«¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! He descubierto que en mi mezquita se predica la Yijad».

ayer la noticia escrita cuando la leí en inglés, pero esta reflexión, me vino a la cabeza después de leer la noticia en Nuevo Digital.

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Eso dice el Mojamé Abdul Bari, baranda de los mahometanos de Gran Bretaña, y lo compran y reparten al por mayor los medios occidentales, incluso sonados blogueros antiislamistas. El caso es que encontraron libros con llamadas a la práctica de decapitaciones, lapidaciones y ejecuciones de «infieles» y «apóstatas» en la librería de la mezquita londinense que preside…

Él se defiende afirmando que “la librería es un negocio independiente” de la mezquita y que “simplemente, no podemos entrar (en el establecimiento) y decirles lo que tienen que vender”. Sin despenarse, el tío. Impasible el ademán:

Cuando Humphrey Bogart le interpela: «¿Con qué derecho me cierra usted el café?» el policía le mira con impostada virtud: «¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se juega». La afirmación era de un rigor incontestable; en ese mismo momento se le acercaba un croupier que le decía: «Sus ganancias, señor», mientras le deslizaba con discreción unos billetes.

La realidad imita el arte, a veces incluso lo supera, porque ¿tiene Su Graciosa majestad algún inspector Renault que se atreva a cerrar la mezquita? No es nada personal, nuestro repartidor de toisones tampoco se atrevería a espetarle a ningún moro bulero el ya clásico por qué no ye callas.

Léelo entero: «¿La lapidación? Depende»: El líder del Consejo Musulmán del Reino Unido pide abiertamente a la sociedad británica su integración en la cultura islámica, incluyendo la aceptación de los matrimonios concertados

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