Paul Johnson: Una historia de los judíos. La Biblia
Tras la conquista de Babilonia por Ciro, los judíos pudieron regresar, pero de hecho no fue una vuelta masiva, sino en cuatro oleadas. En todo caso, la mayoría seguiría residiendo fuera de Israel. La primera repatriación fue un fracaso, porque los campesinos israelitas rechazaron a los que regresaban. Solo la tercera y la cuarta, lideradas por Ezra y Nehemías se asentaron definitivamente. En la cuarta se reconstruye Jerusalén (p. 85-6), ya que los persas les otorgaron gran autonomía política. Lo primero que hizo Nehemías fue reconstruir la muralla de Jerusalén, para proteger la capital desde la que se reconstruiría el país. Los albañiles tenían que trabajar con la espada al cinto, por los ataques de los locales. Es decir, como hoy.
Los años que transcurren entre el 400 y 200 antes de Cristo son una época tranquila, en la que apenas hay sucesos destacables. Es entonces cuando se fija el canon de la Biblia, descartando libros y versiones. El capítulo 8 del libro de Nehemías indica que, tras reconstruir Jerusalén, los ciudadanos se juntaron, oyeron diversas lecturas sobre los libros de Moisés y juraron guardar la ley. Se considera que esto inaugura el judaísmo. Este énfasis en la palabra escrita hizo de los judíos el pueblo más instruido. Casi todos sabían leer algo y muchísimos escribir. (p. 87-8).
La fijación del canon biblico empezó con el Pentateuco (cinco primeros libros) o Torah. Fue obra de varios compiladores. No es una obra homogénea, pero tampoco una falsificación de los sacerdotes que volvieron del exilio, como han dicho algunos. Tras ellos van los libros de los Profetas. Los primeros son libros históricos, los segundos los de los verdaderos profetas, que se dividen a su vez en dos grupos, los grandes (Isaías, Jeremías y Ezequiel) y los doce menores (menores no en importancia sino en la longitud del texto). Siguen los “Escritos”: Salmos a Crónicas (p 89-90).
El Cantar de los cantares es una simple recopilación de poesía. Hubo debates sobre su inclusión. Al final se decidió incluirla con la advertencia de que quien lo lea solo como literatura no alcance la vida perdurable. Un decir, sin rebaja en el séptimo (no robar) y perdón en el sexto (no fornicar)… He oído también que el libro de Job es de origen no judío. Los samaritanos solo reconocen el Pentateuco, rechazan el resto de los libros porque no tomaron parte en su canonización. Además, la diáspora de Alejandría añadió siete libros en griego, rechazados por los judíos de Jerusalén. Los judíos empezaron pronto a elaborar exégesis (comentarios e interpretación) sobre sus textos. (p 90).
Los judíos han sido excelentes historiadores. Tienen la precedencia sobre los griegos en ese sentido. Fueron además unos maestros en la presentación literaria de los sentimientos humanos. Los Salmos están entre lo mejor de la poesía universal. Los textos sapienciales exponen una moral de significación igualmente existencial. El libro de Job trata el misterio de la teodicea (existencia del mal en un mundo creado por un Dios omnipotente y bueno) de forma que resulta relevante aun en la actualidad (p. 91-94).
En resumen, en el 200 antes de Cristo estaba ya constituida la primera “religión de libro”. A partir de entonces los profetas empezaron a ser mal vistos. Cuando el canon fue fijado se produjeron muchas copias y se leían frecuentemente en las sinagogas, una institución revolucionaria, de la que salió también la iglesia cristiana. Surgió durante el exilio, tras la destrucción del templo; es básicamente el lugar donde los judíos se reunían para leer la escritura (p. 95-96).
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