Mil millones de euros para Kosovo, marchando.

Me ha llamado la atención este artículo publicado en Libertad Digital. Lo firma una tal Yolanda Alba que se presentas como “vicepresidenta de la Red Europea de Mujeres Periodistas y miembro del Consejo Asesor de Infomedio.”. Me ha sorprendido negativamente, porque se opone a la línea editorial del medio. Solo caben dos conclusiones sobre la autora, o es una completa indocumentada o una peligrosísima sectaria.

Bien leído, el artículo es pura esquizofrenia. El 80% es, simplemente, propaganda albanesa. Se recogen opiniones de distintos líderes albaneses. Pero al final, se presentan unas cifras que ponen de manifiesto que el paisito en cuestión es económicamente inviable:

Económicamente, Kosovo no podría funcionar sin la generosa ayuda de Bruselas, pues durante estos casi nueve años de administración provisional la recuperación económica no ha dejado de ser un objetivo difícilmente alcanzable. La tasa de desempleo se mueve entre el 50 y el 80%, según zonas y edades. La existencia de mafias y grupos contrabandistas han hecho de Kosovo un auténtico enclave de corrupción y un exportador de todo tipo de tráficos ilegales. Un alto porcentaje de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Cierto es que el territorio posee riqueza mineral, pero carece de industria para desarrollar ese sector.

Así que tendrá que ser financiado por la UE; es decir, por ti y por mí.

La esperanza, pues, de Prístina reside en Europa. La UE, por su parte, ya anunciado que destinará mil millones de euros a Kosovo en los próximos dos años.

Curiosamente, el remate del artículo desmiente toda la retórica albanesa que ha reproducido antes:

Europa, la gran Europa liberal y democrática, sigue pariendo Estados. Y la democracia supone el respeto a las minorías. Esperemos que los abusos denunciados por parte de las minorías y las mujeres de Kosovo durante estos últimos nueve años, y recogidos por diversas ONG sobre el terreno, sean eliminados. Human Rights Watch viene denunciando los problemas pendientes, que en ocasiones han ido a peor durante la administración provisional instaurada tras la intervención de la OTAN (1999), entre los que destacan los relacionados con un sistema penal inadecuado, la violencia doméstica y otros abusos contra las mujeres, las dificultades para el retorno de los refugiados y desplazados (algo denunciado en múltiples ocasiones por Acnur), la situación apremiante de las comunidades romaní, ashkali y egipcia (cuya participación en la vida pública es inapreciable), la inadecuada vigilancia y la deficiencia de las instituciones internacionales en el terreno.

Pues nada, la gran Europa liberal y democrática puede seguir pariendo estados. Mientras haya presupuesto.

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