Las virtudes cardinales

Virtudes cardinales

Voy a hacer un breve resumen de los capítulos del libro de Aranguren, Ética, dedicados a las cuatro virtudes cardinales de la escolástica. Son una parte esencial del legado cultural de la tradición filosófica griega, re-elaborada cristianamente por el Aquinate.

1.- Actos humanos, hábitos, carácter

El objeto material de la ética son los actos morales, que son los actos humanos libres y deliberados, caracterizados por la presencia de elección, deliberación, complacencia y voluntad. Sin embargo, etimológicamente, el êthos griego y el mos romano (palabras de las que proceden ética y moral) no apuntan a los actos concretos, sino que se refieren al carácter, forma de ser, costumbres…

Esto se debe a la realimentación que se da entre carácter, hábitos y actos: El carácter es el modo adquirido de ser, definible a través de los hábitos, formados mediante la repetición de los actos. Es decir, a través de los actos repetidos se decanta en la persona algo permanente. De esa forma, el objeto material de la ética pasa al estudio de los hábitos.

Para Aristóteles la ética es el estudio del carácter, pero esta se desliza pronto hacia el estudio de los hábitos, manifestaciones de este carácter. Las razones son dos: (i) el carácter no es directamente analizable, sino a través de sus manifestaciones y (ii) el carácter, como forma de ser determinada, no es susceptible de tratamiento práctico. Por ello, la ética pasa a estudia los hábitos y actos humanos.

2.- Las virtudes

Los sistemas éticos materiales parten de la demostración de la existencia del sumo bien para el hombre y proponen la vía para alcanzarlo. Entre los bienes máximos propuestos están la contemplación (vida teorética), el placer (epicureos y cineraicos), la impasibilidad (cínicos y escépticos)…

Frente a ellas, se levantan las morales formales, cuyo ejemplo más acabado es la moral deontológica de Kant. Sin embargo, el propio Kant se ve en la necesidad de darle contenido a su formalismo moral.

Aranguren estudia la historia de las virtudes más relevantes. Encuentra necesario proceder historiográficamente, ya que las virtudes han aparecido en determinados momentos de la historia y, además, su contenido ha cambiado aunque hayan mantenido el nombre.

La definición más acreditada de virtud es la de Aristóteles en su Ética para Nicómaco (libro II, cap. 6). Se trata de la característica sustancial de una psique, pero no dada por naturaleza sino por la libre elección sistemática y repetida -en relación con asuntos prácticos- de un término medio situado entre dos excesos. Consiste por tanto en seguir el camino recto sin torcerse hacia uno u otro extremo. Así, la valentía se situará entre la cobardía y la temeridad. Aristóteles ha pasado de la platónica Idea de Bien (”que no serviría para hacer unos zapatos”) a la idea de rectitud moral. Es muy interesante, porque aun dentro de una ética material apunta a la idea de deber de las morales formales.

Además la virtud incluye también la fuerza moral para seguir ese camino recto, que se adquiere mediante la repetición de actos rectos. Se opone en ese sentido al vicio, que es un hábito no recto.

Aranguren repasa las virtudes cardinales de la escolástica, llamadas así porque funcionan como goznes sobre las que giran las otras virtudes y son:

– Prudencia, o determinación racional del bien,
– Justicia, o puesta en práctica de ese bien,
– Fortaleza, o firmeza de la adhesión al bien, y
– Templanza, o moderación para evitar dejar arrastarse por el mal.

Trataremos de ellas.

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