Continúo con lo que empecé aquí. Primer párrafo:
Será la última vez que contesto a este tipo de posts y lo hago más por fijar mi posición respecto a determinadas cuestiones y porque prometí contestar en su momento que porque los posts en sí sean muy interesantes. A estas alturas, tanto AMDG como yo tenemos justificaciones suficientes para defender unas posiciones que, por mucho que me insista Harto, y como veremos a través de este post, claramente no son las mismas. Y, por tanto, tampoco son las finalidades.
Bien está que se acepte que la forma diferente de pensar no es un problema. Ni siquiera hace falta llegar al respeto, especialmente si se considera que determinada forma de pensar no es respetable. Pero la conclusión: nuestras posiciones no son las mismas, “y, por tanto, tampoco son las finalidades” es un non sequitur lógico y práctico. Nos oponemos a la islamización, luego colaboramos en luchar contra ella, aunque sea desde distinta trinchera. Parece sin embargo, que se ha dejado de hacer de esa lucha el asunto principal, y no me parece que sea prudente abrir frentes adicionales, cuando la contención de solo uno de ellos es tan difícil.
Más grave aún me parece abrir fuego contra quiees se oponen a la islamización. Es obvio que la extrema derecha no pone bombas en los trenes, ni estrella aviones contra los rascacielos, ni consta que tenga planes para hacerlo. No es prudente atacar a aliados objetivos, con mayor virulencia que a los enemigos. Son aliados problemáticos, parciales, incluso peligrosos, pero aliados objetivos. No es prudente atacarles, menos aún utilizando la mentira. Más:
Este post (e, insisto, el último que hago contestando esto) es en respuesta a:
Entrevista a Lionheart traducida al español.
Las mentiras de Little Green Footballs.
¿Qué votar en las próximas elecciones?
No me consta que en el tercero preguntara yo nada. Así que no se entiende que quien quiera zanjar una discusión traiga cosas nuevas. Quizás se utilice para emparedar el punto principal, el de las mentiras de LFG, que se sostienen y no enmiendan.
Vamos al punto 1, La ley natural y los Derechos naturales. Leo:
Me gustaría comenzar por aquello que creo más grave de toda su argumentación, con independencia de sus ataques ad hominem y sus “ideas” para no linkar el post de manera que no me dé cuenta hasta una semana después que me ha linkado (ahora es linkando al feed), a los que ya me tiene más que acostumbrada. Su párrafo más importante es sin duda, aquel en que niega que exista la Ley Natural al señalar que sólo somos dignos por ser Hijos de Dios y luego dice que los Derechos Humanos fueron creados para defender el Estado liberal por lo civil. Francamente, estuve varios días sorprendida ante un razonamiento incalificable, que ciertamente no me hubiera esperado leerlo en su blog, aunque claro, yo no le sigo normalmente y los cambios en el modo de pensar, desde que estaba en DE, son ciertamente interesantes.
¿Razonamientos incalificables? La calificación de los razonamientos es muy sencilla: son correctos si parten de premisas verdaderas y están lógicamente encadenados, o incorrectos en caso contrario. Ataques ad hominen no hay ninguno, sorna mucha; los resultados de mi sorna son a veces lamentables, sobre todo cuando después alguien reacciona y me da por defender una parodia en la que a veces no creo. Y sí, a veces copio enlace desde el Reader, por comodidad. También a mí me pareció raro que no salieran pingbacks.
Yendo al grano Aquí hay una confusión grande. Lo que digo es que no es posible derivar de la naturaleza del Homo sapiens (pero de “la naturaleza natural”) los derechos inalienables y absolutos a la vida, libertad y propiedad, los clásicos del iusnaturalismo. Yo también he tratado el tema, que no es de derecho, sino de filosofía del derecho.
Por cierto, se dice que “los cambios en el modo de pensar, desde que estaba en DE, son ciertamente interesantes”. En eso estamos de acuerdo, lástima que hayan sido borrados los posts. En todo caso, algunos fueron copiados, Aquí ves un pequeño resumen sobre la forma en que surgió la idea de DD.NN. Se puede comprobar que, ¡sorpresa!, yo NO he cambiado:
Los derechos naturales. De la escolástica española a Grotius
Origen de la idea de “derechos naturales”. La idea de ley natural.
