Génesis e historia del integrismo islámico

Creo que me envió un lector el enlace a este artículo de La Ilustración liberal. Son siete páginas impresas (copiado a Word, con Times New Roman, 10,5 y márgenes ajustados) y presenta una información realmente interesante. Así arranca:

Son niños de siete años. Viven internos en las madrasas, escuelas coránicas, pegadas a las mezquitas. Visitan a sus padres sólo dos viernes al mes, un detalle que hubiera encadilado a Rousseau. Recitan durante ocho horas el Corán con ritmo monocorde. Las voces de unos y de otros se unen en una confusión reiterativa. De vez en cuando, el mulá corrige su entonación. Han de interiorizar el libro. Para ello, mientras se balancean en la forma semita, cierran los ojos y apretan los dedos contra la frente como para ayudar a impulsar las Sunnas coránicas hacia su interior. Es un sistema de lavado perfecto, pues ni tan siquiera reciben otro tipo de conocimientos, como matemáticas o geografía. En Pakistán hay 28.000 madrasas1.

La tesis principal es que le integrismo es la respuesta al estado de atraso generalizado del mundo islámico. Tras la descolonización, se intentó primero superarlo con regímenes socialistas, que fracasaron necesariamente y dieron paso al fundamentalismo islámico, astutamente financiado por los saudíes con las rentas del petróleo.

 Una curiosidad sobre la rivalidad sunita-chiíta:

Estos sueños [saudíes] de califato encontraron un serio escollo en Jomeini. El liderazgo alcanzado por la revolución iraní hizo que ajustaran viejas cuentas. El ayatolá acusó a la familia real saudí de lujo desmedido e hipocresía; rigoristas pero al tiempo proveedores de petróleo de Occidente, de Estados Unidos, situado por el ayatolá como «gran Satán». Jomeini se dispuso a plantear la batalla en el propio corazón del Islam. Saudíes opositores a la familia real se hicieron fuertes en la Gran Mezquita y las fuerzas saudíes tardaron una semana en reducirlos. No se pudo demostrar que Jomeini estuviera detrás. Pero en cada peregrinación, hajj, la que los piadosos musulmanes han de hacer una vez en la vida, los iraníes hacían propaganda de la «revolución islámica».

Otra curiosidad. Los historiadores del futuro, si es que escribimos nosotros la historia, insistirán sobre la delirante estrategia norteamericana:

¿Quiénes consideran respetables a estos sembradores de odio? ¡Sólo tres naciones! Entre los innumerables países con asiento en la ONU sólo tres gobiernos tienen la desfachatez de tener representación diplomática en un territorio donde ningún derecho humano es respetado y donde las mujeres ven la vida tras la prisión de la burka. ¿Tres naciones acaso con serios conflictos con Occidente? ¿Tres gobiernos con graves contenciosos con los Estados Unidos? ¿Tres parias de la sociedad de naciones? Nada de eso. Son Pakistán, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Tres firmes aliados. Tres países «árabes moderados». ¡Kuwait, por quien fueron a luchar los soldados occidentales! ¡Arabia Saudí, cuyas fronteras fueron defendidas por el costoso despliegue, en todos los sentidos, de las fuerzas norteamericanas! Pakistán, el amigo predilecto de Washington, hasta sus experimentos con bombas nucleares en 1998.

Digo si escribimos nosotros la historia, porque la historia la escriben los ganadores, es justo y necesario que así sea, porque los ganadores hacen la historia, a pesar de los defensores de causas perdidas. Más:

Arabia Saudí se sintió amenazada. Acudió con financiación abundante a socorrer a los mujaidines. Estados Unidos no fue difícil de convencer: suministrando armas y entrenamiento a los afganos debilitaba, en el mundo bipolar de entonces, a su principal enemigo y además, tal como explicaron los saudíes, recuperaban crédito en las naciones árabes, se exorcizaban de la satanización trasladándosela a los soviéticos. El enlace clave en esa estrategia fue Osama ben Laden. La consideración reiterada de que fue un hombre de la CIA no refleja con exactitud como sucedieron los hechos. Ben Laden fue el hombre de la familia real saudí en Afganistán. El dinero de la petromonarquía sirvió para trasladar a voluntarios de todo el mundo musulmán para participar en la jihad.

y más:

En 1986 asesinaron a dieciocho turistas griegos confundiéndoles con judíos, justificando la matanza como «una venganza contra los judíos, hijos de monos y cerdos, y adoradores del demonio, por la sangre de los mártires caídos en tierras del Líbano». En 1997 un grupo de integristas protagonizaron una masacre de turistas en Luxor. Las clases medias dependientes del turismo se asustaron y respaldaron la represión sin contemplaciones del ejército. El jeque Omar Abdel Rhaman, el ideólogo de los integristas egipcios más sanguinarios, emigró a Estados Unidos. Era un signo de los tiempos que los extremistas encontraran fácil acomodo en un Occidente al que odiaban. Fue condenado como inductor del primer atentado contra las Torres Gemelas. Los suicidas se habían reclutado entre los seguidores de sus inflamadas prédicas.

El artículo acaba algo desfasado, considera que el ataque  alas Torres Gemelas es una “manifestación de debilidad extrema”. No estoy de acuerdo, es una manifestación de la locura terrorista, que ha hecho despertar a muchos de nosotros. Si se hubieran estado quietos su penetración hubiera continuado y no hubiéramos reaccionado. Por ejemplo, yo estaría ahora escribiendo bizantinerías.

liberalismo.org: Génesis e historia del integrismo islámico

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1 Comment

  1. No hay que olvidar que El jeque Omar Abdel Rhaman, el ideólogo de los integristas egipcios más sanguinarios, que emigró a Estados Unidos, es el impulsor de la mantanza de Sadat durante el desfile militar del 6/10/1981, y posteriormente tras el juicio y cumplir su condena reducida por estar invidente, se escapa de Egipto y por la deslealtad de un funcionario en la Embajada de USA en Khartoum consigue un visado y aterriza en America. Y allí, empieza su segunda campaña de crimenes etiquetados bajo el epigrafe de YIHAD.

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