Non prevalerunt

Significa “no prevalecerán” y se refiere a las palabras con que Jesús nombró a su sucesor, S. Pedro, el primer papa de la serie, y le dio la garantía de que la Iglesia (asamblea de cristianos) nunca desaparecería y resultaría triunfadora al final.

Versículo completo: “… tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.”

En mi opinión, esas palabras le han dado una confianza excesiva a la Iglesia de Roma, que ha olvidado que si no hubiera sido por la espada de la Monarquía Hispánica sería ahora una iglesia local, como la armenia, en vez de global o universal, que el lo que significa Católica.

En todo caso, ese es el lema del nuevo blog de Franze, Civitas Dei. Del que aprovecho a poner varios enlaces sobre el bautismo de nuevos cristianos en Asia con motivo de la Pascual de Resurrección, la fiesta grande de la Cristiandad (aunque para mí es la Encarnación):

Y por último dos buenas noticias, buenos números de próximos bautizos en Thailanda y Hong Kong

Esto es una gota de agua en el mar, aunque en el caso de China es esperanzador. Hay que tener en cuenta que los chinos no tienen religión, el confucianismo y taoísmo son más bien códigos morales. Pero hay más:

Cientos de miles de conversos en Pascua en EEUU

Eso ya es otra cosa, porque se trata de un fenómeno generalizado. Y las otras iglesias cristianas norteamericanas también están llenándose de fieles. Pero lo mas importante está aquí, en las Filipinas, las Islas de Felipe II, de ahí el nombre.

Filipinas tiene que evangelizar a Asia dice el Papa

En relación con Filipinas os traigo un artículo de El Catoblepas (no, no me pagan, lo leo con gusto y os lo cuento) de Pedro Insúa que trata de la colonización de Filipinas y de la novela famosa de José Rizal “Noli me tangere”.

La colonización de Filipinas es un hecho singular. Comenzó en el s. XVI y se hizo a través de la Nueva España (Méjico) por que la distancia mo permitía la gestión directa. Es un logro logístico y organizativo del imperio español en el que los vascongados tuvieron un papel importante (actuaban como españoles, por supuesto).

En todo caso unos extractos del artículo:

lo más significativo, de cara a la definición de la sociedad filipina actual, comparada, decimos, con esas otras sociedades, es que es una sociedad de mayoría católica (la única de Asia), pero que no habla español (no pertenece a la comunidad de los 400 millones de hispanohablantes). Tiene en común con las sociedades americanas de origen hispano el ser una sociedad de mayoría católica, pero tiene de diferencia el no ser de habla hispana, y esto es razón suficiente para que desde la sociedad española actual sea Filipinas una «gran desconocida» con respecto a las sociedades hispanoamericanas. Pero, sin embargo, históricamente hablando, el no hablar español no es causa de su desconocimiento, sino más bien al revés, es el «desconocimiento» la causa de que no se siga hablando español. La gran tradición literaria del español americano no tiene equivalente en la sociedad filipina: precisamente los valores literarios del español filipino «se frenan» a finales del XIX con la independencia, y se reducen prácticamente a un único «valor» con nombre propio: José Rizal Alonso (1861-1896).

¿A qué se debe esto?, ¿a qué se debe esta situación característica de «desconocimiento»?

En efecto, la incorporación de las Filipinas como provincia española es anómala, en relación a las provincias americanas, y tal anomalía procede precisamente por el modo de afectar las órdenes religiosas en los fundamentos de esta incorporación: «Todo lo que toca a las órdenes religiosas en Filipinas afecta a uno de los fundamentos de la colonización española en las islas», dice García-Abásolo{1}. Se puede incluso invertir la frase: todo lo que toca a los fundamentos{2} de la constitución de Filipinas como provincia del imperio español, así como todo lo que toca a su emancipación consiguiente, viene afectado por las órdenes religiosas y esto hace a Filipinas anómala como provincia del Imperio español.

Precisamente el «desconocimiento» entre la totalidad imperial y la parte provincial se produce al mediar las órdenes religiosas en la administración de la provincia de tal modo que, aunque haciéndose imprescindibles para su gobierno, por cuya influencia la provincia permanece en buena medida administrativamente opaca al gobierno imperial. Y es que la «forma» (administrativa, legislativa, eclesiástica, lingüística…) imperial es anómala en Filipinas sobre todo por las determinaciones que toma a través de la «materia» (etnológica, geográfica…) en la que tal forma recae: la lejanía de la provincia (que determina una ruta de ida y vuelta sui generis: la ruta del Galeón), así como su situación etnológica (que va a ser transformada imperialmente con muchas dificultades, entre otras cosas porque, entre esa materia indígena, los españoles se encuentran en el sur –Mindanao y Joló– con «lo moro», inmiscible con la forma imperial católica, y, rodeando a Manila, con los chinos –sangleyes– con los que es obligado comerciar, pero a los que tampoco se puede «reducir católicamente») y orográfica (lo accidentado y dificultosos del terreno se une con una escasa rentabilidad de las materias primas allí encontradas) hacen que sólo las órdenes religiosas puedan hacerse cargo de la propagación de la forma imperial en las islas, pero de tal modo que se generan en Filipinas una variaciones sobre la forma «normal» (americana) que determinarán tal anomalía provincial. Y es que si las órdenes religiosas en América son vanguardia de la implantación de la «forma imperial», con la formación de «estados misionales» (por utilizar la fórmula de C. Bayle), esta implantación, en sentido estricto, no se realiza hasta la transformación de tales estados misionales en Iglesia secular (organizada por el Imperio a través del Real Patronato) alcanzando así el Imperio su forma «normal» administrativa característica con la llegada, por así decir, de la retaguardia secular.

Para saber más de las Filipinas nos recomiendan el libro “Filipinas. La gran desconocida (1565-1989)”, Enunsa 2001.

Bueno, Felices Pascuas a todos.

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