimarse en 0,6 millones, que son los votos que ganó la derecha en 2000 tras una etapa de gobierno en minoría del PP en la que hizo gala de moderación y de buena administración. Esta cifra coincide con los votos perdidos en 2004 tras una etapa de mayoría absoluta en la que la arrogancia sustituyó a la moderación y en la que se tomaron decisiones, como la guerra de Irak, alejadas del sentir de muchos ciudadanos. Cabe señalar que esos 0,6 millones de votos no decidieron las elecciones de 2000: el PP hubiese seguido gobernando aunque no los hubiese obtenido. Lo decisivo fue el desplome de la izquierda por la huida del voto volátil. Esta izquierda volátil puede estimarse en unos 2 millones de electores: los que votaron a la izquierda en 1996, se abstuvieron en 2000 y volvieron a votarla en 2004.
En resumidas cuentas, los votantes “de centro” no son 5 millones sino medio. Una diferencia considerable. Así acaba:
La izquierda volátil es un conjunto heterogéneo con pocos denominadores comunes, todos ellos negativos. Es común su rechazo frontal al PP y a todo lo que representa la derecha. Es común también su desdén hacia el PSOE, al que votan tapándose la nariz cuando le votan. Por lo razonado hasta aquí, el objetivo principal de una campaña electoral, de cualquier campaña electoral, en España debe ser para el PP que no vayan a votar los que le detestan y para el PSOE que acudan a las urnas los que le desprecian. ¿Son consistentes sus estrategias electorales con estos principios?
Al menos en el caso del PP, no: su estrategia de acercarse al centro -de ganar el último duro- puede poner en peligro el capital político. La derecha tiene que aceptar lo que hay, y resignarse a ganar cuando los errores de la izquierda hagan que su electorado se quede en casa. La expulsión de los díscolos catalanes y vascongados del Reino (o República) de España solucionaría también el problema, pero eso está más difícil, la derecha siempre preferirá una España roja que una rota….
Léelo entero: El poder decisorio de la ‘izquierda volátil’

El PSOE está de los nervios. Zapatero tiene mala cara, el talante se ha esfumado como por encanto. Las fotos de El Mundo muestran a un individuo que ha envejecido muchos años en los dos últimos. La manifestación de las familias cristianas y las críticas de los obispos han sido atacadas con una ferocidad contraproducente: la ciudadanía se da cuenta de que los católicos están en su derecho de manifestar pacíficamente su opinión (Bermejo niega a la Iglesia el derecho a criticar al Gobierno, Blanco exige a la Iglesia que rectifique).
Todo parece estar torciéndosele. Pizarro, a quien el gobierno socialista no pudo intimidar, se presenta como número dos por Madrid en el PP. Frente a los razonamientos conejiles y otras propinas con que Solbes trató de desviar la atención, Pizarro tienen en su haber la multiplicación del valor de la acción de Endesa durante su gestión. La Alianza de Civis no ha tenido repercusión alguna en el mundo, y en España ha sido eclipsada por un hecho tan banal como que un alcalde ambicioso no vaya en las listas del partido de la oposición. Mejor imagen del fracaso imposible. Por cierto, la web del foro aliancista apenas ha sido actualizada durante estas jornadas. Nada.
Mientras se predica la alianza de civilizaciones de los desiertos lejanos, continua la ofensiva contra los cristianos en estas tierras de pan llevar. El PSOE anuncia que creará un “Observatorio de la Laicidad”, pero no para observar la laicidad, sino la religiosidad. El tal observatorio tendría mucho trabajo en Turquía.
Aquí nos cuentan que el ministerio de educación de Erdogán está quitando fondos a las escuelas públicas para dárselos a las dirigidas por imanes. En las escuelas públicas los alumnos pasan frío, en las islamistas están bien calentitos. La administración de transportes de Estambul también esta poniendo su granito de arena. Ha establecido una red de autobuses para las alumnas de las escuelas islámicas, en las que no suben los chicos, y con distintas paradas.