Los derechos naturales. Locke
Así acaba este último: “La pregunta que me surge ahora es: ¿la razón humana, la del ser finito, nos dice realmente eso?”. O sea, que ya entonces no creía en el cuento liberal de los derechos naturales absolutos de la especie humana.
De la naturaleza (natural) del hombre no se puede deducir que tenga derecho a la vida. Si el hombre tuviera derecho a la vida por su propia naturaleza sería inmortal. Es mortal, luego no tiene “derecho a la vida”, así que lo mejor que puede hacer es defenderla. Y la mejor forma de hacerla es asociarse en un grupo humano con buenas leyes y mejores armas. Las últimas son condición necesaria (no suficiente) de las primeras; recuérdese la disquisición sobre las armas y letras.
En efecto, afirmo que un ser finito por naturaleza no puede tener derechos absolutos e inalienables, y que solo la desesperación ética del agnosticismo y el empeño en fundamentar los límites del Estado, han llevado a aceptar semejante absurdo: un ser finito con derechos absolutos. La filiación divina del hombre de la tradición judía resuelve el problema: siendo hijos de Dios, hechos a su semejanza, el problema está resuelto. Es decir, o somos criaturas de Dios (cosa que solo desde la fe se puede afirmar) o somos simplemente otros primates. No veo otra alternativa.
El cristianismo remató esa filiación divina del hombre con la Encarnación, Dios se hace hombre. Nótese que es el mismo absurdo que el de los derechos naturales: lo finito encapsula lo absoluto, sin confusión, sin cambio, sin división. Todas las herejías cristianas de los primeros siglos se deben a la imposibilidad racional de esa doble naturaleza finita e infinita, incluido el Islam.
Los Derechos Naturales son el mismo absurdo. Se puede creer el absurdo de la Encarnación desde la fe, pero quien pretende fundamentar los Derechos Naturales desde la razón “sueña con los ojos abiertos”, y solo cabe hacerle ver el absurdo de semejante pretensión. Así que todo lo escrito a continuación es palabrería que me excuso de contradecir, salvo el comienzo:
Para analizar esta cuestión, sólo hay que considerar que ya Aristóteles distinguía entre la Ley Humana y la Ley Natural, y consideraba que la primera sólo era justa cuando respondía a la naturaleza de las cosas, esto es, a su propia Ley Natural (una Ley que vaya en contra de la Ley de la Gravedad será bastante idiota amén de no ser justa por no responder a la naturaleza de las cosas).
Afirmar la justicia en Aristóteles como correspondencia con la naturaleza de las cosas no es correcto; además es como no decir nada. De nuevo, se trata de un criterio formal, como “dar a cada cual lo suyo”. Gustavo Bueno hace escarnio de la formalidad hueca de semejante regla añadiendo: al amo, sus esclavos; al esclavo, sus cadenas.
En todo caso, no es correcto. Para Aristóteles, la justicia es: en moral, el equilibro entre dos extremos y, en política, lo que conviene a la eutaxia (supervivencia) de la ciudad (en nuestro caso, la contención de la yijad). El realismo de Ar. llega a tal punto que, en política, cree que la forma mas estable de gobierno es la mezcla de democracia/demagogia y oligarquía, formas de gobierno que antes había considerado “degeneradas”. Un buen aviso a fundamentalistas democráticos.

Además, hacer arrancar los DD.NN. de Aristóteles es una afirmación muy atrevida. De Aristóteles es imposible derivar la doctrina iusnaturalista. Para ver lo que Aristóteles consideraba “derechos naturales” es suficiente leer el segundo capítulo de su Política:
es evidente que los unos son naturalmente libres y los otros naturalmente esclavos; y que para estos últimos es la esclavitud tan útil como justa.
Eso son los DD.NN. según el del Liceo. Leer los clásicos permite ver la crudeza del pensamiento naturalista auténtico. Desde luego, son mucho más edificantes las mentiras piadosas de la Ilustración optimista, Cristianismo sin mito. Hay también otra mucho más cruda, la de Hobbes y Sade.
El punto dos para otro día.
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