La semana pasada murió el piloto que dejó caer la primera bamba atómica sobre Hiroshima. En su día declaró esto:
«I viewed my mission as one to save lives. I didn’t bomb Pearl Harbor. I didn’t start the war. But I was going to finish it.”
Le doy la razón. Sin embargo, el Embajador en el Infierno nos cuenta que la segunda bomba, la que arrasó Nagasaki acabó con dos tercios de los católicos japoneses:
“Podemos bien suponer que las bombas atómicas no hayan sido tiradas al azar. La pregunta es por lo tanto inevitable: ¿cómo así se escogió para la segunda hecatombe, entre todas, precisamente la ciudad de Japón donde el catolicismo, aparte de tener la historia más gloriosa, estaba más difundido y afirmado?
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En efecto, entre las víctimas de la bomba atómica de Nagasaki desaparecieron en un día dos tercios de la pequeña pero vivaz comunidad católica japonesa. Una comunidad casi desaparecida dos veces en tres siglos.
Me enteré de este hecho al leer los Tiempos Modernos de Johnson. El muy inglés y católico Sr. Johnson hace una mención de pasada: «by cruel irony, was the Christian city of Nagasaky». Cruel ironía dice, sin más ¿no estaría mejor examinar la documentación sobre la toma de la decisión?
No sé qué pensáis, para mí esto estaría muy en línea con la política histórica de la Protesta.
Da gracias a Dios de que los españoles dominaron medio mundo…
Me causa gracia esta frase, porque en realidad, los nordicos que dominaron la parte norte de america se han portado como canibales entre ellos mismos. Los españoles fueron canibales con los indios americanos, destruyeron su cultura y no se que mas, asi que quien seria mejor… talvez nos iria mejor con los africanos…