Queda explícitamente reconocido el derecho a ridiculizar, insultar y ultrajar cualquier religión…

Tratamos aquí de cómo Gran Bretaña estuvo a punto de perder la “libertad de expresión”. Debe decir que no me gusta el sintagma “libertad de expresión”. Me parece pretencioso, confuso, cursi y progre. Pero aun es peor llamarle “libertad de pensamiento”; el pensamiento siempre fue libre (libre no quiere decir incondicionado). De hecho es lo más libre que hay, ya que nadie nos puede impedir que pensemos lo que queramos.

Otra cosa es el hacer público ese pensamiento. En principio, somos bastante libres para hacerlo público hablando y escribiéndolo, pero siempre nos pueden cortar la lengua o las manos. Con todo, la clave de la “libertad de expresión” está en la posibilidad de difusión de ese pensamiento. Desde el mero punto de vista tecnológico, los blogs han puesto la difusión mundial de nuestros pensamientos a todo aquel que tenga acceso a un ordenador conectado a Internet.

Sin embargo, esa extensión de la posibilidad tecnológica de difusión del pensamiento se está viendo coartada por disposiciones políticas diversas. Sucede en China y estuvo a punto de ceder en Gran Bretaña.

El Blair de la Tercera Vía quiso aprobar el pasado año una ley para “la prevención del odio racial y peligroso” que hubiera llevado a poner las creencias religiosas por encima de la crítica. Fue rechazada por un voto. Afortunadamente, la nueva ley que se va a aprobar incluye este párrafo:

The 2006 Act will, thanks to its critics, now ensure the protection of the freedom of expression: “Nothing in this Part shall be read or given effect in a way which prohibits or restricts discussion, criticism, or expressions of antipathy, dislike, ridicule, insult or abuse of particular religions or the beliefs or practices of their adherents, or of any other belief system or the beliefs of practices, or proselytising or urging adherents of a different religion or belief system to cease practising their religion or belief system.”

Es decir, queda explícitamente reconocido el derecho a “criticar, expresar antipatía o desagrado, ridiculizar, insultar y ultrajar cualquier religión o las creencias y prácticas de sus seguidores”.

Suficiente. Por descontado, una cosa es que se pueda y otra es que, dependiendo de las circunstancias, resulte de buena crianza o conforme a las reglas elementales de la prudencia.

Immigration: Heaping Up the Funeral Pyre

4 comentarios

  1. «Es decir, queda explícitamente reconocido el derecho a “criticar, expresar antipatía o desagrado, ridiculizar, insultar y ultrajar cualquier religión o las creencias y prácticas de sus seguidores”.»

    Pues me parece muy mal.
    Es legítimo criticar cualquier religión así como cualquier ideología, siempre que se haga con argumentos.

    El insulto y la ridiculización deben ser prohibidos tanto si se trata de una religión como de una ideología política o de una persona.

    ¿Acaso no está prohibido insultar públicamente a alguien?
    Por ello te pueden poner una cuantiosa multa.
    En ese caso, ¿porqué está por encima la protección al honor de una persona que el respeto a una religión que implica a millones?

    Lo que de verdad nos interesa a TODOS es la absoluta libertad para criticar y/o opinar sobre cualquier religión o ideología política mediante argumentos.

    La libertad del insulto, a parte de ser de mal gusto y ofensiva, sólo beneficia a personas de poca chaveta que, ante la falta de argumentos, deben recurrir al insulto y a la caricatura barata.

    En ese caso también habría que dejar barra libre para que quien quisiera pudiese reproducir las caricaturas nazis que se hacían contra los judíos, y siguen haciéndose en el mundo islámico actualmente.

    Y no me parece de recibo, la verdad.

  2. Poner el límite exacto entre lo que debe quedar amparado en la libertad de expresión y lo que, por contra, debe ser perseguido por la ley por atentar contra la dignidad de las personas, en tanto que miembro de cualquier colectivo (por ejemplo, una religión) es siempre muy complicado. Por eso, quizá lo mejor, para intentar evitar manipulaciones gubernamentales, sería dejar a la interpretación profesional de un tribunal (preferentemente de varios magistrados, y no de uno solo) la valoración del caso concreto.
    Ejemplo de lo que nos interesa. El Islam puede y debe ser criticado y criticable en toda su profundidad.
    Ello, sin embargo, no debería llevarnos a desconsiderar a los musulmanes en cuanto personas, o a emitir juicios racistas, xenófobos o intolerantes sobre las personas musulmanas; entre las cuales abundan también la generosidad, la cortesía u otros valores.
    La situación ideal sería poder conseguir que los musulmanes pudieran dejar de serlo y aceptaran su plena integración en el mundo globalizado en el que vivimos, para poder pasar todos a disfrutar y compartir con ellos todos aquellos elementos positivos o, simplemente, inocuos que existen en sus sociedades (¿quién puede resistirse ante un plato de hummus, una alfombra persa o ciertos elementos de su arquitectura?).
    Pero volviendo al caso británico, la verdad es que la putrefacción de Gran Bretaña es notable y preocupante.
    Algunos de los regímenes de países musulmanes más o menos impresentables han tenido tradicionalmente la oposición en Londres… Con la circunstancia de que cuando lees las proclamas de la oposición descubres que el tirano local es un «santo» por comparación. Esto y otras cosas han ido creando el Londonistán que atenaza ahora al Gobierno y la sociedad británicas por su hostilidad y radicalismo aparte de por los atentados que van preparándose en su seno.
    Incluso si nos quejamos en España de nuestra estúpida alianza de civilizaciones, debo decir en honor a la verdad que todavía no hemos caído tan bajo en la trastienda de eso -y al menos hasta donde he podido ver- como nuestra admirada Gran Bretaña. Yo he visto delegaciones británicas en foros de estos interconfesionales donde la delegación, por ejemplo, la integraban dos musulmanes y un profesor inglés anti-occidentalista. Y lo que es peor, cuando le preguntaba a los colegas de la Embajada, se me quedaban tan anchos…
    Por desgracia, hay más ejemplos prácticos que te indican cómo de avanzado está el mal. Procuremos que a nosotros no se nos extienda el tumor islámico tanto.

  3. No es tan complicado.

    Escribir un artículo diciendo porqué es nocivo el Islam, o el cristianismo, o el budismo, o el nazismo o el socialismo, no debe suponer ningún problema.

    Hacer una caricatura del Papa atravesado con un misil, o de Mahoma follándose a una oveja o de Hitler en la cama con Ana Frank, eso SÍ que no es de recibo.
    Creo que el límite es claro.

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