Italia: El “estado de bienestar” ha destruido el futuro. Precariedad o éxodo, el dilema juvenil italiano

A veces las buenas intenciones tienen consecuencias nefastas. Aunque no se puede alegar ignorancia al respecto: se pueden poner muchos ejemplos de liberales conservadores que han predicho este resultado. No lo digo con desdén: también a mí me indignaba hace tiempo su “mezquindad” o me reí de su arcaísmo. Pero a la vista están los resultados, así que habrá que evitar el reír o el llorar, y tratar de comprender.

Definitivamente, la socialdemocracia es tan destructiva a la larga como el leninismo. Quizás más, porque narcotiza como una Circe a los comedores de loto de ese “estado asistencial” repleto de “derechos sociales”. Dos países podemos citar al respecto, Alemania e Italia, en caída libre demográfica y moral.

De momento, la proverbial profesionalidad alemana –y su privilegiada situación tecnológica e industrial- ha limitado los daños, aunque en el período 2002-2005 ha vivido una crisis económica sin precedentes desde los años treinta. Se ha sorteado, pero los problemas volverán a aflorar en cuanto la economía mundial padezca el próximo enfriamiento. En cambio, la situación de Italia es ya dramática. El anterior gobierno de la derecha no ha limpiado la casa; el actual está dejando al país deslizarse hacia una crisis nacional que conmoverá Europa.

Italia no tiene futuro, sus jóvenes lo saben; los mejor preparados emigran, donde sea, como sea. La culpa de ello es un “estado del bienestar” que ha colmado de seguridad y privilegios a sus padres, pero que introduce unas barreras de entrada insoportables para los jóvenes. Estos son los datos:

… el 69,7% del total, los jóvenes de entre 20 y 30 años que viven con sus familias. «La salida de la casa de los padres es obstaculizada por los niveles de ingresos que, en más de los dos tercios de los casos, no superan los 1000 euros mensuales, y en casi un tercio no alcanzan los 500 euros«, explicó Luigi Biggeri, presidente del Istat.

 

Un welfare anómalo

 

Pero esto no es todo. Despojados de cualquier tipo de protección, los jóvenes italianos se ven obligados a luchar contra la muralla de privilegios que el Estado de bienestar garantizó a sus padres y abuelos, pero que ahora les toca pagar a ellos.

 

En este sentido, está el problema de las pensiones, es decir, el futuro por definición. Al respecto, no sólo podrán jubilarse recién a los 70 años, y no a los 57, como ocurre hoy, sino que además recibirán mucho menos dinero. Un empleado que se jubiló en 2005 cobra en promedio el 65% de su sueldo; si lo hace en 2015 ese porcentaje baja al 60%; en 2030, al 45%, y finalmente en 2045, al 34% del sueldo.

 

Hay más. Sobre las cabezas de los jóvenes pende la espada de Damocles de la gigantesca deuda pública italiana (unos 80.000 euros por cabeza) y de la deuda jubilatoria (250.000 euros).

Es decir, la acumulación de privilegios, hace de los mayores con sueldo fijo y garantías unos privilegiados. El déficit público ha financiado un gasto social insostenible. La jubilación temprana (¡57 años!) en un régimen de reparto lleva la carga hacia las generaciones jóvenes. Quienes empiezan su vida laboral tendrán que cargar con todo: las pensiones de los jubilados, los privilegios de los trabajadores antiguos y el pago de una deuda pública acumulada que ha devenido asfixiante. A consecuencia de ello, los padres privilegiados tienen que mantener en casa a sus hijos mal pagados.

La combinación de deuda pública, envejecimiento demográfico y estancamiento económico es insoportable. En Italia, las reformas son ya inútiles, se necesita una revolución. Pero nadie tiene interés en ella, así que va camino del desastre. Tampoco es una excepción en la Europa del tercer milenio.

Precariedad o éxodo, el dilema juvenil italiano

1 comentario

  1. Al margen de que no estoy de acuerdo con la intrínseca perniciosidad del estado del bienestar, que parece ser la tesis, es que no entiendo el razonamiento:

    El estado del bienestar está cayendo, sí. En italia y en todas partes. La educación, la sanidad públicas, la precariedad en el empleo, …
    El capitalismo salvaje arrambla con todo eso, porque le estorba el beneficio inmediato, que es lema. Le estorba una sociedad democrática de derecho. Quiere una sociedad multicultural y desestructurada, donde la educación, o la sanidad, por ejemplo, sea sólo un negocio. Los derechos adquiridos en dura lucha, simplemente estorban el negocio.

    Pero, lo que se viene a decir aquí es que precisamente este ataque que está sufriendo el estado del bienestar es la prueba de que no funciona (!¿?!)

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