Este es el titular de un artículo de El Mundo, el pasado 8 de marzo, día de la mujer trabajadora (una celebración que suena como soviética, creo que no incluye a las amas de casa). Más que árabes debería decir musulmanas, pero eso es lo de menos. Lo de más son estas preguntas que me hago: ¿Qué quiere decir “participar en la sociedad”? ¿Acaso sufrir una lapidación no es una forma de “participar en sociedad”? ¿Y no lo es también estar encerrada en casa cuidando del hogar y los chavales? ¿Es solo el velo lo que impide a la “árabes” “participar en sociedad” o es la religión y legislación islámicas en general?
Eso en cuanto al título, lo peor está dentro:
La profesora de la Universidad de Barcelona Dolors Bramon, recordó el «avance gigantesco» que supuso el Corán respecto al papel de la mujer en la sociedad preislámica.
Gracias a este libro sagrado, «la mujer tuvo alma y derecho a la vida, y se impusieron restricciones sobre la poligamia y el repudio», comentó Bramon, autora de un libro sobre Islam y mujer, achacando la situación actual a que «en las sociedades árabes han prevalecido las normas elaboradas por los hombres [recogidas en la ’sharia’ o ley islámica]», sobre las pautas establecidas por el Corán».
Esta profesora de universidad no se entera.
Primero. Es mentira que el Corán supusiera un avance frente a la situación anterior. La primera mujer de Mojamé -una viuda rica, el profeta inició su carrera como gigoló- gestionaba su negocio, sin embargo, tras el Islam toda mujer pasa a depender jurídicamente de un hombre. Niña Aisa, la pupila favorita del harén de Mojamé corrobora esto con su declaración recogida en los hadices según la cual no había visto condición mas triste que la de las creyentes.
Y estamos hablando de la sociedad preislámica; en las sociedades vecinas la mujer tenía una posición mucho más relevante: ¿Ha producido el Islam alguna Débora, alguna Judit, alguna Esther, alguna Aspasia, alguna Livia, alguna Teodora, alguna Teresa de Jesús?
Segundo. El Corán no otorgó alma a la mujer, ni “derecho a la vida”. Palabrería hueca. Tendría que explicar como es que que el testimonio de una mujer valga la mitad que el de un hombre (2:282), o que hereden la mitad que sus hermanos (4.11). A lo que se ve el Animula vagula blandula de las muslimas es como algo raquítica. ¿En qué consiste ese derecho a la vida que da el Islam a las mujeres y que no tengan el resto, quizás en que hagan falta cuatro hombres que testifiquen para apoyar una denunca de violación, como exige el Coran?. Algunas profesoras de universidad no tienen sentido del ridículo.
Tercero. El Corán tampoco puso restricciones a la poligamia, sino que la formalizó. Permite a los hombres tener hasta cuatro mujeres -¿acaso le parecen pocas a nuestra preciosa ridícula?- más las “posesiones de la mano derecha” (esclavas, concubinas.) que pueda adquirir. Si esto son restricciones para mí las quiero (es un decir, me sobra con una).
Ítem más. El Corán tampoco restringió el repudio, sino que lo formalizó. ¿O es que decir tres veces talaq le parece muy restrictivo a esta latiniculta, o coraniculta?
Tampoco falta el recurso a la distinción entre el Corán -un libro sublime, digo divino- y los hadices y jurisprudencia, elaborados por hombres que impusieron un punto de vista masculino. Esta distinción no se mantiene:
[Corán 4:34] “Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos sobre otros y en virtud de lo que (en ellas) gastan de sus riquezas. Las habrá que sean rectas, obedientes y que guarden, cuando no las vean, aquello que Alá manda guardar. Pero aquéllas cuya rebeldía temáis, amonestadlas, no os acostéis con ellas, pegadles; pero si os obedecen, no busquéis ningún medio contra ellas. Alá es siempre Excelso, Grande.”.
¿Le parece esto feminista a una universitaria? Pos bueno, pos fale, por mu bien. Que se compre la alfombrilla de rezar, si es que no lo ha hecho ya.
Un velo islámico que no impide a las árabes participar en la sociedad (de pago).
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